La filosofía europea, la corriente existencialista y el feminismo no serían lo que son sin la figura y los textos de la francesa Simone de Beauvoir. Dedicó su vida al conocimiento, centró sus ideas en los principios de libertad y responsabilidad individual, pensó y escribió volcada en la lucha por los derechos y la independencia de las mujeres; los suyos y los de las demás.
Pensadora existencialista, mujer libre en una época en la que serlo era nadar contra una fuerte corriente, escritora comprometida, a Simone de Beauvoir (1908-1986) hay que volver constantemente si hablamos de filosofía y feminismo. Los movimientos feministas desde la segunda mitad del siglo XX, y aún hoy, en el XXI, miran una y otra vez y se alimentan de su obra El segundo sexo (junio de 1949). El libro lo publica cinco años después de que en Francia se aprobara el sufragio femenino. En él, argumenta que los convencionalismos que se consideran «naturaleza propia de las mujeres» son en realidad una construcción cultural. Y lo dijo con estas ocho palabras que hicieron historia en la reivindicación feminista: «No se nace mujer, se llega a serlo».












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