Suscríbete

·

REVISTA Nº 15

Dosier

Simone Weil y Simone de Beauvoir

Pensamiento comprometido con el mundo

Dosier — Maquiavelo

F+ República, pasiones y libertad en Maquiavelo

Para Maquiavelo, Roma llegó a ser uno de los mayores imperios de la historia no tanto por su ausencia de conflictos internos, sino precisamente a su presencia. Los tumultos entre el Senado y la plebe fueron la fuente de su libertad. Esta idea, tan contraria a la tradición platónica y cristiana, es el núcleo de los «Discursos»: una apasionada defensa de la república como la única forma de gobierno capaz de hacer del conflicto el motor de la vida política.

0 comentarios

Diseño de Maquiavelo realizado por Sora y CanvaPro (licencia CC).
Diseño de Maquiavelo realizado por Sora y CanvaPro (licencia CC).

0 comentarios

Sobre el deseo de gobernar y ser gobernado

Discursos de Maquiavelo
Discursos sobre la primera década de Tito Livio, de Maquiavelo (Akal).

Gran parte del escándalo de época que supuso la figura de Maquiavelo tuvo que ver con la manera en que cuestionó el presupuesto platónico y cristiano de la jerarquía del orden sobre el conflicto. No existe en la obra del florentino querencia autoritaria por la anulación, clausura o represión de las dinámicas conflictuales.

Si la división originaria de lo social es la dimensión primaria e irreductible de la política, entonces la vitalidad y la justicia de una sociedad dependerán de la orientación y la disposición que le otorguemos a este conflicto original entre los grandes y el pueblo, constitutivo de la sociedad y, por ello mismo, insuperable. De hecho, el deseo de no ser oprimido no encontrará nunca una solución final ni una satisfacción acabada. De la misma manera, la ambición de los grandes siempre los conduce a querer acaparar de manera constante.

El conflicto como algo nuestro

Maquiavelo explica los cambios desde el conflicto: solo es posible la creación de buenas leyes otorgando dinamismo a la civitas. El desorden que generan las luchas por la libertad es lo que permite alumbrar nuevos horizontes. De resultas de ello, el orden nunca podrá ser totalmente estable ni alcanzar una sedimentación definitiva, porque las fuerzas que lo sostienen están siempre en continuo movimiento, en lucha constante, abiertas a nuevos conflictos y desórdenes.

Ambos deseos, el de los grandes y el del pueblo, nunca encontrarán un final. En tanto que la amenaza de dominio es siempre una posibilidad latente, no habrá nunca una solución última al problema político ni podrá existir una sociedad constituida al margen de la división originaria de lo social. La conclusión es más que evidente: no hay solución definitiva para lo político porque el conflicto es inherente a lo social.

El conflicto, pues, responde a una dinámica social inmanente y constituye su propia trama de expresión. No es posible encontrar un «curso seguro», pues un mundo sin mutación es inconcebible para Maquiavelo. Dicho en jerga psicoanalítica, se trata de una fractura de lo social no suturable. Así pues, el conflicto social no es entendido como un resto eliminable, sino como el presupuesto mismo de la política. Y lo que está en juego aquí es cómo se instituye el poder en relación al conflicto original y cómo se proyecta una imagen de unidad a partir de la división originaria de lo social. El objetivo del príncipe no es el de tratar de resolver el conflicto, sino ver en él la esencia de una identidad común carente de ficción resolutiva.

El verdadero escándalo de Maquiavelo fue reivindicar el conflicto entre gobernantes y gobernados como dimensión irreductible e insuperable de toda sociedad política

FILOSOFÍA&CO - image 3
El príncipe, de Maquiavelo (Austral).

El príncipe y el conflicto

¿Y cómo se relaciona el príncipe con la división originaria de lo social? ¿Qué papel ha de jugar para posibilitar esta comprensión fecunda del conflicto? Para mantener un orden, para lograr que dure en el tiempo, el príncipe tiene que elevarse por encima de lo social, pero no como la figura del Leviatán hobbesiano, que anula y reprime el conflicto, sino creando un poder imaginario tal que le permita poner en juego los dos deseos contrapuestos, el del pueblo y el de los grandes.

Para lograrlo, habrá de evitar ser identificado como uno de los grandes, pues sería visto por el pueblo como un dominador más; pero tampoco puede confundir la figura partitiva del pueblo con la totalidad de la comunidad. Dicho en otros términos, el príncipe no puede ser una figura de parte: no puede estar solo del lado de los grandes ni solo del lado del pueblo.

La institución del príncipe tendrá lugar siempre en la fractura entre los grandes y el pueblo, desde una dimensión imaginaria, haciendo que el pueblo deje de tener una cualidad meramente objetual al servicio de la opresión de los grandes. Esta operación simbólica producida por el príncipe permite instituir la unidad de una sociedad política. Y lo hace no imponiendo una solución desde arriba al conflicto, sino atravesando la división originaria de lo social: al hacer emerger esa división le es posible representar una identidad común.

El príncipe no es una persona concreta, es una ilusión, un artificio. El fundamento de una sociedad política no reside en la voluntad soberana y arbitraria del príncipe, sino en las maneras en que se institucionalice el conflicto social. De ahí la idea gramsciana de que el príncipe «es la creación de una imaginación concreta, que opera sobre un pueblo disperso y pulverizado para suscitar en él y organizar una voluntad colectiva».

Dado el papel que Maquiavelo otorga a las pasiones en las conductas humanas, todo orden ha de tener como objetivo dar una respuesta a estos impulsos. Pero no es que las pasiones sean la causa de los conflictos sociales. Antes bien, son los órdenes políticos y sociales, así como la manera en que permiten que dominen o no determinados humores, los que orientan de una manera u otra la división originaria de lo social, esto es, el modo en que «las cosas humanas están siempre en movimiento». Maquiavelo no otorga un carácter negativo a las pasiones, porque a través de ellas los seres humanos experimentamos la dimensión siempre cambiante de la realidad.

¿Quieres continuar leyendo? Accede o Suscríbete

Deja un comentario