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Revista FILOSOFÍA&CO | Número 15

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F+ Beauvoir, Arendt y Kahlo: pasión epistolar

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De izquierda a derecha: Frida Kahlo, Simone de Beauvoir y Hannah Arednt. Foto extraída del correspondiente artículo de La Mirada.
De izquierda a derecha: Frida Kahlo, Simone de Beauvoir y Hannah Arednt. Foto de La Mirada.

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Hoy, en nuestra época hiperdigitalizada, guardamos registro de todas y cada una de nuestras conversaciones. Antes, los únicos registros posibles se daban a través de las cartas, espacios de intimidad que, años después, nos ayudan a comprender mejor el pensamiento de los autores. Exploramos algunas correspondencias de Frida Kahlo, Simone de Beauvoir y Hannah Arendt con sus respectivos amantes.

Por Cristina Wormull Chiorrini / La Mirada Semanal

Las cartas han sido el método perfecto para plasmar los sentimientos y la pasión entre parejas y reflejan, de alguna forma, la personalidad de sus autores. También nos sirven de registro de las relaciones amorosas a través de la historia (sería interesante acceder a la correspondencia de parejas anónimas, donde, sin duda, encontraríamos registros maravillosos).

Cartas de Simone de Beauvoir

Aunque Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre fueron pareja durante toda su vida y se escribieron innumerables cartas y también ensayos y crónicas, Claude Lanzmann a los 27 años se convirtió en el amante de Beauvoir, que ya tenía 44. No fue su único amante, pero, según Beauvoir, este fue el amor de su vida y el único hombre con el que convivió, algo que no hizo con Sartre. Ninguno ocultó jamás una relación que se prolongó durante siete años y que la escritora y filósofa conjugó con la que mantenía con el fundador del existencialismo. 

Lanzmann, director de la monumental película sobre el Holocausto Shoah (1985, unas nueve horas de duración) y uno de los documentalistas más respetados del mundo, vendió hace unos años las cartas intercambiadas con Simone de Beauvoir a la Universidad de Yale. El veterano cineasta declaró que nunca tuvo la intención de hacerlas públicas hasta que se dio cuenta de que Sylvie Le Bon, la hija adoptiva de la escritora, iba a «publicar todas las cartas de Simone de Beauvoir, excepto la correspondencia entre ella y yo».

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