
Este ejercicio es el de atravesar los muros de la filosofía española que, lejos de no tener tradición alguna, tiene una tradición tejida desde la intradición y la discontinuidad. Como diría Ortega, cerrarnos a esa tradición es privarnos de algo consustancial al ser humano: la continuidad que nos permite no solo abrazar, sino también discrepar del pasado.
Filosofía, política y educación
La historia de la filosofía española es una historia de problemas compartidos, de polémicas, discusiones, maestros y discípulos, donde la universidad será un escenario privilegiado. Y esta historia lo es también de la universidad. Una universidad que, si bien estableció la Sección de la Filosofía como la gran excepción, pues no preparaba a los estudiantes para desempeñar ningún trabajo concreto, también se construyó en torno a ella, tomándola como punto de referencia.
La universidad en este periodo (1843-1973) estuvo, además, profundamente entrelazada con una política española, que consideró que toda reforma política debía ser, en primer lugar, una reforma educativa. Pero, además, sufrió físicamente eventos como la guerra civil, con la destrucción de la facultad de Filosofía y Letras de Madrid, cuyos libros sirvieron para construir trincheras y parar las balas del ejército nacional.
Y es que los objetivos de la filosofía española, en un momento de construcción de un nuevo estado, eran inevitablemente políticos. Mientras el espíritu absoluto llegaba a Europa y deshacía las maletas, retrasaba su visita a España. Ese espíritu absoluto, que «si de algo carece, es de prisa alguna», fue sustituido al oeste del Mediterráneo por una reflexión sobre los problemas nacionales.
La universidad entre 1843 y 1973 estuvo profundamente entrelazada con una política española, que consideró que toda reforma política debía ser, en primer lugar, una reforma educativa
Una historia de viajes y exilios
Sanz del Río, Giner de los Ríos, Ortega, Calvo Serer, Tierno Galván o Manuel Sacristán son algunos de los protagonistas que van desfilando por esta historia, y que se establecieron en las fronteras entre lo académico y lo político, transitando tanto las aulas como los periódicos y los ministerios. Es una historia que no por ser nacional deja de establecer relaciones y lazos de continuidad y discontinuidad con el resto de Europa y Latinoamérica. Una historia de viajes y de exilios que comienza cuando Sanz del Río, primer catedrático de Historia de la Filosofía, es obligado a viajar a Europa, y dar así «un paso atrás a fin de ganar impulso».
El libro nos muestra también el origen de algunos debates actuales, como el comienzo de la colaboración público-privada en la educación con la Institución Libre de Enseñanza o el primer «ataque a la filosofía» en 1866, por parte del gobierno de Narváez, que prohibía estudiar Filosofía a la par que otros estudios para aislar a la facultad que más protestaba contra el régimen.
También nos permite asistir, con horror, al retroceso que supuso la dictadura franquista, que eliminó toda posibilidad de disentimiento político-filosófico durante ese periodo en la universidad, pese al cual la filosofía se abrió camino.
Se trata de una lectura imprescindible que no se limita a la mera cronología, sino que, como toda buena historia, se parece más a un apasionante relato del que es difícil despegar la vista.
*Este artículo se publicó originalmente en el número 2 de la revista impresa FILOSOFÍA&CO.
Irene Gómez-Olano (Madrid, 1996) estudió Filosofía y el Máster de Crítica y Argumentación Filosófica. Trabaja como redactora en FILOSOFÍA&CO y colabora en Izquierda Diario. Ha colaborado y coeditado la reedición del Manifiesto ecosocialista (2022). Su último libro publicado es Crisis climática (2024), publicado en Libros de FILOSOFÍA&CO.
















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