- 1 Una juventud atravesada por la Segunda Guerra Mundial
- 2 Habermas, heredero crítico de la Escuela de Frankfurt
- 3 La distinción entre trabajo e interacción
- 4 La importancia del espacio público
- 5 Conocimiento e interés
- 6 La Teoría de la Acción Comunicativa
- 7 La razón comunicativa: pragmática universal y pretensiones de validez
- 8 Ética discursiva y moral procedimental
- 9 «Facticidad y validez»
- 10 El filósofo público
El pensamiento de Habermas se desarrolla a partir de un diálogo con la tradición de la teoría crítica. Formado en el entorno intelectual de la Escuela de Frankfurt, Habermas heredó la preocupación por analizar las formas de dominación presentes en las sociedades modernas. Sin embargo, frente al pesimismo de algunos de sus predecesores, intentó reconstruir las bases normativas de la crítica social. Su propuesta pasa por distinguir distintos tipos de racionalidad y por situar en el centro de la vida social la capacidad de los individuos para entenderse mediante el lenguaje.
A partir de estas premisas, Habermas desarrolló una teoría amplia de la sociedad moderna. En su obra, la legitimidad política no depende únicamente de las instituciones formales del Estado, sino también de la existencia de procesos de discusión pública en los que los ciudadanos puedan justificar colectivamente las normas que regulan su convivencia. Lo vemos todo con estas diez claves para entender su filosofía.
1 Una juventud atravesada por la Segunda Guerra Mundial
Hablar de Habermas supone hablar de casi un siglo entero atravesado por algunos de los sucesos más relevantes de la historia mundial reciente. Jürgen Habermas nació en 1929 en Düsseldorf (Alemania) y su infancia estuvo marcada por el ascenso y consolidación del régimen nazi.
En su adolescencia, vivió la Segunda Guerra Mundial desde Gummersbach, localidad cerca de Colonia, lugar donde su padre, Ernst Habermas, ejercía como director ejecutivo de la Cámara de Industria y Comercio de Colonia. El joven Habermas describiría a su padre, años más tarde, como un simpatizante nazi, llegando a ser desde 1933 miembro del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP). Durante esta época, Jürgen Habermas participó un tiempo en el Jungvolk, las Juventudes Hitlerianas.
El final de la Segunda Guerra Mundial supuso para el joven Habermas una experiencia determinante. Con apenas dieciséis años, Alemania fue derrotada y comenzaron a hacerse públicos los numerosos crímenes del nazismo. La revelación del horror ocurrido en los campos de concentración obligó a parte de la población alemana (especialmente a su juventud) a enfrentarse con la responsabilidad histórica de su nación. Habermas describe este momento como un auténtico shock político y ético. Conocer Auschwitz supuso una transformación moral duradera de la cultura política alemana, sostiene.
A esta experiencia se sumó una vivencia personal: Habermas había nacido con una malformación en el paladar que afectaba a su habla y que le obligó a someterse a varias operaciones durante su infancia. Esta dificultad para comunicarse con otros le hizo especialmente consciente del valor de la palabra, el diálogo y la necesidad de participar en el espacio público. Desde muy joven se interrogó en torno a cómo podría una sociedad evitar caer de nuevo en formas de dominación totalitaria, un interrogante cuya respuesta trató de desarrollar en su pensamiento posterior.














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