- Corrupción
- «El arte dello stato»
- Ética deontológica
- Forma de gobierno anárquica
- Forma de gobierno despótica
- Fortuna
- «La verità effettuale della cosa» [la verdad efectiva de la cosa]
- León
- «Lo stato»
- Maquiaveliano
- Maquiavélico
- «Ordine»
- Principado
- Príncipe hereditario
- Príncipe nuevo
- Profeta desarmado
- República
- Teoría de los cuatro humores
- «Virtú»
- Virtud moral
- Zorro
Corrupción
Maquiavelo se refiere a aquel tipo de comportamiento egoísta que solo atiende a la defensa de los intereses particulares y privados. De aquellas sociedades en las cuales sus miembros solo persigan dar cumplimiento de sus intereses privados, podremos decir que se tratan de sociedades corruptas. En ello consiste el faccionalismo, que puede ser definido como la privatización de los intereses públicos en pro de los particulares. Maquiavelo escribió la Historia de Florencia para mostrar las negativas consecuencias que generan las luchas entre facciones.
La república tiene como condición de posibilidad la existencia de un pueblo no corrompido: «Porque un pueblo donde por todas partes ha penetrado la corrupción no puede vivir libre, no ya un breve lapso de tiempo sino ni un momento». Por eso es necesario que un príncipe guíe al pueblo florentino y se imponga sobre los faccionalismos que corrompen la ciudad. La diferencia entre Roma y Florencia reside en que la segunda era una república corrupta, tanto sus instituciones como el pueblo. Roma, en cambio, logró sostener un comportamiento virtuoso en el tiempo, lejos de las costumbres corruptas.
«El arte dello stato»
Es la técnica o modo de ejercer el poder. El fin último de la política consiste en crear o mantener lo stato, esto es, en el arte dello stato.
El florentino fue el primer teórico en utilizar lo stato para designar al organismo político consistente en el acto por el que un hombre o un grupo de hombres impone o mantiene el dominio sobre otros. No encontrará el lector en la obra de Maquiavelo una acabada teoría del Estado, sino más bien una teoría que contiene elementos técnicos y estratégicos para la creación y el mantenimiento del poder estatal.
Ética deontológica
Concepción ética que considera que una acción es moralmente correcta cuando se realiza por deber y de acuerdo con principios morales universales.
Maquiavelo rompe con el privilegio otorgado a la ética deontológica, y a todo esfuerzo por definir las normas morales que han de regir el devenir del mundo, y propugna que la política ha de atender a lo que es, y no tanto a lo que debe ser. No se trata ya de pensar axiomas o principios generales que funcionen como brújulas morales para la acción, sino de atender a la práctica política concreta y situada.
A finales del siglo XVI, Francis Bacon escribió en El avance del saber que «mucho debemos a Maquiavelo y a otros como él que escribieron sobre lo que los hombres hacen y no sobre lo que deberían hacer». Tal es el sentido de la crítica maquiaveliana a toda concepción normativista de la política.
Forma de gobierno anárquica
Forma de gobierno en la que el conflicto no tiene vías para desplegarse y corre el riesgo de enconarse y generar una guerra civil. El conflicto no encuentra forma alguna de elaboración y queda detenido, estancando. Si el despotismo puede ser definido como el gobierno de los pocos, la anarquía es el gobierno de los muchos. Maquiavelo descarta esta forma de gobierno junto con el despotismo, precisamente por el tipo de relación que establecen con el conflicto: en ambos casos, el conflicto queda estancado o reprimido, sin poder producir sus efectos fecundos sobre la vida política.
Forma de gobierno despótica
Es un tipo de régimen que anula, sofoca y reprime el conflicto. En él, los grandes consideran que la ley es propiedad suya. Las instituciones se sitúan por encima de la sociedad para que los grandes puedan protegerse de los conflictos sociales. Como consecuencia, el deseo de dominar de los grandes no encuentra límite alguno y toda la sociedad queda sometida.
Si los grandes lograsen llegar a dominar absolutamente, la ley no podría ser fuente de libertad, sino un signo de propiedad de los grandes, un instrumento al servicio de la dominación. Pero no solo el pueblo sería objeto de dominación, sino la sociedad entera. Escribe Maquiavelo en el capítulo VI de los Discursos: «Los instintos ambiciosos de los hombres son tales que, si por varias vías y de diversos modos no son combatidos, pronto arruinan el Estado».
Fortuna
Aquellas fuerzas que exceden la voluntad del individuo, las acciones ciegas que no podemos controlar. El ser humano no puede predeterminar el devenir, no puede prever ni controlar el contenido de imprevisibilidad inherente al mundo social.
En El príncipe, Maquiavelo compara a la fortuna con «un río fatal que, cuando se embravece, inunda las llanuras, echa a tierra los árboles y edificios, quita el terreno de un paraje para llevarle a otro. Cada uno huye a su vista, todos ceden a su furia sin poder resistirla. Sin embargo, por más formidable que sea su naturaleza, no por ello sucede menos que los hombres, cuando están serenos los temporales, pueden tomar precauciones, haciendo diques y explanadas».
La fortuna muestra su poder cuando no encuentra una virtú que le resista, y vuelve su ímpetu hacia la parte en que sabe que no hay diques ni otras defensas capaces de detenerla. Así pues, virtú y fortuna se componen en la obra de Maquiavelo como dispositivos de producción de subjetividad: si bien las riadas son inevitables (la fortuna), el príncipe está obligado a construir diques para tratar de controlarla (la virtú).
«La verità effettuale della cosa» [la verdad efectiva de la cosa]
Concepto clave en la obra de Maquiavelo. Con él, perspicaz observador que reflexiona sobre su propia experiencia, se refiere a que la política consiste en un análisis de la realidad, siendo la situación fáctica concreta el punto de partida de toda reflexión. Se trata de analizar la política a partir de cómo se manifiesta en los hechos, de atender al carácter factual y aleatorio inherente a toda coyuntura, y no analizar la realidad a partir de abstracciones previamente elaboradas, porque la política no puede fundamentarse en un nivel trascedente.
Maquiavelo sabe que en política no existe la Verdad con mayúsculas. Sin embargo, sí que existe la «verdad efectiva», esto es, la verdad definida por sus efectos. Así, la política no se mide por su adecuación a principios generales, sino a través de sus efectos, que generan su propia teoría y su propia ejemplificación. Resumió su propósito en El príncipe: «Siendo mi propósito escribir algo útil para quien lo lea, me ha parecido más conveniente ir directamente a la verdad real de la cosa que a la representación imaginaria de la misma».
León
Figura referida a la fuerza desnuda. Representa la fuerza necesaria para intimidar a los enemigos y defenderse de los ataques. Las acciones del «príncipe nuevo» están representadas por dos papeles: la figura del león, referida a la fuerza desnuda, y la figura del zorro, que expresa la astucia, la capacidad de persuadir, de convencer o engañar.
Aunque el príncipe sea muy virtuoso y habilidoso para la persuasión, puede que en algún momento se encuentre con límites infranqueables que le exija recurrir al papel de león. Escribe en el capítulo XII de El príncipe: «Los principales fundamentos que tienen todos los Estados, ya sean nuevos, antiguos o mixtos, son las buenas leyes y las buenas armas».
El príncipe maquiaveliano ha de lograr que ambas dimensiones, león y zorro, mantengan una relación de equilibrio. Si bien ambas figuras juegan un papel clave y decisivo a la hora de hacerse con el poder, en último término la figura del zorro es el elemento dominante. El león, siendo un recurso disponible, siempre estará subordinado al zorro, que es quien marca el principio estratégico de la acción política.
«Lo stato»
El florentino fue el primer teórico en utilizar lo stato para designar al organismo político consistente en el acto por el que un hombre o un grupo de hombres impone o mantiene el dominio sobre otros. Es el poder máximo dentro de un territorio que posee y administra un hombre o un grupo de hombres; es el nombre que recibe el poder político organizado. Lo stato exige un acto de voluntad, su fundamento reside en un acto de poder. La concepción de lo stato está muy identificada con la figura de los gobernantes, razón por la cual delante de «Estado» casi nunca utiliza el artículo «el» y casi siempre lo acompaña del pronombre posesivo «su» o de la preposición «de», dando cuenta así de una concepción patrimonial del Estado.
Lo stato contiene siempre una polisemia evidente: por un lado, da cuenta de un dominio individual, del poseedor del poder; por otra, en cambio, designa objetivamente el territorio sometido a ese poder. Para encontrar una definición del término más cercana a nuestra concepción contemporánea habrá que esperar hasta las teorías contractualistas del siglo XVII.
Maquiaveliano
Hace referencia a las ideas que podemos asociar a Maquiavelo sin la connotación peyorativa que contiene el adjetivo maquiavélico. Un adjetivo, lo maquiavélico, ha terminado desplazado a un nombre, el de Maquiavelo. El calificativo lo podemos encontrar con cierta frecuencia en el lenguaje político e incluso en usos coloquiales.
Es necesario rescatar el nombre de «Maquiavelo» y el adjetivo que ha de acompañarlo, «maquiaveliano», del secuestro «maquiavélico», a fin de demostrar que lo maquiaveliano hace referencia a las ideas que podemos asociar a Maquiavelo; y ubicar lo maquiavélico como una doctrina adjudicada al florentino por sus detractores, la de quienes creyeron ver en sus tratados políticos un conjunto de perversas intenciones.
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Maquiavélico
Con él suele hacerse referencia al carácter inmoral de los comportamientos de alguien, de aquel que actúa sin escrúpulos y que solo busca conseguir dar cumplimiento a algún propósito, recurriendo para ello a cualquier medio, por cruel o despiadado que pueda resultar. Es una doctrina adjudicada a Maquiavelo por sus detractores, la de quienes creyeron ver en sus tratados políticos un conjunto de perversas intenciones.
Ya en el siglo XVI fueron muchos los que se apresuraron a condenar a Maquiavelo, tanto autoridades religiosas católicas y protestantes como gobernantes o teóricos políticos. De él escribieron que era un «preceptor tiránico» o un «maestro del mal». El cardenal Reginald Pole llegó a decir que sus escritos nacían de la mano de Satán. En 1557, el papa Pablo IV incluyó sus obras en el Index Librorum Prohibitorum.
El filósofo Leo Strauss ha sido el autor que con mayor profundidad ha sistematizado esta concepción. En su libro Meditación sobre Maquiavelo sostiene que lo que encontramos en la obra del florentino es una transvaloración de los valores: la sustitución de la moral clásica y cristiana como norma de comportamiento político por otra moral, la maquiavélica, según la cual la moralidad no puede existir si no es mediante el uso de medios inmorales.
«Ordine»
Es el marco general de organización del Estado, la forma en que se estructura el poder, las instituciones y las relaciones entre gobernantes y gobernados. Solo es fundador de un Estado quien lo dota de ordine [instituciones] y vivere civile e libero [libertad], quien logra crear un orden político duradero.
Es en el momento en que el príncipe necesita salir de su soledad y aislamiento, cuando renuncia a los poderes exclusivos que detentaba en el comienzo, cuando establece el ordine y leggi a través de la generación de consentimiento. Escribe en El príncipe: «Un único hombre es muy capaz de construir un Estado, pero bien corta sería la duración de ese Estado y de sus leyes si su ejecución quedara en manos de una única persona; el medio de asegurar esa ejecución pasa por confiarla al cuidado y a la custodia de muchos».
Es el ordine y leggi que logra perdurar en el tiempo el que crea la necesidad artificial en los individuos que los llevan a actuar virtuosamente e impide que la comunidad caiga presa de dinámicas faccionalistas. Aquellas instituciones que no eliminan el conflicto, sino que crean vías para su expresión, permiten dotar de vitalidad a la comunidad.
Principado
Es una forma de Estado en la que el poder político está concentrado en una sola persona, el príncipe. El príncipe no versa sobre las repúblicas ya constituidas, sino sobre los principados. Y no sobre los principados que se heredan, sino sobre los que se conquistan. Aunque Maquiavelo apuesta por la república como la mejor forma de gobierno, para Florencia propone el principado. Y es que la república tiene como condición de posibilidad la existencia de un pueblo no corrompido. Por eso es necesario que un príncipe guíe al pueblo florentino y se imponga sobre los faccionalismos que corrompen la ciudad.
Si bien el principado no es la mejor forma de gobierno, sí que es la manera más efectiva de ordenar a un pueblo sumido en la corrupción, como era el caso de la Florencia renacentista.
Príncipe hereditario
Es el gobernante que recibe el poder por sucesión familiar, es decir, pertenece a una dinastía que ya ha gobernado ese Estado durante generaciones. Maquiavelo distingue entre la labor que ha de realizar el «príncipe nuevo» y la de los «príncipes naturales», aquellos que heredan el poder.
La tarea del «príncipe nuevo» está llena de dificultades, de cambios y mutaciones que hacen difícil alcanzar la estabilidad del gobierno, a diferencia de la del príncipe hereditario, que se las tiene que ver con un mundo, el del Renacimiento, lleno de cambios e innovaciones.
Príncipe nuevo
Es aquel gobernante que accede al poder por primera vez en un territorio, o que gobierna un Estado que antes no le pertenecía, ya sea porque es completamente nuevo o porque fue conquistado. El «príncipe nuevo» es exterior al principado. No existe una relación de pertenencia, natural o jurídica, entre el príncipe y el principado.
Ello comporta para él una exigencia: ante la ausencia de un vínculo esencial, ha de establecer un vínculo con el principado, tejer un lazo. Esta relación es constitutivamente frágil y una doble amenaza constante lo acecha: desde fuera, el principado puede ser atacado o invadido por otros; y, desde dentro, el príncipe puede sufrir las alteraciones del pueblo, al no existir un fundamento último por el que hayan de aceptar al nuevo príncipe.
«Príncipe» es el nombre que Maquiavelo da al hecho de agrupar el conjunto de fuerzas positivas disponible en una coyuntura dada a fin de realizar el objetivo fundamental: la creación de una comunidad política. Y «príncipe» es también el nombre de un individuo excepcional, aquel dotado de suficiente virtú para acometer tal empresa en un mundo carente de certezas, rodeado de una atmósfera de inseguridad y en un contexto lleno de riesgos y peligros.
Profeta desarmado
Es aquel gobernante que intenta fundar o reformar un Estado solo con ideas, palabras o convicciones morales, sin contar con la fuerza necesaria para sostenerlas. Maquiavelo advierte del peligro que entrañan los «profetas desarmados», pues podrían llegar a poner en peligro su empresa si no son capaces de usar la violencia cuando la situación lo requiere.
Por muy virtuoso que sea un príncipe, por excelente habilidad que tenga para la persuasión, por muy zorro que sea, es posible que en algún momento se encuentre con límites infranqueables que le exija recurrir al papel de león. La figura del profeta desarmado ilustra el fracaso de quien no comprende que la violencia fundadora es condición de la vida cívica.
República
La forma de gobierno que mayor estabilidad genera dada la relación fecunda que logra establecer con el conflicto. La institucionalidad republicana se deja afectar por él y la institución misma se transforma al darle una respuesta, es decir, responde al conflicto alterándose. No asfixia la dinámica conflictual; al contrario, la orienta y le ofrece vías para expresarse. Para referirse a este proceso, Maquiavelo usa el verbo sfogare [desfogar].
Maquiavelo estudió las maneras en que se sucedieron en Roma los conflictos entre el Senado y la plebe. Leyendo la Historia de Roma de Tito Livio llegó a la conclusión de que la discordia y el conflicto entre la plebe y el Senado fue la fuente de la libertad romana. Escribe en el capítulo IV del Libro I de los Discursos: «creo que los que condenan los tumultos entre los nobles y la plebe atacan lo que fuera la causa principal de esa libertad de Roma y se fijan más en los rudos y los gritos que nacían de esos tumultos que en los buenos efectos que produjeron».
Paradójicamente, llegar a conseguir un orden libre y estable es el resultado del desorden tumultuoso. De resultas, el deseo de dominar de los grandes encuentra un límite en el deseo de no ser dominado del pueblo, y, entonces sí, el conflicto permite crear buenas leyes.
Teoría de los cuatro humores
Formulada por diferentes médicos y filósofos griegos y romanos, fue una teoría sobre el cuerpo humano: una explicación médica y filosófica sobre cómo funciona el cuerpo, por qué enfermamos o tenemos determinados temperamentos. La teoría sostiene que el cuerpo humano se compone de cuatro sustancias básicas (bilis negra, bilis, flema y sangre). Del equilibrio entre los cuatro humores depende el estado de salud de una persona.
Cuando Maquiavelo se refiere a los «dos humores», entiende por ello «dos espíritus contrapuestos», es decir, dos disposiciones humanas que reciben indistintamente el nombre de umore [humor], desiderio [deseo] o appetito [apetito]. En el capítulo IX de El príncipe escribe: «En todas las ciudades existen dos tipos de humores; que nacen del hecho de que el pueblo no quiere ser dominado ni oprimido por los grandes y, en cambio, los grandes desean dominar y oprimir al pueblo».
Todo cuerpo político se construye a partir de esta división originaria de lo social, de la oposición entre los dos humores; el fundamento de la sociedad política reside en el seno de esa división originaria. La oposición entre estos dos deseos es, pues, la «relación esencial» de lo social, un núcleo irreductible que no puede ser descompuesto en algo más primario.
«Virtú»
En la obra de Maquiavelo el término virtú no tiene una connotación moral ni cristiana referida a las virtudes que habría de cultivar un buen gobernante. El término hace referencia a la habilidad, energía y valor para las grandes acciones políticas; designa la habilidad particular del gobernante, de aquel que sabe cómo actuar para realizar los fines que persigue. Escribe en el capítulo XVIII de El príncipe:
«Él no puede observar todas aquellas cosas por las cuales los hombres son tenidos por buenos, pues a menudo se ve obligado, para conservar su Estado, a actuar contra la fe, contra la caridad, contra la humanidad, contra la religión. Por eso necesita de un ánimo dispuesto a moverse según le exijan los vientos y las variaciones de la fortuna».
De un gobernante solo se puede decir que tiene virtú a posteriori de la acción emprendida, pues no es una cualidad que pueda ser definida como una característica esencial, propia e inherente de alguien. La virtú es la capacidad de hacer frente a los golpes de la fortuna, a los impactos de la imprevisibilidad. El príncipe maquiaveliano está obligado a valerse por su propia capacidad política, sin ayuda de la providencia ni inspiración trascendente.
Virtud moral
Se trata de una disposición estable del carácter que lleva a una persona a actuar de manera correcta y buena de forma habitual, eligiendo el justo medio entre excesos y defectos. Maquiavelo diferencia entre dos éticas: la primera es la ética clásica, una ética individual y privada; la otra es la ética/política, de naturaleza colectiva, la propia de la acción política. La virtud moral pertenece al primer ámbito. El cometido del príncipe virtuoso no es el mismo que el del hombre bueno: la ética del hombre bueno (reflexión propia del ámbito de la ética clásica sobre el obrar individual) no es la misma que la ética del gobernante bueno.
No existe en la obra de Maquiavelo ni una ética ni unas virtudes universales. Como señala Isaiah Berlin en La originalidad de Maquiavelo, aun cuando ambas éticas contienen valores que pueden ser considerados valiosos, éstos no pueden ser intercambiados, pues pertenecen a ámbitos distintos.
Zorro
Figura que representa la astucia, la capacidad de persuadir, de convencer o engañar. Es la figura que marca el principio estratégico de la acción política. Las acciones del «príncipe nuevo» están representadas por dos papeles: la figura del zorro, que expresa la astucia, y la figura del león, referida a la fuerza desnuda.
Si bien ambas figuras juegan un papel clave y decisivo a la hora de hacerse con el poder, en último término la figura del zorro es el elemento dominante. El león, siendo un recurso disponible, siempre estará subordinado al zorro. Escribe en el capítulo XVIII de El príncipe: «Parecer clemente, leal, humano e íntegro a serlo de verdad, pues ello nos permite tener el ánimo predispuesto de tal manera que uno pueda fácilmente adoptar la cualidad opuesta en cuanto sea necesario».
El concepto de «apariencia» tiene una importancia decisiva en la práctica política del zorro. En el capítulo XVIII de El príncipe escribe que «los hombres, en general, juzgan más por los ojos que por las manos. A todos toca ver […] todos ven lo que pareces, pero pocos tocan quién eres verdaderamente».
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Antonio Gómez Villar es profesor de Filosofía en la Universitat de Barcelona y codirector del festival de filosofía Barcelona Pensa. Sus principales líneas de investigación tienen que ver con la creación y articulación de sujetos políticos, los modos en que se ha redefinido el campo conceptual de clase atendiendo a la transformación de las subjetividades y las nuevas relaciones culturales y políticas; y con el análisis de los movimientos sociales desde una perspectiva antagonista. Sus últimos libros son ¿Qué hacemos con la clase media? (Lengua de Trapo/Círculo de Bellas artes, 2025), Transformar no es cancelar (Verso, 2024), Los olvidados. Ficción de un proletariado reaccionario (Bellaterra, 2022); y E. Laclau y Ch. Mouffe: hegemonía y populismo (Gedisa, 2021); y editor de los libros Maradona, un mito plebeyo (Ned, 2021); Working Dead. Escenarios del postrabajo (La Virreina, 2019).



















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