Los primeros años
Julia Kristeva nació el 24 de junio de 1941 en Sliven, Bulgaria. Su trayectoria vital (e intelectual) ha estado marcada por la experiencia del desplazamiento y la extranjería, elementos que han dado forma significativamente a su trabajo teórico a lo largo de su vida. Esta experiencia de ser «extranjera» la llevó a reflexionar profundamente sobre cómo nos relacionamos con lo diferente, lo otro, lo que nos resulta ajeno, aunque a veces esa brecha y otredad esté en nuestro cuerpo o en nuestro propio lenguaje.
Kristeva creció en un ambiente intelectual, con un padre contador y administrador de una iglesia ortodoxa, fomentando su educación desde una edad muy temprana. Estudió en un colegio francés en Bulgaria, lo que le proporcionó un dominio temprano del francés y una exposición inusual a la cultura occidental durante el período comunista de su país. Después, se graduó en Filología Románica en la Universidad de Sofía y entre 1962 y 1966 estudió en el Instituto de Literatura de la Academia Búlgara de Ciencias.
Es importante señalar, como veremos más adelante, que su formación inicial estuvo fuertemente influenciada por el formalismo ruso y la lingüística estructural, especialmente por los trabajos del ruso Roman Jakobson. Una vez terminados sus estudios, y dado su conocimiento del francés, Kristeva obtuvo una beca de investigación que le permitió trasladarse a París, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera.
La llegada de Kristeva a París coincidió con uno de los períodos más efervescentes de la vida intelectual francesa. En aquel entonces, el estructuralismo era la corriente intelectual del momento. Siguiendo esta corriente, la mayoría de pensadores intentaba entender los fenómenos culturales como si fueran lenguajes, con sus propias reglas y gramáticas. Por ejemplo, estudiaba los mitos o las relaciones de parentesco como si fueran sistemas de signos, similar a cómo funciona un idioma.
En este contexto, figuras como Claude Lévi-Strauss, Jacques Lacan y Roland Barthes dominaban el panorama teórico. Kristeva, que ya simpatizaba con el estructuralismo como método para acercarse a los fenómenos sociales, se integró rápidamente en los círculos intelectuales parisinos, principalmente a través de su participación en el grupo y revista Tel Quel, dirigido por Philippe Sollers, con quien más tarde se casaría.
Tel Quel fue un hecho fundamental en su desarrollo intelectual, ya que representaba la vanguardia del pensamiento francés, combinando la política radical, la teoría literaria y la filosofía. Durante este período, Kristeva comenzó a desarrollar sus propias teorías, que culminarían en su tesis doctoral: La revolución del lenguaje poético (1974), dirigida por Lucien Goldmann.
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