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Número 16 de la revista impresa FILOSOFÍA&CO.

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REVISTA Nº 16

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Filosofía de la soledad (in)evitable

Vidas conectadas, pero desvinculadas

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Revista FILOSOFÍA&CO | Número 16

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F+ Sartre contra Foucault

En 1966, «Las palabras y las cosas» convierte a Foucault en un éxito editorial inesperado y en el blanco de Sartre, que ve en su arqueología del saber una amenaza directa al marxismo. Donde el esquema histórico clásico exige sujetos que empujen el cambio —como los campesinos frente a los terratenientes en el origen del capitalismo—, Foucault presenta etapas que se suceden sin agentes. Para Sartre, esa ausencia de sujeto histórico es la última trinchera intelectual de la burguesía.

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Diseños de Sartre y Foucault realizados con Sora (licencia CC).
Diseños de Sartre y Foucault realizados con Sora (licencia CC).

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Nadie puede prever el baile de los siglos. Pasan las décadas y la historia se recoloca sin que nos demos cuenta. Lo que un día parecía importante, al otro deja de serlo, y así, lentamente, se rescatan unos nombres y se olvidan otros. Cuando Kafka murió, por ejemplo, apenas había vendido unos pocos ejemplares. Hoy, en cambio, es considerado un hito en la literatura del siglo XX en Occidente, casi de referencia obligada para cualquier escritor actual. En la Francia de Foucault, la Francia de la segunda mitad del siglo XX, el filósofo mimado por la historia era Sartre. Era evidente (evidente para la época) que iba a ser el gran pensador del siglo, el heredero del trono que ocupan filósofos como Hegel o Kant.

Sartre y Foucault enfrentados

Sartre, además, escribía novelas, ensayo, teatro, columnas… y eso lo convertía en el último gran intelectual en un tiempo de escritos fragmentados y de demasiada especialización. Él era lo que se esperaba del filósofo del siglo. Un pensador militante. Un filósofo que erige un sistema al estilo de los grandes sistemas de la historia de la filosofía. Pero nadie puede prever el baile de los siglos y las placas tectónicas de la historia, lentas ellas, se van moviendo. Hoy nadie se consideraría a sí mismo sartreano (salvo para parodiarse, como ocurre en la novela recientemente publicada por Lumen La chica más lista que conozco). Y, sin embargo, Foucault es una cita casi obligatoria.

La comparación entre ambos no es solo un artefacto narrativo. Estuvieron durante mucho tiempo enfrentados. Foucault había nacido en Poitiers, en 1926, y aunque había publicado algún libro antes, su primera gran obra, la que le dio un reconocimiento casi inmediato, fue Las palabras y las cosas, a sus 40 años, en 1966, publicado por la prestigiosa editorial francesa Gallimard.

Sartre era ya el intelectual por excelencia cuando Gallimard publicó el libro y, cuando lo leyó, su crítica fue devastadora. Habló sobre el libro en la entrevista que L’Arc le hizo en su trigésimo número, muy cerca de la publicación de la obra de Foucault, en octubre de ese mismo año, y dijo que Foucault era la «última barrera que la burguesía levantaba contra Marx».

Hoy, cincuenta años después, nos puede parecer una acusación entre académicos o intelectuales, pero en aquel momento era desterrar a Foucault del espacio de la teoría crítica, porque el marxismo era, hasta 1968, el marco común de toda la filosofía crítica (parecido a como podría ser hoy, salvando los matices, el feminismo). Foucault leyó su crítica, pero nunca contestó con la misma fuerza y siempre se rio de esta acusación de Sartre; dijo, de hecho, con cierta sorna, que muy mal tendría que estar la burguesía si lo tenían a él como última barricada. Si así fuese, decía, ya habrían perdido el poder.

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