Suscríbete
Número especial - HANNAH ARENDT

·

TODO ARENDT

Dosier

Hannah Arendt y la época de las catástrofes

Totalitarismo, democracia y libertad

Nuevo

Revista Especial HANNAH ARENDT

Compra aquí

Hannah Arendt: una vida de guerras, muertes, amor y pensamiento

Acercarse a la biografía de un filósofo siempre da información sobre los intereses y enfoques que aborda en su obra. En el caso de la vida de Hannah Arendt, esto es cierto hasta los extremos. Su vida estuvo atravesada por dos guerras mundiales y el horror del Holocausto, lo que la llevará a interrogarse filosóficamente sobre el destino del mundo y a tratar de poner su pensamiento a disposición de la transformación social. Abordamos aquí su primera época, hasta la publicación de sus grandes obras.

1 comentario

La vida de Hannah Arendt. En la foto, Arendt en su juventud. Foto de Levan Ramishvili, en Flickr.
Hannah Arendt en su juventud. Foto de Levan Ramishvili, en Flickr.

1 comentario

Número Especial Hannah Arendt: encuéntralo en librerías o recíbelo en casa

FILOSOFÍA&CO - PORTADES FILCO ARENDT
Número especial de la revista FILOSOFÍA&CO, Todo Hannah Arendt. En librerías o por suscripción.

La biografía que vas a leer a continuación es uno de los artículos publicados en Hannah Arendt, una pensadora imprescindible para el siglo XXI, el número especial de nuestra revista impresa que ya está en librerías. ¿Qué vas a encontrar en él? Todo Arendt: su biografía, su pensamiento, sus aportaciones filosóficas, su importancia en el siglo XX y por qué es esencial para pensar, analizar y entender este siglo XXI, su legado, su banalidad del mal, sus reflexiones sobre la democracia, las revoluciones, la libertad…, sus libros más destacados y otros fundamentales en los que otros autores y autoras han reflexionado sobre su obra y sus ideas.

Para Arendt, lo que importa en política es el mundo común y propone considerar el espacio compartido como un lugar donde las personas hablan, discuten. Hagámoslo pues. Pensemos largo y tendido con ella a través de este artículo y continuemos por las páginas de este número monográfico especial de la revista. Puedes encontrarlo en librerías o en este enlace de Amazon, o puedes suscribirte por un año y te enviamos este número especial y los tres siguientes a la dirección que nos indiques. Mira aquí las dos opciones: suscribirte desde este número solo a la revista impresa o aprovechar la oferta especial portal + revista para recibir cuatro números de la revista impresa (un número cada tres meses) y, además, poder leer cada día o siempre que quieras el contenido de nuestro portal sin límites ni restricciones.

Una mujer camina, exhausta, durante decenas de kilómetros. Por todo patrimonio lleva un cepillo de dientes muy gastado y unos harapos que hace días que no se cambia y le provocan picor por todo el cuerpo. En el horizonte, incertidumbre por su futuro. Pero siempre es mejor que lo que deja atrás: un campo de concentración del que había conseguido escapar. Su nombre es Hannah Arendt y unos años más tarde se convertirá en la filósofa más relevante de su generación. Con aciertos y desaciertos, luces y sombras, como todos los seres humanos, estamos ante una mujer que en la vida y en la filosofía nunca dejó de arriesgarse.

Sería imposible reducir su biografía a una enumeración de acontecimientos. Hay numerosos libros que narran la vida, con todo lujo de detalles, de una filósofa de cuya muerte se cumple medio siglo. Tan solo podemos acercarnos aquí a una selección de elementos, los que caben en pocas páginas, para dar cuenta de qué tipo de mujer fue Arendt.

Nacida en 1906, por lo que conocemos de un diario que llevaba su madre, «sonríe desde la sexta semana»1. Su madre anota también, a los cuatro años de su hija Hannah, que no tiene «ningún talento artístico ni ninguna habilidad manual; en cambio, sí una precocidad intelectual […]. Pero, ante todo, un enorme interés por las letras y los libros». Este interés y la necesidad de explicar teóricamente la realidad la acompañó toda su vida2.

La vida de Hannah Arendt: educación, familia y muchas preguntas

Arendt había aprendido a leer por su cuenta en casa, mientras veía la decrepitud de su padre, Paul, que terminaría muriendo de sífilis en 1913, el mismo año que muere su abuelo. Estas pérdidas la empujarán a interrogarse sobre la vida y sobre Dios. Ella no recibe una educación religiosa en casa, porque sus padres no son practicantes. Con su abuelo conoce la sinagoga y al sionista Kurt Blumenfeld, que la acercará a este movimiento político varios años más tarde. Arendt cuenta que no cobró conciencia de su condición de judía hasta que unos niños utilizaron insultos antisemitas hacia ella.

Durante la Primera Guerra Mundial muere su tío materno. Un poco antes, su prima. Son cuatro muertes en dos años, cuando ella todavía no ha cumplido los diez. La guerra acentúa el compromiso político de su madre, Martha Cohn, con el ala espartaquista de la socialdemocracia. Madre e hija se quedan impresionadas por la fuerza de Rosa Luxemburg, que será la encarnación misma de la fuerza hasta su asesinato.

Desde 1919, en Alemania estuvo planteada varias veces la posibilidad de un avance revolucionario de las masas, especialmente en 1923. Su fracaso introduce a Arendt nuevas preguntas, más políticas, sobre la guerra, la revolución y el socialismo, temas de los que habla con su primer amor, Ernst Grumach, con el que tuvo una breve relación en el instituto y una amistad el resto de su vida.

A Arendt la expulsaron del instituto después de hacer una rebelión contra sus profesores. Después de esto, estudió latín, griego y filosofía en Berlín. En 1924 entró en la universidad de Marburgo, un momento en el que «la filosofía se impuso», como cuenta en sus Diarios3. Escribe poesía y se sumerge en una profunda crisis de sentido existencial. Es en este momento cuando conoce a Martin Heidegger, un profesor que, aunque no era todavía el filósofo consagrado que fue a partir de la publicación de Ser y tiempo, en 1927, empezaba a ser enormemente popular. Entre profesor y estudiante surgieron chispas y una relación que duró varios meses, hasta que Arendt, dolida por no tener con él la relación que necesitaba, decide dejarlo4. Él la invita a abandonar el campus y ella se traslada a Friburgo en 1926, a estudiar con Husserl y, posteriormente, a Heidelberg, con Jaspers, con quien escribe una tesis sobre el amor en San Agustín. Arendt realiza algo parecido a un trabajo académico sobre el santo, pero profundamente atravesado por sus propias inquietudes y pasiones. Aunque como referencia sobre san Agustín no fuera muy bueno, se muestra ya aquí que ella no quería ser una comentarista más del pensamiento de otros, sino que tenía vocación de pensar de manera propia y original.

En 1927, Arendt se compromete con Günther Stern (posteriormente conocido como Günther Anders), otro discípulo de Heidegger, que, además, es primo de Walter Benjamin. En 1928, presenta su tesis sobre san Agustín en Heidelberg.

A través de Kurt Blumenfeld, amigo de la familia desde su infancia, se acerca al sionismo, cuyas posiciones defenderá hasta 1941, cuando empezará a plantear que el proyecto de Israel es colonial y genera violencia sobre la población palestina. Sin embargo, durante los años 30 participó y trabajó activamente en agencias sionistas. En 1929, Arendt y Stern se instalan en Berlín, aunque con idas y venidas. Comienza aquí una época en la que los jóvenes buscan financiación para sus investigaciones mientras malviven en cualquier sitio. La pareja llega a alquilar por las noches un local que durante el día funciona como escuela de baile.

El avance del nazismo y el antisemitismo empuja a Arendt a interrogarse sobre la identidad judía y a profundizar su compromiso con los grupos sionistas, algo que genera grietas contra Stern, que es marxista.

La madre de Hannah Arendt anota, cuando su hija tiene cuatro años, que no tiene «ningún talento artístico ni ninguna habilidad manual; en cambio, sí una precocidad intelectual […]. Pero, ante todo, un enorme interés por las letras y los libros»

La llegada de los nazis y el exilio

FILOSOFÍA&CO - PORTADES FILCO ARENDT
Número especial de la revista FILOSOFÍA&CO, Todo Hannah Arendt. En librerías.

En 1931, Arendt se siente derrotada: está ya convencida de que los nazis van a llegar al poder más pronto que tarde, y en 1932 piensa por primera vez en emigrar. 1933 será un año decisivo: los nazis incendian el Reichstag; Heidegger es nombrado rector de la Universidad de Friburgo y recibe su carné de las SS; a Jaspers, Husserl y muchos otros los expulsan de la universidad por su condición de judíos; Arendt es arrestada en verano e interrogada durante ocho días, tras lo cual emprende el exilio.

Arendt y Stern se instalan en París, donde tienen algunos trabajos sin continuidad y se enfrentan al castillo burocrático kafkiano de conseguir papeles. Él decide abandonar Francia con una visa hacia Estados Unidos en 1936, pero ella se queda en París; allí encuentra trabajo en una organización haciendo el papeleo para los colonos en Palestina y más tarde prepara psicológicamente a niños y adolescentes judíos que marchan a los kibutzim (asentamientos coloniales en Palestina). Faltan todavía casi diez años para la Nakba («desastre» en árabe) en el cual son masacrados y desplazados miles de palestinos, pero los asentamientos coloniales no paran de crecer. En 1935, ella misma viaja a Palestina, un viaje sobre el cual nunca llega a escribir nada, posiblemente por su cambio de opinión sobre el sionismo.

En 1936 conoce a Heinrich Blücher, un hombre casado, aunque ella no sabe que lo está. Se trata de un marxista que aborrece el sionismo y que acabará influyendo en el pensamiento de Arendt. Rápidamente comienzan una relación. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial sus ya precarias vidas, consistentes en ir de acá para allá tratando de sobrevivir como refugiados, se complican todavía más.

A finales de 1939, Blücher es trasladado a un campo de concentración, del que será excarcelado a principios del año siguiente, por una enorme suerte (escaparon catorce hombres de los cientos que había en el campo), pero en mayo todos los judíos son perseguidos e internados de nuevo. Esta vez Arendt no es una excepción y sube a un tren hacia el campo de Gurs, donde se hacinan casi diez mil mujeres en unas condiciones precarias. Arendt confesó que durante esta época pensó seriamente en suicidarse.

Unas semanas más tarde ve la posibilidad de escapar junto con otras mujeres. De no haberla aprovechado, su destino habría sido todavía más tortuoso, pues, entre 1942 y 1943, los trenes que salían del campo lo hacían directamente hacia campos de exterminio. Arendt huye a pie. El esfuerzo le hace estar después varios días en cama. Cuando consigue sobreponerse comienza a buscar a su marido. Sin hogar, sin papeles, sin dinero. Finalmente, se reencuentran por casualidad en Montauban, una ciudad de Francia convertida en lugar de acogida de todos los opositores al nazismo y los huidos de los campos. Su encuentro resulta novelesco.

Su vida consiste ahora en pedir visados y enfrentarse a un nuevo laberinto burocrático, pero esta vez en una ciudad donde empieza a haber verdaderas cacerías contra los opositores. En esta época lee El Leviatán, de Hobbes, a Tocqueville y a Clausewitz. Por la mañana, tratar de sobrevivir y conseguir un visado; por la noche, discutir en la oficina de Correos con otros intelectuales refugiados sobre teoría política: necesita dar sentido al delirio que está viviendo.

En Marsella se encuentra con Walter Benjamin y otros exiliados, donde pasa días enteros en el consulado. Benjamin se prepara físicamente para tratar de pasar a España a pie. Nunca llega a finalizar este viaje: el 26 de septiembre de 1940 se suicida ingiriendo una dosis mortal de morfina en Portbou, en la frontera, en mitad de un durísimo viaje donde la policía española le impide la entrada al país.

Arendt es apresada y obligada a subir a un tren hacia el campo de Gurs, donde se hacinan casi diez mil mujeres en unas condiciones precarias. Arendt confesó que durante esta época pensó seriamente en suicidarse

El desarraigo

La pareja huye a Lisboa con los últimos escritos de Benjamin en una maleta que el propio autor les había dejado antes de emprender su último viaje. En Portugal —que se ha convertido en la puerta de salida del enorme campo de concentración que es el continente— pasan seis meses esperando a huir. Al llegar a Estados Unidos, Arendt trabaja de au pair, dado que ninguno de los dos habla inglés ni tiene acreditación alguna para dar clases en el país. Allí vive el «desarraigo» en un sentido íntimo y profundo, igual que Blücher, aunque este lo lleva todavía peor.

Empieza a escribir en artículos una idea de qué significa ser judía, desarrollando un «ejército judío mundial» y de lucha por Palestina (bajo control sionista), aunque más tarde abandona esta política planteando que refugiarse en un lugar remoto que, además, se halla previamente habitado por los palestinos, no puede ser la verdadera emancipación judía. Arendt termina encontrando trabajo como profesora en el Brooklyn Collegue y su marido entra en un comité para convencer a los norteamericanos de ir a la guerra, una posición antimarxista (el marxismo en este momento plantea la posición del «derrotismo revolucionario»: no se puede luchar contra el fascismo alineándose con el imperialismo, porque son las dos caras de la misma moneda, aunque esta posición quedará aislada a la IV Internacional). Blücher se está alejando de sus principios marxistas. El día que oyeron hablar de Auschwitz algo dentro de ella cambió: entendió hasta el final su propia teoría de que el nazismo era puro antisemitismo y el antisemitismo, la búsqueda del exterminio de la forma más rápida y eficaz de los judíos.

En 1943 a Blücher le contrata el ejército estadounidense y ella es nombrada directora de investigaciones en la Conference of Jewish Relations. Varios amigos tratan de convencerla de que se mude a los asentamientos coloniales en Palestina, pero ella va desarrollando posiciones cada vez más antisionistas. Una década más tarde, Alemania invita a volver a los exiliados; muchos se niegan, porque el dolor y el horror son demasiado grandes. Los juicios de Nuremberg a los responsables del Holocausto, iniciados una vez terminada la guerra, llevan a Arendt a la reflexión en torno a las responsabilidades en este espanto, y eso le hará reflexionar sobre el mal. Lo que le preocupa es hacer justicia.

A partir de 1946, se dedica a equiparar el horror nazi con el comunismo, igualando este con el estalinismo. Ese será el origen de su libro Los orígenes del totalitarismo. Desde este año comienza, también su trabajo de editora en una pequeña editorial dirigida por Salman Schocken, judío también exiliado. Consigue así publicar el Diario de Kafka, uno de sus autores favoritos, aunque nunca logra convencerle de publicar los textos de Benjamin.

La proclamación del Estado de Israel en 1948 la llevará a profundizar sus posiciones sobre hacer consejos locales judeo-árabes y aprobar el proyecto colonial por ser inmoral e inviable, aunque propone a los árabes que reconozcan el Estado sionista. Es este momento su madre muere, lo que le causa una enorme conmoción.

Años más tarde, Arendt comienza a publicar las obras más relevantes de su pensamiento, algunas de las cuales abordamos en este número. Sirva esta breve introducción para contextualizar el pensamiento contenido en ellas. Tras dos infartos, Arendt murió en 1975 dejando testimonio filosófico y periodístico de un siglo convulso que vivió y sufrió casi por completo.

Notas

1 Adler, L., Hannah Arendt. Una biografía. Barcelona: Ariel, 2020.

2 Meyer, T., Hannah Arendt: Una biografía intelectual. Barcelona: Anagrama, 2025.

3 Arendt, H., Diario filosófico, 1950-1973. Barcelona: Herder Editorial, 2006.

4 Heidegger, M., y Arendt, A., Correspondencia. 1925-1975. Barcelona: Herder Editorial, 2017.

Número 14 - Revista FILOSOFÍA&CO

HANNAH ARENDT

Una pensadora imprescindible para el siglo XXI

Otros artículos que te pueden interesar

Una respuesta

  1. Avatar de Emilia
    Emilia

    Me gusta mucho
    vuestra revista

Deja un comentario