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Gloria Anzaldúa: pensar otros mundos desde el mestizaje

«Esos movimientos de rebeldía que tenemos en la sangre nosotros los mexicanos surgen como ríos desbocados en mis venas», escribió Gloria Anzaldúa. Fotografía ampliada con inteligencia artificial. Original de: K. Kendall en 1990, en el Smith College (licencia CC BY 2.0 DEED).

La escritura de Gloria Anzaldúa (1942-2004) es acorde con ella: una escritura mestiza y fronteriza. Ante el horizonte patriarcal y racista que todavía se nos abre, su filosofía es una caja de herramientas para poder pensar otros mundos. «En 1521 nació una nueva raza, el mestizo, el mexicano». Y de 1521 hasta nuestros días, su…

Beauvoir, Arendt y Kahlo: pasión epistolar

De izquierda a derecha: Frida Kahlo, Simone de Beauvoir y Hannah Arednt. Foto extraída del correspondiente artículo de La Mirada.

Hoy, en nuestra época hiperdigitalizada, guardamos registro de todas y cada una de nuestras conversaciones. Antes, los únicos registros posibles se daban a través de las cartas, espacios de intimidad que, años después, nos ayudan a comprender mejor el pensamiento de los autores. Exploramos algunas correspondencias de Frida Kahlo, Simone de Beauvoir y Hannah Arendt…

Judith Butler: una revolución en los estudios de género

Judith Butler

Judith Butler es una de las filósofas contemporáneas más influyentes. Ha realizado numerosos aportes al feminismo y es considerada una de las teóricas fundacionales de los estudios «queer». En «El género en disputa», una de sus obras clave, explora temas tales como la performatividad de género, la identidad sexual o la crítica al esencialismo sexual.

F+ ¿Por qué otro libro sobre María Zambrano?

Adelantos_en exclusiva: María Zambrano

En exclusiva para los suscriptores Filco+, el prólogo escrito por Ricardo Espinoza Lolas del libro María Zambrano, de Pamela Soto, colección «Rostros de la Filosofía Iberoamericana y del Caribe» (Herder 2023).

Prólogo

Ricardo Espinoza Lolas

La ciudad, primera forma de vida democrática, es el medio de visibilidad del hombre, donde aparece en su condición de ser humano.

Maria Zambrano, 1955

La democracia es el régimen de la unidad de la multiplicidad, del reconocimiento, por tanto, de todas las diversidades, de todas las diferencias de situación.

Maria Zambrano, 1958

¿Por qué otro libro sobre María Zambrano? Para esta Colección de «Rostros de la Filosofía Iberoamericana y el Caribe» es muy importante nuevamente repensar la extensa obra de Zambrano, actualizarla a nuestros tiempos y darle una cierta clave interpretativa que articule dicha obra desde dentro de sí misma y que, a la vez, sea una clave de interpretación para nuestros lectores. Se necesita una llave de bóveda que muestre la riqueza del pensamiento de la malagueña para disputar una concepción de lo humano que se inscribe en lo democrático mismo de nuestras ciudades, en tiempos tan complejos como los que vivimos, en el que el «odio al Otro» se está volviendo parte de toda ideología que niega la dignidad, riqueza y diversidad de lo humano. Y esto es lo que la filósofa chilena Pamela Soto García ha logrado en el texto que usted leerá a continuación.

¿Cuál es esa llave de bóveda para leer hoy a María Zambrano? La clave de lectura que nos propone la filósofa, que tiene una doble cara interpretativa, es el tiempo, que se expresa a la vez en la experiencia radical de lo democrático de unos con Otros, en ese constante conflicto que nos constituye para llegar a ser cada día más plenos. De allí el nombre de este libro, María Zambrano. Los tiempos de la democracia.

¿Por qué el tiempo es nuestro «hilo de Ariadna» dentro del complejo laberinto de Zambrano y no, por ejemplo, lo poético, que ha sido lo habitual para entender a la filósofa por décadas? La respuesta es muy simple: porque el tiempo nos permite, por una parte, entender y dar unidad a la vida y a la obra de la autora a lo largo de muchos años de trabajo, con un exilio que la constituye y le muestra ese carácter temporal fragmentario de estar siempre «en camino hacia» algún lugar. Por otra parte, el tiempo le otorga la gran posibilidad de tomar distancia de todo el pensamiento hegemónico de la objetividad de la realidad ante la conciencia por medio de la continuidad cronológica, tan caro a fines del siglo xix e inicios del siglo xx. De este modo, Zambrano, al romper con ese tipo de horizonte de pensamiento, en especial con la fenomenología de Husserl (pero también con el psicoanálisis de Freud), le da una libertad para pensar y dar con lo humano, lo femenino, lo social, de un modo material en la vida, en la intuición, sin trascendencia alguna, en donde nos articulamos temporalmente de un modo siempre abierto, por hacer, en lo precario, en lo encarnado mismo de los cuerpos, dando la cara y mirándonos a los ojos y sin pretensión alguna de universalidad totalitaria, cerrada, patriarcal, ya de lo filosófico, de lo humano o de lo político mismo —y menos de la realidad (entendida desde la ontología)—. Pues esto nos ha llevado por múltiples caminos muy dolorosos para el humano, como el mal camino del fascismo europeo de la primera mitad del siglo xx y que hoy por hoy se vuelve a actualizar, lamentablemente, incluso más allá de Europa.

La filósofa española es muy clara en su análisis y nos indica de forma rotunda lo que sucede cuando no dejamos entrar la realidad, la vida, la intuición, con toda su multiplicidad, fragmentariedad y diversidad en la que consiste y que se expresa en el tiempo como una cierta unidad de diferenciación que nos articula a nosotros con ella. Y de allí que Zambrano sea muy cauta y precisa en su crítica a la filosofía (como lo hizo Lévinas con Husserl y su fenomenología y, en especial, con Heidegger y su ontología), porque un modo de pensar, de inteligir, que no esté anclado en la vida, en eso que se nos impone, a una inteligencia impotente, que no siente, que no está viva, se convierte en la semilla de la que luego nacerán los grandes problemas de aniquilación de todo lo Otro que se opone a esta inteligencia aparentemente neutra, objetiva y que no está encarnada:

La inteligencia está amarrada a residuos de creencias descompuestas del pasado, a limitaciones impuestas por la falta de valor para romper nudos sociales, y lo que es lo más decisivo: la falta de una intuición modelo, la falta de la presencia de una realidad que presione. Pero esta ausencia de intuición, esta falta de sentir la realidad, llega a transformarse en el fascismo, en un evadir la intuición y la realidad, en una huida sistemática y encubierta de la realidad. Pero como la realidad, sigue existiendo hay que aplastarla y aniquilarla.1

Estas palabras de Zambrano son de 1937, cuando en España se negaba totalmente al Otro por medio del exterminio en su cruenta Guerra Civil. Y eso es lo que ocurre hoy en día con la realidad, la vida, la naturaleza, lo Otro, los humanos, lo femenino, el movimiento LGBTQIA+, los migrantes, los pueblos originarios, los pobres, los precarizados, etc.: se los aplasta y se busca aniquilarlos porque son una objeción a esa naturalización de una objetividad y continuidad que sería lo propio de la realidad y de lo humano. Es como si la filósofa malagueña le diera la razón a Michael Heneke y su film La cinta blanca (2009). Porque si se vive en un mundo sin vida, sin precariedad, sin contingencia, sin diferencial, lo más probable es que de ahí nazcan los fascistas del futuro, que eliminarán todo lo que les cause temor por ir en contra de una realidad neutral, homogénea, continua.

Y esto es muy importante de destacar de la filosofía como posición de vida de Zambrano ante la realidad, los Otros y en especial ante los propios filósofos. Si en la actualidad ha sido Judith Butler, la filósofa estadounidense, quien ha luchado por una filosofía encarnada en los cuerpos y no en un decir universal y abstracto «de» ellos, por una filosofía de la contingencia y no que hable «de» la contingencia, de una filosofía que transforme la ciudad desde la no violencia y dé cabida a las diferencias (esto lo señala Butler en toda su crítica a Žižek; crítica que ha sido reiterada por décadas), es la filósofa española la que inicia esta lucha contra el mismo Husserl y sus Investigaciones lógicas (y por ende contra cierto Ortega, su maestro, y sin nombrar al propio Zubiri, su maestro-amigo). la de Zambrano es una filosofía de la objetividad de la realidad, de la mismidad, de la homogeneidad, de la continuidad, de la subjetividad, de la conciencia, del tiempo pasado-presente-futuro, en el fondo, de una unidad clausurada epistemológica y ontológica que retorna del siglo xix con nuevos bríos al siglo xx y con otros autores. Y para Zambrano esto hay que denunciarlo y se tiene que filosofar de otra manera para que acontezca esa fragmentación que se expresa en y por sí misma en las expresiones múltiples del tiempo (y con esto la filósofa malagueña nos da herramientas para entrar en el debate actual del realismo especulativo). Y por eso, como muestra de forma magistral Pamela Soto García en este libro, el otro «enemigo» de Zambrano es Freud. Aunque el médico vienés se da cuenta del dolor de lo humano en medio de una sociedad que lo reprime brutalmente y en ello barrunta, como salida a esa enfermedad, el aparato psíquico como el lugar en donde puede acontecer la cura, especialmente en su libro La interpretación de los sueños (1899-1900). Sin embargo, queda atrapado en la continuidad del tiempo (y con ello en cierta objetividad de la realidad) y del análisis del yo como neurótico. Freud no puede entender que lo que se llama yo, el sujeto, siempre es ulterior, oblicuo y mediado, porque somos radicalmente desde fuera de nosotros mismos, desde los cuerpos discontinuos nos vamos constituyendo en lo que somos, de un modo también discontinuo. Luego el psicoanálisis trata de una cura del dolor humano por medio de un método de la razón universal y esto es el problema de que la cura no pueda curarnos de nuestro sufrimiento, ya que no se trataba del yo, sino de ese Otro diferencial abierto que somos y que nunca dejará de supurar, de ser conflictivo, opaco, poroso y en tránsito.

El tiempo, como clave interpretativa, nos permite entender la llamada «razón poética» de Zambrano (que ha sido tan estudiada por múltiples pensadores, en distintas generaciones y en tantas tesis doctorales), pero encarnarla a la materialidad misma de una vida, de una época y de un pensamiento que pretende ser una liberación real del humano en medio de la universalidad totalitaria que nos asfixia y nos determina a odiarnos los unos a los Otros y en la que lo político deviene de lo democrático al fascismo más brutal que nos intoxica a diario. Ese tiempo de Zambrano pasado por tres grandes pensadores «malditos», Spinoza, Nietzsche y Bergson, que nos propone Soto García, nos da la visión de tres momentos fundamentales de lo que ella nos quiere decir tajantemente, esto es, nos da la fuerza del conatus que todo lo echa a andar una y otra vez, lo terapéutico y liberador del eterno retorno en toda su fragmentariedad y contingencia material y la durée que estructura lo humano en medio de la realidad por medio del tiempo. Y esto es así para que nos entendamos como humanos más allá de la continuidad y la conciencia en una ciudad democrática de multiplicidades y que como tales estemos llamados a vivir en la tensión de estar unos con Otros juntos. Y aquí radica la importancia de los sueños y las ruinas: para entender este tiempo que es expresión a la vez de la realidad y del humano en su fragmentación. El tiempo en tanto sueño nos hace ver al humano en lo que somos en medio de esa materialidad vacía de sentido. El tiempo como ruina nos visibiliza a los unos con los Otros en el paso de la historia y de cómo vamos construyendo, aunque sea difícil y precario, comunidad. La democracia nunca ha sido fácil de realizar cabalmente, pero el fascismo no es la salida, sino todo lo contrario, pues agudiza el problema de lo humano. Por tanto, la filósofa española mediante los sueños nos indica que nos vemos tal como somos, a saber, fragmentos de lo abierto mismo, en el dolor, en el sangrar, en el exilio que nos constituimos desde nuestro aparato psíquico totalmente desgajado de todo centro. Y en las ruinas hasta las ciudades de hoy, la pensadora nos manifiesta esos vestigios vivos históricos que nos permiten vivir entre todos de alguna manera posible (siempre por hacer, porque no hay camino, sino que se hace al andar, como diría Machado), con todo el conflicto interno de esa convivencia, en la fragmentación que no se puede homogeneizar del todo y que, por lo mismo, nunca se va a resolver. Estamos, con esto, ante lo político en María Zambrano de manera radical.

Lo democrático es expresión de lo humano como ese tiempo fragmentado en su doble momento: sueño y ruina. El sueño nos indica, como he señalado, esa cierta singularidad de cada uno de nosotros, y la ruina, ese nosotros que somos de unos con Otros a lo largo de la historia. Y esa doble articulación se realiza en la experiencia compleja de una democracia viva que acontece en todos. Somos esas multiplicidades que no dejan de hacerse, de transitar, de moverse; somos esas diversidades de humanos que no nos dejamos atrapar en categorizaciones filosóficas u otras que quieran determinarnos y con ello cerrarnos en una interpretación fija y a-histórica. Estamos más allá del bien y del mal (como diría el querido Nietzsche de Zambrano), de ciertas valoraciones polares, duales, dicotómicas que quieren establecernos por fuera de nuestra experiencia de la multiplicidad. Estamos siendo políticos en medio de la ciudad; y aquí vemos el tremendo trabajo político de Zambrano para leer el presente y transformarlo en uno abierto —y diría, usando la terminología actual, feminista—; que es lo que nos quiere señalar Pamela Soto en su libro.

Estamos ante un libro en que Zambrano ya no nos habla en una jerga poética, ni tampoco mística, pues la pensadora española se nos vuelve radicalmente nietzscheana, materialista, feminista y así, en su caminar de exilio permanente, va luchando contra toda determinación que nos clausura, en especial contra la fascista. María Zambrano se nos vuelve una gran filósofa política (como una Hannah Arendt, pero sin Kant ni Husserl); una pensadora que lucha en este plano de inmanencia para ir construyendo en el fragmento que somos, en esa abertura que nos duele, ciertos momentos democráticos en los que el Otro nos constituye y nos alimenta, con todo lo complejo que eso puede ser ya para uno, ya para un pueblo por nacer.

La filosofía para Zambrano ya no está dictando nada desde la cabeza de nadie, ni de un dios, ni de un intelectual determinado, ni menos desde la complicidad ideológica reproductiva de una institución capitalista. La filosofía, sin ser ya patriarcal, y por tanto sin querer pontificar el mejor de los mundos posibles, desde el cielo de la ideas y con una jerga para iniciados, ahora hunde sus pensamientos en la vida misma, en esa realidad contingente, precaria —de los perdedores, como diría Pasolini— y es así como la filosofía de Zambrano, siempre en movimiento, lucha contra el fascismo y nos indica que lo humano en su fugacidad está llamado a ser pleno y que, por tanto, no nos queda otra cosa que vivir unos con Otros aunque nos duela ese encuentro; un encuentro que siempre se actualiza a la altura de los tiempos:

No se puede crear historia sintiéndose por encima de ella, desde el mirador de la razón; solo quien está por debajo de la historia puede ser un día su agente creador, y en ello creo yo que nos diferenciamos los de esta generación de la de Ud. si es que vamos a ser algo, que a veces lo dudo, en que nuestra alegría está en sentirnos instrumento y solo aspiramos a tener una misión dentro de algo que nos envuelve: el momento histórico.2

Polignano a Mare, 5 de julio de 2022


Notas Prólogo

1 M. Zambrano [1937], Los intelectuales en el drama de España, Madrid, Trotta, 1998, p. 103.

2 M. Zambrano [1930-1932], «Tres cartas a Ortega», en Escritos sobre Ortega. Madrid, Trotta, 2011, p. 212.

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