Se suele atribuir a Alfred North Whitehead la frase que dice que toda la historia de la filosofía —y quizá de todo el pensamiento occidental— es una serie de notas a pie de página de los Diálogos de Platón. Numerosas cuestiones e interrogantes pueden plantearse frente a esta controvertida idea. Por ejemplo, en primer lugar, se puede pensar si es realmente Platón quien merece ese lugar privilegiado o si, en cambio, se podría hablar de más de un gran maestro a quien el resto de los sistemas filosóficos intentan respaldar, responder, refutar o disolver.
En segundo lugar, por poner otro ejemplo, podría pensarse que esta caracterización de la práctica filosófica le confiere cierta banalidad. Por decirlo de otra manera, ¿de qué podría servir que una gran cantidad de personas se ocupen en la actualidad de Platón, de responder a las ideas de alguien que murió hace más de dos mil años?, ¿cómo podría ser eso relevante para nuestra vida hoy?
Con respecto a esto, se podría responder que este corpus de problemas filosóficos y de modos de abordarlos se ha ido actualizando en cada momento: es una caja de herramientas que se reconvierte históricamente. Por ello, la adjudicación de anacronismo no sería adecuada. También se podría señalar que, incluso en esa tarea de actualización, una y otra vez nos ocurre que las formas de plantear los problemas filosóficos del pasado nos sorprenden. La actualidad de Platón tendría que ver con esa sorpresa permanente.












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