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La portada muestra una mano introduciendo una papeleta en una urna, como en unas elecciones democráticas. Bajo la imagen, el título del dosier: "DEMOCRACIAS. Grietas y rutas de una idea irrenunciable, por Carmen Madorrán". El fondo es de un azul verdoso, de textura como si fuera una moqueta. La "urna" es una construcción de tablas de colores azul oscuro, amarillo y rojo. Hay personas a su alrededor, entre las tablas y empujando las tablas, construyendo la urna y caminando sobre ella. La mano que introduce la papeleta es de color negro, con una manga blanca.

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NÚMERO 9

Dosier

Democracias

Grietas y rutas de una idea irrenunciable

F+ Heidegger y Arendt: cartas de «aquello que nos ocurrió»

Dosier: Cartas, libros sobre correspondencia (Parte 3)

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Arendt le entregó a Heidegger su amor en la juventud y el reconocimiento a su labor intelectual siempre, pero no pudo con la adscripción al nazismo de Heidegger y se distanció y guardó silencio durante tres lustros. No dejó de recordarle este desastrosa forma de mezclarse en los asuntos mundanos cuando le escribió el homenaje al cumplir 80 años. © Ana Yael

Arendt le entregó a Heidegger su amor en la juventud y el reconocimiento a su labor intelectual siempre, pero no pudo con la adscripción al nazismo de Heidegger y se distanció y guardó silencio durante tres lustros. No dejó de recordarle este desastrosa forma de mezclarse en los asuntos mundanos cuando le escribió en el homenaje al cumplir 80 años. © Ana Yael

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Con esas palabras –«aquello que nos ocurrió»– se refiere Martin Heidegger a la historia de amor que comenzó en el otoño de 1925 con la que entonces era su alumna y llegó a ser una de las figuras más importantes de la filosofía del siglo XX: Hannah Arendt. Pero ocurrieron muchas más cosas en su época que también les ocurrieron a ellos, les separaron, les distanciaron y les volvieron a juntar. La Correspondencia entre Heidegger y Arendt, editada por Herder, da cuenta de todos esos movimientos que son los de su corazón, pero también el de su tiempo.

1 Martin Heidegger a Hannah Arendt          

10.II.25

Querida señorita Arendt:

Aún debo ir a verla esta noche y hablarle al corazón.
Todo debe ser llano y claro y puro entre nosotros. Solo entonces seremos dignos de encontrarnos. El hecho de que usted llegara a ser alumna mía y yo su maestro es solo el origen de aquello que nos ocurrió.
Nunca podré poseerla, pero usted pertenecerá a partir de ahora a mi vida, y esta deberá crecer por usted. 

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