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La portada muestra una mano introduciendo una papeleta en una urna, como en unas elecciones democráticas. Bajo la imagen, el título del dosier: "DEMOCRACIAS. Grietas y rutas de una idea irrenunciable, por Carmen Madorrán". El fondo es de un azul verdoso, de textura como si fuera una moqueta. La "urna" es una construcción de tablas de colores azul oscuro, amarillo y rojo. Hay personas a su alrededor, entre las tablas y empujando las tablas, construyendo la urna y caminando sobre ella. La mano que introduce la papeleta es de color negro, con una manga blanca.

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NÚMERO 9

Dosier

Democracias

Grietas y rutas de una idea irrenunciable

F+ Carlos Manrique: «En el Pacífico, la Iglesia tiene la legitimidad que le falta al Estado»

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Izda., Carlos Manrique, profesor del Departamento de Filosofía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes (Bogotá, Colombia). Dcha., Juan Carlos Barreto, el obispo de Quibdó.

Izda., Carlos Manrique, profesor del Departamento de Filosofía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes (Bogotá, Colombia). Dcha., Juan Carlos Barreto, el obispo de Quibdó.

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El año pasado comenzó en el puerto de Buenaventura, el más importante de Colombia, una fuerte escalada de violencia. La Iglesia católica ha sido clave a la hora de denunciarla y pedir soluciones. ¿Por qué tiene ese rol tan importante en la región? La Silla Académica ha hablado con Carlos Manrique, profesor del Departamento de Filosofía de la Facultad de Ciencias Sociales de La Universidad de los Andes, y Juan Carlos Barreto, obispo de Quibdó, capital del departamento del Chocó, en la región del Pacífico colombiano.

Por Camilo Andrés Garzón, de La Silla Académica

Rubén Darío Jaramillo, el obispo de Buenaventura, en Colombia, viene denunciando la escalada de violencia que comenzó a mediados del año pasado en el puerto. En marzo fue amenazado de muerte. No es la primera vez. A mediados del año pasado un sicario arrepentido acudió hasta su púlpito para decirle que «poderosos de la ciudad» le habían pagado para matarlo.

La nueva amenaza contra Jaramillo fue un campanazo de alerta y reunió a 14 obispos del Pacífico para rodearlo. Denunciaron que la situación de violencia no sólo es en Buenaventura, ni contra Jaramillo; también se vive en el Alto Baudó (Chocó), donde hay desplazamientos de comunidades indígenas que están en el fuego cruzado entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) —última guerrilla activa en Colombia tras el acuerdo de paz con las desaparecidas FARC— y el grupo armado Clan del Golfo.

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