Dos que se enamoran y relacionan se alimentan recíprocamente entre sí, esperan el cumplimiento de una promesa. ¿Y qué promete la ciudad? A la ligera, supervivencia y seguridad, pero, más allá de eso, exigimos de ella un estímulo permanente de bienestar.
El turista o transeúnte ocasional usa resúmenes ambiguos sobre los lugares como «hostiles» o «acogedores», determinados subjetivamente. Pero ¿qué hace acogedoras, amables o agrestes a las ciudades?, ¿a qué nos referimos con tales expresiones? El ser humano crea cultura (amable, acogedora, altruista), la misma que va definiendo a la ciudad, y esta recíprocamente al hombre, en una dinámica de retroalimentación.













Deja un comentario