Hoy, en nuestra época hiperdigitalizada, guardamos registro de todas y cada una de nuestras conversaciones. Antes, los únicos registros posibles se daban a través de las cartas, espacios de intimidad que, años después, nos ayudan a comprender mejor el pensamiento de los autores. Exploramos algunas correspondencias de Frida Kahlo, Simone de Beauvoir y Hannah Arendt con sus respectivos amantes.
Por Cristina Wormull Chiorrini / La Mirada Semanal
Las cartas han sido el método perfecto para plasmar los sentimientos y la pasión entre parejas y reflejan, de alguna forma, la personalidad de sus autores. También nos sirven de registro de las relaciones amorosas a través de la historia (sería interesante acceder a la correspondencia de parejas anónimas, donde, sin duda, encontraríamos registros maravillosos).
Cartas de Simone de Beauvoir
Aunque Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre fueron pareja durante toda su vida y se escribieron innumerables cartas y también ensayos y crónicas, Claude Lanzmann a los 27 años se convirtió en el amante de Beauvoir, que ya tenía 44. No fue su único amante, pero, según Beauvoir, este fue el amor de su vida y el único hombre con el que convivió, algo que no hizo con Sartre. Ninguno ocultó jamás una relación que se prolongó durante siete años y que la escritora y filósofa conjugó con la que mantenía con el fundador del existencialismo.












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