Juan Dal Maso, militante y teórico marxista. Imagen cedida por el entrevistado.
Juan Dal Maso, militante y teórico marxista. Imagen cedida por el entrevistado.

«Dialéctica», la «hegemonía» o «materialismo» son algunos de los conceptos fundamentales que aparecen y se desarrollan en la obra de Juan Dal Maso. Conceptos profundamente imbricados con la tradición marxista y su desarrollo durante el siglo XX. A este periodo histórico y esta corriente es a los que más reflexión ha dedicado como parte de un compromiso con la realidad. Y es que, tal y como defiende Juan Dal Maso en esta entrevista, «la reflexión sobre los problemas teóricos del marxismo también es una tarea política actual».

Por Irene Gómez-Olano

Juan Dal Maso es autor de diversos libros sobre autores como Antonio Gramsci, Louis Althusser o Manuel Sacristán. Ha escrito, entre otros, El marxismo de Gramsci (2016), traducido al portugués y al italiano, Hegemonía y lucha de clases (2018), traducido al inglés, y Althusser y Sacristán (2020), escrito este último junto con Ariel Petruccelli, con quien ha elaborado una presentación al libro Sobre el materialismo, de Sebastiano Timpanaro, recientemente reeditado. Ha investigado la relación entre dialéctica y marxismo, asunto al que ha dedicado numerosos artículos.

Dal Maso es también editor de la revista Ideas de izquierda y combina su reflexión teórico filosófica con su militancia en el Partido de los Trabajadores Socialistas desde 1997. Conversamos con él sobre los que han sido algunos de sus principales temas de investigación, como el concepto de hegemonía en Gramsci y la actualidad del materialismo en filosofía.

En sus obras, le ha dedicado un espacio fundamental a la reflexión en torno al concepto de «hegemonía», un concepto en cuyo desarrollo, sin duda, Gramsci jugó un papel fundamental. En primer lugar, ¿por qué cree que es relevante hablar hoy de hegemonía?
El término «hegemonía» (que tiene una larga historia, desde la antigua Grecia hasta el marxismo de los siglos XX y XXI) alude a un liderazgo con la legitimación que dan quienes son liderados. Fue utilizado tanto para pensar los problemas de las relaciones entre estados, como las relaciones entre las clases, los partidos y el Estado y, por supuesto, para pensar la dinámica de las revoluciones.

Es un concepto importante para la práctica de la izquierda hoy, porque refiere a la vinculación entre las luchas sociales, económicas, por demandas democráticas y el proyecto de una nueva sociedad, basada en la socialización de los medios de producción y en la autoorganización desde abajo, como condición necesaria para la libertad de todas las personas.

Este proyecto requiere la unidad de la clase trabajadora, en una posición de liderazgo, con todos los sectores oprimidos, para dar una salida revolucionaria frente a la decadencia del capitalismo, tanto contra las posiciones que limitan la lucha de clases a luchas puntuales, sectoriales, como contra las que pretenden que estas luchas se procesen en los marcos de una narrativa de reforma del capitalismo.

Tal y como señala en su libro El marxismo de Gramsci, el filósofo propone que debemos entender la hegemonía como la «forma actual de la revolución permanente». ¿En qué sentido esto difiere de la visión que típicamente se recoge de la propuesta de Gramsci que sostiene que la hegemonía se limita al ámbito de una «guerra ideológica»?
Cuando Gramsci habla de la revolución permanente, está pensando en el jacobinismo y en la fórmula utilizada por Marx en su balance de la revolución de 1848. En la perspectiva de Marx, la clase obrera podía avanzar, en el marco de revolución dirigida por la burguesía republicana, en crear las condiciones de su propio poder.

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El marxismo de Gramsci, de Juan Dal Maso (Ediciones IPS).

Gramsci afirma que la estrategia de revolución permanente, tal como fue pensada por Marx, no puede llevarse a cabo de ese modo en el siglo XX, porque hay una saturación político-organizativa en la sociedad. La lucha por revolucionar la sociedad tiene mayores obstáculos, dados por la integración al Estado de sindicatos y partidos, frente a lo cual hace falta conquistar una sólida relación de fuerzas como condición previa para cualquier proceso revolucionario.

De allí que Gramsci considere la hegemonía como «formal actual» de la revolución permanente: es la misma lucha, pero en otro contexto. La lucha ideológica es parte de la lucha por la hegemonía, pero solo una parte, ya que en su totalidad implica una relación de fuerzas sociales, políticas y militares.

Este concepto de «forma actual» es muy importante para el modo de pensar los problemas que tiene Gramsci. La estrategia no está dada de una vez y para siempre, sino que debe reactualizarse, igual que la teoría de la revolución. Pero lo mismo ocurre con los propios conceptos gramscianos. Por ejemplo, un problema importante hoy es cuál es la «forma actual» de la hegemonía, con las condiciones que tiene hoy la clase trabajadora y con el estado actual de la teoría marxista.

Probablemente Gramsci sea de los autores marxistas que más interés generan hoy, pero también vemos como otros no tan conocidos empiezan a cobrar relevancia. Es el caso de Sebastiano Timpanaro, cuyos escritos han sido reeditados en un volumen que lleva por título Sobre materialismo, en el que ha intervenido usted con una presentación. ¿Quién fue Sebastiano Timpanaro?
Sebastiano Timpanaro (1923-2000) fue un investigador de filología italiana, especialista en la obra del poeta Giacomo Leopardi, vinculado políticamente al ala izquierda del Partido Socialista Italiano. Posteriormente formó parte del Partido Socialista Italiano de Unidad Proletaria y del Partido de Unidad Proletaria, formaciones estas que estaban posicionadas a la izquierda de la socialdemocracia y del Partido Comunista.

El concepto de «hegemonía» es importante para la práctica de la izquierda hoy porque refiere a la vinculación entre las luchas sociales, económicas, por demandas democráticas y el proyecto de una nueva sociedad

Me interesa saber el porqué del subtítulo del libro Sobre el materialismo: Ensayos polémicos en torno a la teoría, la praxis y la naturaleza. ¿Los escritos de Timpanaro fueron polémicos solamente en su momento o su visión de la filosofía y el materialismo polemiza también con el presente?
El subtítulo es un agregado nuestro. La obra original se llama simplemente Sobre el materialismo. Quisimos indicar los temas que aborda, aunque fuera en términos generales. En su momento (1970) fue una intervención polémica con las posiciones predominantes en el marxismo de Europa occidental (en líneas generales, poco propicio a visitar la relación entre marxismo y naturaleza).

Timpanaro tuvo bastante recepción en el mundo anglosajón, pero menos en el de habla castellana. Es un autor importante por el tipo de intervención polémica que realizó, que lo ubica como una rara avis en el panorama del marxismo europeo-occidental de la segunda posguerra. El libro fue publicado por Ediciones IPS en Buenos Aires y la presentación la escribí con Ariel Petruccelli.

El aspecto de actualidad que tiene me parece que está vinculado a que en la mayoría de las llamadas «teorías críticas», así como en buena parte de los movimientos sociales, priman posiciones de tipo culturalista y subjetivista, basadas en la demanda puntual y en la idea de que la vivencia de cada sector es incomunicable al otro, por lo que las luchas se manejan de forma separada, como decía antes.

Asimismo, tener en cuenta la dimensión pasiva de la experiencia humana respecto de la naturaleza es un buen modo de recordar que formamos parte de ella, con las obvias consecuencias que esto tiene en cuanto a la revalorización de la relación entre la ecología y el marxismo, tema que Timpanaro no desarrolla específicamente, pero deja planteado.

Llama la atención la relación que establece entre el pensamiento de los autores y su práctica política. Es así en el caso de Gramsci o Althusser, cuya vinculación con el Partido Comunista Francés ha tratado en cursos, artículos y en el libro Althusser y Sacristán. Itinerarios de dos comunistas críticos. Esto se contrapone a la visión predominante según la que hay que estudiar el pensamiento de los autores al margen de su militancia. ¿Cree que es relevante la relación entre el pensamiento político y la praxis en estos filósofos?
Me parece que, para entender el pensamiento teórico de cualquier autor, nadie negaría que es importante su contexto, incluida su militancia en el caso de que la haya tenido. Pero es cierto —y esto se ha señalado muchas veces a propósito de Gramsci— que hay un tamiz academicista que separa a los autores de sus posiciones políticas o —cuando esa operación es más difícil por el tipo de producción teórica— directamente los ignora, como ocurre con Trotsky o Lenin.

En Althusser y Sacristán (2020), que escribí también junto con Ariel Petruccelli, la referencia al contexto y los posicionamientos políticos que desarrolló cada uno nos parecía fundamental para pensar cómo entendieron la relación de la filosofía con la política, en qué medida buscaron alternativas al estalinismo y cómo podemos aprovechar su producción teórica en la actualidad.

La relación entre pensamiento y praxis fue un eje de las reflexiones de Althusser y Sacristán. Quienes lean a Althusser desde fuera de ciertos lugares comunes típicos podrán ver, por ejemplo, qué peso tuvo en su pensamiento la cuestión de la lucha de clases

Esa relación entre pensamiento y praxis fue también un eje de las reflexiones de Althusser y Sacristán (con todas sus diferencias). Quienes lean a Althusser desde fuera de ciertos lugares comunes típicos («marxista occidental» o «estructuralista») podrán ver, por ejemplo, qué peso tuvo en su pensamiento la cuestión de la lucha de clases.

Sacristán, por otra parte, identificó problemas que hoy se consideran fundamentales, como la ecología o el feminismo, pero también buscando su vinculación con la lucha de la clase trabajadora. Ambos fueron críticos del eurocomunismo, reivindicado por ciertas tendencias de la izquierda europea de los últimos años. Sin la política, es muy difícil comprenderlos.

Por último, creo que la reflexión sobre los problemas teóricos del marxismo también es una tarea política actual: necesitamos avanzar en una recomposición teórica que a su vez tenga efectos en la revinculación de la teoría marxista con el movimiento obrero.

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