- ¿Por qué acercarse a la filosofía?
- 1. Porque arrastramos los mismos problemas
- 2. Porque trastoca tu existencia
- 3. Porque te convierte en un lector activo
- 4. Porque es un baño de humildad
- 5. Porque puede enseñarte a argumentar
- 6. Porque es un tipo de relación con el pasado
- 7. Porque cultiva el deseo
- 8. Porque la filosofía no basta
¿Por qué acercarse a la filosofía?
La filosofía es una disciplina muy peculiar. Contaba un profesor de filosofía que tuve una vez que si las ciencias son linternas que alumbran al mundo (la biología, a los seres vivos; las matemáticas, a los números y sus relaciones), la filosofía tiene —además— la capacidad de alumbrar a las linternas: podemos hacer filosofía de la biología, filosofía de la música, filosofía de las matemáticas, etc.
Este ejercicio reflexivo puede llevarse a su límite y convertirse, incluso, en un ejercicio de contorsionismo: la filosofía no solo tiene la capacidad de preguntarse por las ciencias, sino que también puede (¡y anda si lo ha hecho!) preguntarse por ella misma. Este ejercicio, como todos los ejercicios en los que uno se vuelve sobre sí mismo, es un ejercicio difícil, pero bello las más de las veces. «¿Qué soy yo misma?», se ha preguntado muchas veces la filosofía frente a un espejo. «¿Qué significa filosofar?»
En esta ocasión, no vamos a surcar tamaño ejercicio interpretativo, sino que vamos a cambiar ligeramente la partícula interrogativa: vamos a preguntarnos no tanto qué es la filosofía, sino por qué la filosofía. Por qué leerla, por qué amarla, por qué dejarse secuestrar por ella, por qué entregarse a ella como un amante completamente loco, por qué dudar de su existencia, su necesidad y, sobre todo, su utilidad, por qué enamorarla y odiarla al mismo tiempo, pero nunca huirla. Por qué, en fin, tener la experiencia filosófica.
Mucho se ha escrito en defensa de la filosofía y, lamentablemente, la mayoría de las veces se ha hecho cayendo en dos errores que, creemos, son demasiado graves y han sido repetidos en numerosas ocasiones como para caer otra vez más en ellos. El primero es reducir la filosofía a la materia escolar o universitaria de Filosofía. Al incurrir en este error, la defensa o el elogio de la filosofía se convierten, y de esto están llenos los periódicos, en una defensa escolástica sobre la necesidad de la materia filosófica en los espacios educativos. Ante esto cabe preguntarnos: ¿es que acaso no hay filosofía más allá de los espacios educativos?














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