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F+ La explotación como dependencia

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Karl Marx, 1875. Imagen de Olga en Flickr bajo licencia creative commons Attribution-ShareAlike 2.0 Generic (CC BY-SA 2.0).

El presente artículo trata de elaborar, a partir de un análisis de concepto de dependencia en la obra tardía de Marx, un concepto crítico de dependencia que permita dar cuenta de la especificidad experiencial de la explotación capitalista. Con tal fin, el artículo toma como base la distinción entre dependencia personal e impersonal de los Grundrisse para mostrar que la sociedad capitalista analizada en El capital presenta articulaciones históricamente específicas entre ambas formas de dependencia. La elaboración crítica de la noción de dependencia permite, además, acercarse críticamente a los desarrollos específicos del neoliberalismo actual, por cuanto implican nuevas formas de articulación de las relaciones de dependencia. Con todo ello, nos situamos más allá de la recepción corriente de las categorías críticas de Marx tal como dominación y alienación, así como de la recuperación de la noción de dependencia que se ha desarrollado desde la crítica feminista al liberalismo.

Por Emmanuel Renault, Université Paris Nanterre (París)

El concepto de dependencia no es un concepto que se pueda asociar de manera directa con Marx. Sin embargo, podemos subrayar que este concepto ha logrado obtener cierta importancia únicamente en los márgenes feministas y coloniales de los debates marxistas. A este respecto mencionamos la «teoría de la dependencia», elaborada en particular por André Gunder Frank, para dar cuenta de las especificidades de la explotación de la periferia de la economía-mundo llevada a cabo por el centro. Recordamos, asimismo, los abordajes feministas que, siguiendo a Christine Delphy, han destacado cómo la explotación del trabajo doméstico está relacionada con los tipos asimétricos de dependencia personal propios del orden patriarcal.

Diferentes autores analizan de qué modo unos individuos, grupos sociales o incluso países y continentes enteros son explotados por parte de otros individuos, grupos sociales, países o continentes que dependen de ellos. Esos autores conciben que esta dependencia está producida por un conjunto de factores sociales, políticos y culturales a la vez que es reproducida por el proceso de explotación. Estas ideas desempeñan un papel importante — aunque pocas veces analizado— en El capital de Marx. Si merecen ser tomadas en consideración principalmente hoy en día es porque nos permiten arrojar luz sobre determinadas transformaciones contemporáneas de viejos procesos de explotación, así como sobre la emergencia de nuevos procesos de explotación.

En este artículo, se examinarán estas cuestiones en tres momentos. En un primer momento, se detallará la naturaleza y la función de la célebre distinción de las formas de dependencia personal e impersonal que se encuentran en los Grundrisse. Se tratará de determinar el sentido que esta distinción confiere al concepto de dependencia y en qué medida esta puede convertir en crítico dicho concepto. En un segundo momento, se abordará El capital para analizar las formas de dependencia propias del modo de producción capitalista. Aquí se verá que Marx presenta el capitalismo como un modo de articulación singular de formas de dependencia personales e impersonales, al contrario de lo que afirma la interpretación habitual del pasaje mencionado de los Grundrisse, que tiene en cuenta solamente la temática de la dependencia impersonal. En un tercer momento, se presentarán interrogantes sobre las normas de la crítica de la explotación y sobre el interés de una crítica de la explotación que no se refiera solamente a la dominación, a la injusticia y a la alienación, sino también a la dependencia. Por último, se confrontará el concepto crítico de dependencia elaborado por Marx con las revalorizaciones antropológicas e intersubjetivas de la dependencia.

Marx presenta el capitalismo como un modo de articulación singular de formas de dependencia personales e impersonales

La distinción entre dependencia personal e impersonal

La marxiología parece tomarse en serio la cuestión de la dependencia, sobre todo a partir de un punto célebre de los Grundrisse que, de forma manifiesta, intenta plantear batalla contra la cuestión ideológica del capitalismo como progreso de la libertad, oponiendo progreso de la dependencia personal y progreso de la dependencia impersonal. Este tema se ha interpretado a menudo en sentido contrario: el modo de producción capitalista se caracterizaría por la sustitución por parte de formas de dependencia impersonales respecto a formas de dominación personal que prevalecían antes, en concreto en la sociedad feudal. En este pasaje Marx explica cómo un siervo o un esclavo dependía estatuariamente de un maestro o de un señor, mientras que los proletarios gozan de cierta independencia al carecer de esta clase de dependencia personal. No obstante, dependen de mecanismos económicos que definen una forma de dependencia impersonal.

Cuando Marx formula esa idea, parece perseguir principalmente dos objetivos. Por un lado, trata de cuestionar que la sociedad capitalista esté marcada por un progreso de la libertad entendida como independencia. Al contrario, subraya que esta está definida por la sustitución de una dependencia por otra. Por otro lado, subraya que la transformación de las relaciones de dependencia personal en relaciones de dependencia impersonal no es, en gran medida, otra cosa que una apariencia en sí misma, y ello por dos razones. La primera es que, ya en el modo de producción feudal, la dependencia personal se basaba en las formas de dependencia objetivas e impersonales que caracterizaban las relaciones sociales propias del modo de producción feudal. Puesto que el siervo no tenía acceso a todos los medios de producción (como, por ejemplo, el molino), estaba obligado a someterse a las condiciones fijadas por el propietario de este medio de producción: al igual que el proletario, el siervo está obligado a aceptar las condiciones de una oferta explotadora debido a una dependencia objetiva, o no personal, con respecto a los medios de producción. El hecho de que Marx no aceptara la tesis de que la explotación propia del feudalismo no está basada en una dependencia personal parece que no ha sido destacado a menudo por los comentaristas; en cambio, Marx se refiere, por su parte, a «la ilusión de las ‘relaciones puramente personales’ de la edad feudal» y pone la «dependencia personal» entre comillas en esta cita y, más en general, en este pasaje.

La segunda razón por la que el capitalismo se caracteriza —solo en apariencia— por una sustitución de la dependencia impersonal con la dependencia personal tiene que ver con el hecho de que los vínculos de dependencia personal no desaparecen con el capitalismo. Las relaciones de dependencia objetivas o impersonales que son propias del capitalismo se actualizan, en efecto, en las formas de la dependencia personal: dependencia del poseedor de la fuerza de trabajo de aquel que tiene un poder monetario suficiente para poder comprar esa fuerza de trabajo por un salario, dependencia del obrero respecto del personal de gestión y vigilancia sin el cual la cooperación no es posible. Volveremos más adelante sobre este punto. Cuando Marx incide en que las relaciones de dependencia objetivas o impersonales propias del capitalismo son «la elaboración del principio general de las relaciones de dependencia», se refiere claramente a «la elaboración del principio general de las relaciones de dependencia» personal; en caso contrario, la afirmación no tendría sentido. Marx señala también que en el capitalismo «esta dependencia material (…) se transforma de nuevo en relaciones de dependencia personales, pero despojadas de toda ilusión», es decir, despojadas de las ilusiones relativas al estatuto superior del señor, por poner un ejemplo. Dependencia objetiva o impersonal y dependencia personal se piensan claramente juntas, tanto en relación con el feudalismo como con el capitalismo. Cabe ver, por consiguiente, que la originalidad de Marx no consiste tanto en haber identificado capitalismo y dependencia personal, sino en haber pensado en términos de sistema de dependencia: un sistema de dependencia en el cual los momentos objetivos o impersonales son indisociables de los personales.

Marx explica cómo un siervo o un esclavo dependía estatuariamente de un maestro o de un señor, mientras que los proletarios gozan de cierta independencia al carecer de esta clase de dependencia personal. No obstante, dependen de mecanismos económicos que definen una forma de dependencia impersonal

Sin embargo, la apariencia de una sustitución de las relaciones de dependencia impersonales con las relaciones de dependencia personales no es sino una ilusión. Por un lado, es cierto que el capitalismo se caracteriza por un progreso de la libertad como independencia o libertad negativa (Marx llega a hablar a este respecto de «aspecto positivo del asalariado»), incluso si la libertad en el sentido propio debe concebirse como una libertad negativa o independencia negativa, como una libertad positiva que se hace imposible para el proletario que no tiene más remedio que dedicar su vida a actividades productivas carentes de significado y valor para él. Por otro lado, la diferencia entre modo de producción feudal y modo de producción capitalista parece caracterizarse por el hecho de que las relaciones de dependencia impersonales desempeñan un papel más determinante en el modo de producción capitalista. Es en este sentido que cabe comprender la afirmación de que son el «principio general de las relaciones de dependencia» personal. Lo que distingue el feudalismo y el capitalismo son, por tanto, las distintas disposiciones de las relaciones personales e impersonales de dependencia, dado que la disposición propiamente capitalista de estas relaciones se caracteriza por un progreso de la independencia personal, en cierto sentido, y una mayor centralidad de la dependencia personal.

Otra interpretación que generalmente se propone para este pasaje tiende a una identificación entre dependencia personal y dominación personal. El tema de la dominación impersonal es célebre. Sin embargo, las formulaciones de Marx no son tan precisas a este respecto como para que se pueda decidir entre dos posibles interpretaciones: la primera identificaría dependencia impersonal y dominación impersonal, la segunda haría de la dependencia personal la condición de la dominación impersonal. Igualmente, no es fácil determinar qué es lo que hay que entender por dominación impersonal: ¿la dominación en cuanto que relación de clase o la dominación en cuanto que dominación por parte de procesos materiales de tipo económico o incluso por la ideología?

En cualquier caso, vinculando la cuestión de la dependencia a la de la dominación, así como, de forma implícita en los Grundrisse y más explicita en El capital, a la de la explotación, Marx convierte la dependencia en un concepto crítico. Pero ¿en qué sentido el concepto de dependencia puede tomarse como un concepto crítico? De nuevo, no es fácil responder a esta cuestión porque Marx no detalló en ninguna parte qué entendía por dependencia o por su contrario, independencia, sin duda porque, según él, la libertad no tiene que concebirse como independencia o libertad negativa, sino como libertad positiva. A la luz de estos pasajes de los Grundrisse y de los textos de El capital que retoman cuestiones análogas, es posible considerar que el concepto de independencia evoca no solamente la emancipación respecto de las relaciones de dependencia estatutaria, sino también la capacidad de un individuo de disponer de los medios para satisfacer sus necesidades, mientras que el concepto de dependencia evoca el hecho de que un individuo pueda ser privado de esta capacidad tanto por unas relaciones sociales, como por ejemplo unas relaciones de propiedad que despojan de los medios de producción (dependencia objetiva o impersonal), como por unos individuos que ceden lo que nos permitiría satisfacer nuestras necesidades (dependencia personal). Se encontrará entonces una nueva confirmación de la idea según la cual el modo en el que Marx considera la dependencia articula en todo caso dependencia personal y objetiva o impersonal: es porque existen unas relaciones de producción que despojan objetivamente de los medios de producción que unos individuos dependen personalmente de otros individuos que poseen estos medios de producción. De ahí se llegará a la idea de que, en cualquier caso, no es la dependencia por sí misma la que es merecedora de crítica, sino el hecho de que expone a individuos y a grupos a injusticias y dominaciones estructurales.

Marx no detalló en ninguna parte qué entendía por dependencia o por su contrario, independencia, sin duda porque, según él, la libertad no tiene que concebirse como independencia o libertad negativa, sino como libertad positiva

A partir del propio Marx resulta difícil hacer más aclaraciones acerca de qué significa dependencia y la distinción entre dependencia personal e impersonal. Esperemos que hayan quedado lo suficientemente claros para ahora analizar la manera en que El capital piensa la explotación en términos de dependencia y preguntarnos por el tipo de crítica de la explotación que puede asociarse a una concepción crítica de la dependencia.

Explotación y dependencia en «El capital»

En El capital encontramos diferentes ejemplos que indican que Marx piensa la explotación en función de la imbricación de las distintas formas de dependencia objetiva o impersonal, que siempre se actualizan en relaciones de dependencia personal. Marx analiza la explotación a distintas escalas, macro, meso y micro, que hacen que en todo momento vayan apareciendo formas más específicas de dependencia. Por un lado, la explotación es analizada a la escala macrosocial de la relación social de producción que define a la burguesía y al proletariado como clase. A esta escala, la explotación es definida como una dependencia estructural: puesto que son despojados de los medios de producción, los proletarios dependen de los capitalistas para producir sus medios de subsistencia; se trata de una dependencia objetiva o impersonal en cuanto que no posesión de los medios de producción, y al mismo tiempo una relación de dependencia personal con respecto a los que poseen los medios de producción.

Por otro lado, la explotación es analizada a la escala mesosocial de las instituciones por el intermediario que actualiza la dependencia estructural de estas: el mercado y la empresa (para decirlo con un lenguaje que no es de Marx) capitalistas. En el mercado, esta dependencia estructural toma la forma de una dependencia monetaria, que de nuevo es, a su vez, una dependencia objetiva (una falta objetiva de medios de pago) y una dependencia personal con respecto a los que poseen los medios de pago («el hombre de los escudos»). En el lugar de trabajo esta dependencia estructural toma, a su vez, otras formas. La división técnica del trabajo implica, en efecto, que la actividad de trabajo individual pierda su función y su valor de uso si no es integrada en un proceso de cooperación productiva. De ello resultan nuevas formas de dependencia personal en la medida en que el proceso de cooperación productiva implica la existencia de una función de dirección, tomando en el mejor de los casos la forma del director de orquesta, en el peor, la del despotismo de la fábrica, ambos indisociables de las formas de dependencia objetiva: desde que la cooperación se ha organizado materialmente por medio de máquinas y de sistemas de máquinas, el valor de uso de la fuerza de trabajo depende totalmente de su integración en un sistema técnico de objetos.

Finalmente, la explotación es analizada de acuerdo con la escala microsocial de la experiencia de la explotación y de las resistencias que suscita. El trabajador sabe que debe someterse al despotismo de la fábrica y al ritmo de la máquina, por muchas reticencias que tenga, porque depende personalmente de su salario (dependencia monetaria), mientras que el capitalista puede, en todo momento, reemplazarlo por otro trabajador (debido a la dependencia técnica). En otros términos, sabe que la dependencia monetaria y la dependencia técnica convierten en asimétrica la interdependencia personal del capitalista y del proletario: el capitalista, en calidad de individuo, necesita menos del proletario como individuo —debido a que lo puede reemplazar a su antojo— de lo que el proletario como individuo necesita al capitalista. La experiencia de esta dependencia asimétrica está en el centro de la experiencia de la explotación.

Desde el punto de vista macrosocial, existe una dependencia asimétrica entre capitalistas y proletarios porque los capitalistas, como capitalistas cuya función es la de producir plusvalía y acumularla, dependen del plustrabajo de los proletarios (de ahí la cuestión ideológica de que el obrero necesite al patrón tanto como el patrón necesita al trabajador). Sin embargo, desde un punto de vista microsocial —el de las interacciones personales o individuales entre capitalistas y proletarios—, esta dependencia es asimétrica, ya que el capitalista puede tomar la iniciativa de reemplazar a sus proletarios. De ahí la necesidad, comprobada a partir de la experiencia obrera, de coaliciones destinadas a compensar la dependencia asimétrica a la escala individual por una relación de fuerza colectiva.

Marx analiza cómo esta dependencia multiforme se produce durante diferentes procesos históricos. La dependencia estructural, tal como se define a la escala macrosocial, depende de la expropiación de las poblaciones campesinas, descrita en el capítulo consagrado a La llamada acumulación primitiva del capital. Sin embargo, el despojo de los medios de producción se lleva a cabo en un proceso más gradual, que marca una pérdida progresiva de independencia por parte del poseedor de la fuerza de trabajo. Evocamos aquí el proceso de transformación del artesano —como trabajador independiente poseedor de sus medios de producción— en asalariado en el seno de la industria, proceso que se efectúa de manera gradual por medio de la entrada en escena de la «manufactura heterogénea», a continuación por la transformación de esta en «manufactura orgánica» y, finalmente, por el surgimiento de la «gran industria».

Por otra parte, las dependencias mesosociales se incrementan de manera doble en la dinámica histórica del capitalismo. La dependencia monetaria se ve incrementada por la creación de una «sobrepoblación relativa» o «ejército de reserva», mientras que la mayor importancia de las máquinas en el proceso de producción crea una suerte de incremento de la dependencia técnica. Por lo tanto, cabe decir que el desarrollo del capitalismo como modo específico de producción va acompañado de una dependencia cada vez mayor del proletario. Es en este sentido que Marx puede afirmar con respecto al proletario que, en la etapa más avanzada del modo de producción capitalista —a saber, la gran industria—, «a la vez se consuma su desvalida dependencia respecto al conjunto fabril; respecto al capitalista, pues».

Asimismo, al término de esta evolución, esta dependencia tiende a reproducirse: los salarios nunca bastan para permitirles a los asalariados la adquisición de los medios de producción (herramientas, máquinas, materias primas, lugares de trabajo) que les harían independientes de los capitalistas, y su dependencia técnica reduce su poder de negociación en relación con el capitalista. En este sentido, Marx puede señalar: «Para el curso usual de las cosas es posible confiar al obrero a las ‘leyes naturales de producción’, esto es, a la dependencia en que él mismo se encuentra con respecto al capital, dependencia surgida de las condiciones de producción mismas y garantizada y perpetuada por estas».

Marx analiza la explotación a distintas escalas, macro, meso y micro, que hacen que en todo momento vayan apareciendo formas más específicas de dependencia

La dependencia como concepto crítico

Por consiguiente, puesto que Marx ha insistido en el vínculo entre explotación y dependencia, y lo ha hecho en un sentido que confiere de manera clara una función crítica al concepto de dependencia, puede parecer extraño que los debates relativos a las modalidades de la crítica de la explotación, excepto en el caso de Iris Marion Young, no hayan nunca otorgado un papel central a la cuestión de la dependencia. En estos debates, siempre se busca determinar lo que es inaceptable de la explotación a partir del concepto de injusticia, de dominación y de alienación. Hay, sin duda, diferentes razones legítimas para preferir una crítica del capitalismo en términos de injusticia, de dominación y de alienación más que en términos de independencia, pero es también probable que, dejando a un lado el problema de la independencia, se corra el riesgo de generar una crítica de la explotación incompleta, privada de ciertas cuestiones políticas que son fundamentales.

Para comenzar esta discusión, cabe reconocer que resulta del todo razonable albergar reticencias a la hora de llevar a cabo una crítica de la explotación en términos de dependencia. El concepto de dependencia no pertenece al vocabulario de la crítica social y no tiene tanto mordiente como los conceptos de injusticia, dominación y alienación. Es más, la naturaleza del vínculo entre explotación y dependencia no resulta clara de inmediato, mientras que no hay duda de que la explotación pueda ser criticada en términos de injusticia (puesto que descansa sobre una oferta de trabajo que un demandante de empleo está forzado a aceptar en perjuicio suyo), de dominación (sea esta estructural inscrita en relación de clase o la que se actualiza en el lugar de trabajo) y de alienación (puesto que la explotación despoja a los trabajadores de los productos de su actividad, incluso de su propia actividad).

Finalmente, hay una tercera razón para desconfiar de una crítica de la explotación en términos de dependencia: el concepto de dependencia no es en sí un concepto crítico. Es posible, de hecho, considerar que hay dependencias buenas, como las de los recién nacidos respecto a sus padres, y también malas dependencias; al igual que se ha visto que lo que parecía convertir la dependencia en un concepto crítico en Marx se debe al hecho de que las dependencias que él crítica no lo son en cuanto dependencia en general, sino que se trata de una dependencia que contribuye a producir y a reproducir dominaciones e injusticias. Por lo tanto, si la dimensión crítica del concepto de dependencia está formulada en Marx en términos de injusticia y dominación, ¿por qué no contentarse con estos dos conceptos, incluso para complementarlos con un análisis en términos de alienación?

Aunque todos estos argumentos son relevantes, cabe considerar, sin embargo, que algo se pierde cuando se critica la explotación únicamente en términos de injusticia, dominación o alienación, sin involucrar el vínculo entre explotación y dependencia. Lo que se pierde se debe al hecho de que la injusticia y la dominación estructurales, así como la alienación, toman la forma de la experiencia específica de la injusticia, de la dominación y de la alienación cuando se anclan en sistemas de dependencia asimétrica. No es lo mismo sufrir, por un lado, una injusticia resultante de desigualdades pasadas o de sistemas de distribución que reprobamos, y por otro, sufrir una injusticia a la vez que se depende de ella. Tampoco es lo mismo que obedecer a alguien a quien se teme sin depender materialmente de él y obedecer a alguien del que se depende. Finalmente, no es lo mismo, por un lado, no reencontrarse en las actividades propias por el hecho de que están determinadas por un mundo que se rechaza y al que uno tiene que adaptarse a falta de algo mejor y, por otro lado, saber que no podemos encontrar ningún otro espacio para poner en práctica nuestras actividades y que, por lo tanto, estamos vinculados a este mundo que se rechaza, pero del que dependemos porque es el único ámbito en el que podemos desarrollar estas actividades.

Tratándose específicamente de explotación, tomar en cuenta la dependencia permite comprender que una de las especificidades de la experiencia de la explotación está relacionada con su naturaleza ambivalente. En cuanto que experiencia de la injusticia y de la dominación asociada a unas experiencias de dependencia monetaria y técnica, la explotación siempre puede convertirse en una habituación a la injusticia y en servidumbre voluntaria. De ahí que pueda tomar la forma de una experiencia específica de alienación como apego a aquello que se rechaza; a saber, la dominación y la injusticia. ¿Acaso no hay una apuesta política en la elaboración de modelos de críticas sociales capaces de captar la especificidad de unas formas en las que quienes están interesados concretamente en la crítica de la injusticia y de la dominación, por el hecho de que las sufren, experimenten la dominación y la injusticia? ¿Y no hay igualmente una apuesta política en la elaboración de un modelo de crítica social que pueda tener en cuenta igualmente los obstáculos, incluida la servidumbre voluntaria, que son susceptibles de oponerse a la transformación de las experiencias de injusticia y dominación?

Tener en cuenta el vínculo entre la explotación y la dependencia puede ayudar a desarrollar una crítica de lo que parece ser una de las metamorfosis contemporáneas de la explotación capitalista y que forma parte de la dependencia organizada. A nivel macrosocial, podemos decir que el neoliberalismo no se caracteriza solamente por una lucha en contra de las protecciones estatales dirigidas a minimizar los efectos de la dependencia económica (subsidio de desempleo, derecho del trabajo, etc.), sino también por la organización de nuevas formas de dependencia económica, como el endeudamiento privado. A la dependencia económica a corto plazo que es el salario (que en su mayor parte no permite mantenerse por más de un mes), el neoliberalismo añade la dependencia económica a largo plazo de la deuda privada que hace que los individuos sean dependientes de su explotación durante varios años o incluso varias décadas. A nivel mesosocial, este ha desarrollado la figura de los «trabajadores autónomos», que ya no están sumisos a la dominación de la jerarquía de la empresa, y a la injusticia específica del contrato de trabajo, pero que no por ello están menos explotados por las empresas capitalistas de las que estos «trabajadores autónomos» dependen, ya para vender sus prestaciones en el caso del trabajo externalizado, ya por encontrar sus clientes en el caso del capitalismo de las plataformas. En ambos casos, la explotación se efectúa de manera independiente con respecto al asalariado y sin dominación directa de la actividad de trabajo, pero solamente por medio de dispositivos de dependencia organizada; es decir, por medio de nuevas formas de dependencia objetiva o impersonal. El tema se encuentra en los Grundrisse de los que hemos partido: los nuevos «trabajadores autónomos» parecen ser más independientes, y sin duda lo son en cierto sentido, pero únicamente en un sentido, puesto que la dependencia siempre es muy intensa, cuando no incrementada, y las formas de la explotación específica de las que son objeto estos «trabajadores autónomos» no manifiestan tanto una mayor independencia, sino nuevas relaciones entre dependencia y independencia, entre dependencia personal y dependencia impersonal.

La naturaleza del vínculo entre explotación y dependencia no resulta clara de inmediato, mientras que no hay duda de que la explotación pueda ser criticada en términos de injusticia, de dominación y de alienación

¿Revalorizar o criticar la dependencia?

En la introducción hemos subrayado que la relación entre explotación y dependencia ha sido muy poco tomada en cuenta en las discusiones marxistas. Cabe concluir, asimismo, que los pensadores críticos contemporáneos han concedido un papel central a la noción de dependencia, pero con unas intenciones que no solamente se alejan de las de Marx, sino que incluso dificultan la rehabilitación del concepto crítico de dependencia que este intentó elaborar. La crítica feminista del liberalismo político se ha dedicado a mostrar que la condición humana está determinada por una dependencia antropológica (evidenciada especialmente durante la niñez y la vejez) que queda disimulada por los derechos de la autonomía personal.

De esta manera, diversos autores han insistido en que la universalidad de la dependencia debería conllevar el reconocimiento de la importancia del trabajo que se realiza en favor de las personas dependientes. Si aquí se asevera el vínculo entre trabajo, dependencia y explotación, este, sin embargo, se encuentra invertido con respecto al análisis marxiano. Mientras que para Marx las personas son explotadas porque son dependientes, en este caso se insiste en el hecho de que, de una manera específica, son explotados aquellos, y sobre todo aquellas, que trabajan para que las personas dependientes puedan conservar un mínimo de autonomía. En otros términos, ellas son explotadas no debido a su propia dependencia, sino debido a una negación de la dependencia de otros. Se ha visto, además, que el concepto de dependencia se ha erigido como concepto clave en una crítica del liberalismo político que consiste en una reformulación de la idea de autonomía personal en términos de autonomía descentrada. En contra del mito del yo desarraigado (disembedded self), se trata entonces de subrayar de qué modo la autonomía personal no puede construirse sino dentro de relaciones intersubjetivas que vuelven nos hacen depender los unos de los otros bajo la figura de la vulnerabilidad intersubjetiva. Incluso si estos análisis subrayan que la dependencia define una vulnerabilidad que expone a diversas experiencias negativas, con las cuales se articula la dominación, y que pueden desembocar en la alienación, el concepto de dependencia resulta altamente valorizado en la medida en que se trata de mostrar cómo la autonomía tiene que ser pensada conforme a la dependencia. De nuevo, se enarbola el concepto de dependencia con unas intenciones opuestas a las de Marx, que, en su caso, hacía referencia a un concepto crítico de dependencia.

Estas dos revalorizaciones contemporáneas de la problemática de la dependencia se distinguen del uso marxiano del concepto de dependencia por dos razones más: por un lado, se interesan por unas formas de dependencia antropológicas e intersubjetivas, en lugar de interesarse por unas formas de dependencia materiales (dependencias monetarias y técnicas); por otro lado, se interesan por unas formas de dependencia constitutivas de la experiencia humana (vinculadas con los procesos de crecimiento y envejecimiento así como con la constitución intersubjetiva del yo), en lugar de tener en cuenta formas de dependencia socialmente constituidas (por unas relaciones de propiedad y unas instituciones) u organizadas (por unas estrategias de poder).

Por supuesto, no se trata de elegir entre estos diferentes enfoques. La crítica feminista del liberalismo político en nombre de la dependencia antropológica resulta pertinente, igual que las teorías de la autonomía descentrada, pero tienen que ser conscientes de sus límites. Estos dos enfoques distintos se complementan en el sentido de que, por un lado, Marx no posibilita pensar acerca de una estructura de la autonomía descentrada que no permite analizar las formas de explotación específicas que caracterizan el trabajo del care, mientras que, por otro lado, el propio Marx elabora un concepto crítico de dependencia que posibilita reconocer unos problemas sociales y políticos que estos otros enfoques no son capaces de reconocer. Se ha mencionado antes el neoliberalismo y sus transformaciones contemporáneas como ejemplo del ámbito crítico del enfoque marxiano. Podríamos recordar también los análisis del trabajo de las madres sustitutas en términos de explotación. Constatamos, en efecto, que en estos últimos años la crítica de la GPA (o surrogacy) en términos morales ha cedido el paso en gran medida a unos análisis en términos de oferta explotadora, y que la dependencia monetaria es, en esos análisis, el factor determinante para la aceptación de la oferta explotadora. Aquí también resulta difícil ver cómo se puede analizar la explotación de manera efectiva sin poner en funcionamiento un concepto crítico de dependencia.

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