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Revista FILOSOFÍA&CO | Número 15

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Cuerpos desbaratados. Relatos sobre el desamor y la culpa

En exclusiva para nuestros suscriptores y suscriptoras, la introducción de «Cuerpos desbaratados», de Libros de FILOSOFÍA&CO, y el comienzo del primero de sus relatos. Este texto es el resultado del II Premio Relato filosófico joven FILOSOFÍA&CO.

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Fragmento de la portada del libro «Cuerpos desbaratados», de Libros de FILOSOFÍA&CO. Diseño del estudio de Laia Guarro.
Fragmento de la portada del libro «Cuerpos desbaratados», de Libros de FILOSOFÍA&CO. Diseño del estudio de Laia Guarro.

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Cuerpos desbaratados
Cuerpos desbaratados, de Cass Arellano y Sheyla Garrido (Libros de FILOSOFÍA&CO).

Introducción

Este libro es el resultado de un proceso que para nosotros tiene un valor muy especial. Lanzamos la segunda convocatoria del Premio Relato filosófico joven FILOSOFÍA&CO con el objetivo de seguir descubriendo el talento joven que tanto abunda en la filosofía en español y con la que apostar por nuevos formatos y nuevos modos de hacer la filosofía. Tras el éxito de la primera convocatoria el año pasado, con decenas de textos de jóvenes de entre 18 y 30 años de todo el mundo hispanohablante, afrontamos la segunda convocatoria con ilusión y ciertos nervios.

¿Cómo serían los relatos presentados en esta convocatoria? ¿Tendría tan buena acogida como la primera vez? ¿Sería muy difícil escoger entre los textos presentados para nombrar a un ganador o ganadora?

Unos meses después podemos decir que volvemos a estar muy satisfechos con la acogida de este premio. De nuevo nos han llegado decenas de relatos, con tonos y estilos muy diferentes, que muestran la multiplicidad de modos de aproximación a la literatura filosófica que tienen hoy los jóvenes. Nos alegra saber que no nos equivocábamos en nuestra apuesta: nos lo han puesto muy difícil para elegir tan solo dos textos.

Fruto de ese proceso nace este Cuerpos desbaratados. Relatos sobre el desamor y la culpa, un libro que reúne al texto ganador, de Cass Arellano González, y al finalista, de Sheyla Garrido Agulla. Las autoras nos aproximan a los complejos y devastadores territorios del desamor y la culpa. A través de sus protagonistas, sus relatos nos invitan a adentrarnos en los paisajes más íntimos y perturbadores del alma humana, donde las emociones más profundas se entrelazan con los impulsos más destructivos, y en los que el amor, la obsesión y el deseo por la perfección revelan sus facetas más sombrías.

Cada relato de Cuerpos desbaratados es un viaje al interior de personajes que, a pesar de sus diferencias, comparten una lucha común: enfrentarse a sus propios demonios. En el ganador, Arrancarnos las heridas, de Cass Arellano González, el desamor se manifiesta a través de la pérdida y la nostalgia, cuando la narradora, tras la muerte repentina de su exnovia, vuelve a enfrentarse a las heridas de una relación marcada por la devoción y la toxicidad. La protagonista se ve empujada a un último diálogo, este en el cementerio, donde lo no dicho finalmente encuentra su forma de expresarse: «El recuerdo de tu voz me hace repensarlo todo».

Cada relato de Cuerpos desbaratados es un viaje al interior de personajes que, a pesar de sus diferencias, comparten una lucha común: enfrentarse a sus propios demonios

El relato nos sumerge en las capas de una relación compleja, llena de sombras y destellos, en la que el amor trasciende lo romántico para convertirse en un sentimiento que roza la devoción: «Las dos sabemos que, en más de un sentido, te convertiste en mi deidad personal, en la santa en mi cabecera. Más que amor, lo que yo sentía por ti era devoción».

Pero este relato no es solo una reflexión sobre la muerte o el amor perdido; se trata también de una búsqueda desesperada de sentido en el desamor. A medida que avanza la historia, el relato nos muestra cómo el desamor no es una ruptura súbita, sino un proceso de lenta descomposición, donde la memoria y el duelo se entrelazan con la reflexión filosófica sobre la naturaleza del amor: «Empecé a pensar que amar era vivir un constante proceso de descomposición. Sirvió para darme cuenta de que no existo aislada, sino que lo hago gracias a otros seres».

Fuera de lugar en mi propia piel, el relato finalista, de Sheyla Garrido Agulla, nos presenta a una joven atrapada en la angustiosa búsqueda de la perfección, una obsesión que la lleva a traicionar sus principios. La presión por ser la mejor se convierte en una fuerza destructiva que la arrastra hacia el abismo: «De nada vale arrepentirse. Tengo lo que quería. Soy perfecta», se repite, mientras su mundo se desmorona alrededor de ella, haciendo que se cuestione todo.

La historia se desarrolla a lo largo de una rutina cotidiana que, bajo la aparente normalidad, revela un control asfixiante, en el que cada acción y pensamiento están guiados por la desesperada búsqueda de lo impecable: «A diario me encuentro en la encrucijada de equilibrar mis acciones con mis reflexiones, en una balanza en la que no sé muy bien cómo repartir los pesos».

El relato toma un giro oscuro cuando la protagonista, al recibir en una asignatura un notable en lugar de la nota perfecta que esperaba, ve su mundo tambalearse. Lo que sigue es una sucesión de decisiones que la llevan a traicionar sus propios principios, todo por mantener la ilusión de control. El monólogo interno de la protagonista, crudo y lleno de desesperación, revela el peso de esa traición: «Me siento usada, asqueada de mí misma». Este relato es una dolorosa reflexión sobre la presión autoimpuesta, la necesidad de validación externa y el vacío existencial que deja el sacrificio de la propia identidad en nombre de una perfección inalcanzable.

Estos dos relatos, aunque independientes, están unidos por un mismo hilo temático: la idea de que el cuerpo y la mente se desbaratan bajo el peso de expectativas inalcanzables, de relaciones desequilibradas o de la autoexigencia. El desamor no se presenta aquí solo como el fin de una relación romántica, sino también como una ruptura interna, un desajuste entre lo que los personajes son y lo que anhelan ser. La culpa, en cambio, se convierte en el motor que los impulsa a cuestionarse, a destruirse, y finalmente, a enfrentarse a las consecuencias de sus decisiones.

Cuerpos desbaratados nos sumerge en una narrativa que combina la introspección psicológica con un tono profundamente visceral. Los personajes se enfrentan a sus circunstancias y a sí mismos. Estas historias nos invitan a sentarnos junto a sus protagonistas en sus momentos más vulnerables, a acompañarlos en el descenso hacia las profundidades de su dolor y a cuestionarnos, junto con ellos, hasta dónde estamos dispuestos a llegar por amor, por perfección o simplemente por no sentirnos fuera de lugar en nuestra propia piel.

Los dos relatos de Cuerpos desbaratados, aunque independientes, están unidos por un mismo hilo temático: la idea de que el cuerpo y la mente se desbaratan bajo el peso de expectativas inalcanzables, de relaciones desequilibradas o de la autoexigencia

Arrancarnos las heridas

Inocentes nunca hubo. En un romance nunca hay.
Camila Fabbri, «Nacimiento», Los accidentes

alguna vez alguna vez tal vez me iré sin quedarme
me iré como quien se va.
Alejandra Pizarnik, Poesía completa

Hay quienes dicen que Mary Shelley aprendió a leer pasando su dedo por las letras de la tumba de su madre. Me parece particularmente morboso que el punto de partida de tal prodigio de la literatura haya sido la muerte. Ahora que me encuentro frente a tu tumba, me pregunto qué es lo que puedo aprender aquí. No me sorprendería en absoluto que, incluso después de la muerte, tuvieras algo que enseñarme.

La verdad es que no se esforzaron mucho en tu lápida. Todo está escrito en una fuente que probablemente odiarías. Tan solo figura tu nombre, la fecha de nacimiento, la de muerte y una frase de Pizarnik que seguramente escogió tu padre (sin pensar por un segundo en lo que a ti te hubiera gustado). Está hecha de mármol rosa, una bonita representación de tu afán por llamar siempre la atención. Quizá los primeros días después de tu entierro el lugar estuvo atiborrado de flores, pero hoy tan solo quedan un par de rosas marchitas. Como de costumbre, yo vine algo tarde y no traje flores.

No te voy a mentir, tu muerte llegó en un momento muy inconveniente. Recibí el mensaje de tu hermano sobre el accidente en medio de una cita con una mujer que llevaba unas semanas viendo. Nada me pudo haber preparado para la incomodidad que genera decirle a tu pretendiente que te vas de manera repentina porque tu exnovia (con la que no has hablado en cinco años) acaba de morir y sientes que es tu responsabilidad acompañar a su familia en el duelo.

Atravesar tal montaña rusa de emociones me dejó muy poco tiempo para procesar todo lo que estaba sintiendo en esos momentos. El hecho de que tu muerte fuera tan repentina hizo que fuese difícil asimilar que ya no eras parte del mundo. De un instante a otro, la red de afectos que tejimos juntas se volvió a hacer presente, al mismo tiempo que desaparecía ante mis ojos. Tú ya no eras parte del mundo, pero el mundo en ningún momento se detuvo. La materia dejó de fluir a través de tu cuerpo y pasó a ser otra cosa.

«No te voy a mentir, tu muerte llegó en un momento muy inconveniente. Recibí el mensaje de tu hermano sobre el accidente en medio de una cita con una mujer que llevaba unas semanas viendo»

Debo seguir adelante. Pero lo cierto es que no he podido dormir. No es un secreto que te dejé de amar hace mucho tiempo, pero no puedo ignorar que el fantasma de ese amor todavía habita mi cuerpo. Por eso estoy aquí, para que lo platiquemos (o, por lo menos, para que yo lo pueda platicar con el espacio que alguna vez ocupaste). Considero apropiado que tú, que siempre me empujaste a cuestionar mi mundo, me ayudes a contestar por lo menos a una sola pregunta: ¿qué es el desamor?

Al fin y al cabo, fuiste tú la que desarmaste la idea que yo tenía del amor y nunca la volviste a armar. Fuiste tú la que decidiste que jugaríamos a fingir que formábamos parte del banquete de Platón y que nosotras también presentaríamos nuestros soliloquios sobre lo que pensábamos que era el amor. Fuiste tú la que, después de coger, me preguntabas si eran tan solo nuestros cuerpos los que se amaban. Tú y todas tus malditas preguntas me llevasteis a salir un día de madrugada y nunca volver.

¿Cómo voy a saber qué es el desamor, si gracias a ti ya no sé qué es el amor? ¿Cómo voy a poder entender lo que perdí contigo y lo que el mundo perdió en ti, si ni siquiera sé muy bien qué es lo que sentí por ti y por nosotras?

Podríamos concebir el amor como un proceso de búsqueda que no necesariamente tiene un final. Un viaje que empieza con el deseo y que, paso a paso, nos va acercando a la idea de lo bello y lo bueno. El amor es tal vez aquel que se aventura en el desierto y que, con una pala, cava sin cesar con el fin de encontrar agua, para que después de días no encuentre agua, pero sí halle belleza en la arena.

«Podríamos concebir el amor como un proceso de búsqueda que no necesariamente tiene un final. Un viaje que empieza con el deseo y que, paso a paso, nos va acercando a la idea de lo bello y lo bueno»

Contigo había días que el amor era justamente eso: una inacabable búsqueda que me tenía atrapada en un ciclo sin fin. En nosotras busqué un hogar y en el camino encontré un par de almohadas. Indagué dentro de nuestra relación para ver si, tal vez, ahí estaba el futuro habitable que tanto deseaba, pero solo pude ver pequeños destellos de un presente que se escurría entre mis dedos. Amarte fue una cacería infinita en la que el zorro eras tú y, día tras día, desaparecías debajo de las hojas secas que el otoño había dejado en el suelo.

Tal vez el amor podría entenderse como el camino a través del cual nos encontramos cara a cara con lo bello. Pero aquellas que saben amar son las que se dan cuenta de que lo bello es una máscara detrás de la cual, de manera siniestra, se esconde lo sublime. Lo bello tan solo es bello hasta que nos damos cuenta de que hay algo dentro que no podemos terminar de entender. Eso a lo que nos lleva el amor es, en realidad, algo que no se adecúa a los contornos que dibujamos para entender la realidad: demasiado grande y, a su vez, extremadamente pequeño. ¿Qué es el amor sino lo paradójico?

Tu amor y tu presencia en mi vida siempre fueron algo alienígena, algo de otro mundo u otra dimensión. Busqué mi reflejo en tus ojos, pero lo único que pude encontrar escondido en tus pupilas fue la confusión que te poseía cuando tus dedos rozaban los míos.

Amarte fue como intentar devorar una montaña sabiendo que a mi apetito lo saciaba una sola manzana. Durante el tiempo que duró nuestra relación, me familiaricé con lo poco familiar de nuestros abrazos y con lo desconocido de tus caricias. Busqué tanto en ti que terminé por no buscar nada en absoluto.

Si el amor es esa búsqueda sin fin, ¿será que el desamor es encontrar sin buscar? ¿Será que el amor se desgasta y, al verse satisfecho el deseo, deja en su lugar apatía? El desamor como conclusión lógica del deseo tiene algo de sentido. Buscamos arreglar algo dentro de nosotras, pero ¿de qué sirve una herramienta cuando el motor arranca sin ningún problema? Ya decía el cantautor José José que incluso las caricias más divinas se convierten en rutina. Esa cotidianidad termina por transformar el deseo en resignación.

«Amarte fue como intentar devorar una montaña sabiendo que a mi apetito lo saciaba una sola manzana»

En nosotras encontré todo aquello que me es forcé por no buscar. Entendí lo molesta que po-día resultar mi manía de morderme las uñas. Tu frustración por mis silbidos matutinos terminó por convertirse en mía. A través de tus ojos, me di cuenta de que estaba buscando constantemente una felicidad apagada; tenía miedo al fuego no porque quemara, sino porque brillaba demasiado. Con el amor que sentí hacia ti sacié mi necesidad de respuestas, pero, al final de nuestro amor, no encontré nada más que desamor.

Si te soy honesta, concebir el amor como un mapa pirata donde el tesoro que se esconde debajo de la gran X es el desamor me parece bastante absurdo. No puedo entender el amor como búsqueda porque nadie busca lo que no sabe que le falta.

*Podrás continuar la lectura próximamente cuando el libro llegue a las librerías, a partir del 12 de noviembre.

¡Ya está abierto el III Premio Relato filosófico joven FILOSOFÍA&CO!

Hemos convocamos ya el III Premio Relato filosófico joven FILOSOFÍA&CO, un concurso al que podrán optar textos escritos en español cuyos autores tengan entre 18 y 30 años (ambas edades incluidas). El plazo de recepción estará abierto hasta el 31 de marzo de 2025. Mira aquí todas las condiciones. El ganador se publicará en un libro.

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