Fernando Pessoa comienza el Curso Superior de Letras, que abandonará tras dos años. Prefiere estudiar por su cuenta. Pasa mucho tiempo en la Biblioteca Nacional, donde lee filosofía, religión, literatura o sociología. Comienza la trayectoria del que es hoy uno de los escritores portugueses más importantes de todos los tiempos.
A pesar de sus diversas ocupaciones, entre las que encontramos la crítica literaria y la traducción, de alguna manera a Pessoa la realidad le era insuficiente. A modo de lucha contra esa realidad insípida, decide refugiarse en el ser. Un ser que se le quedaba pequeño, que no podía contener todo lo que Pessoa quería explorar, todo lo que tenía dentro. Así, nacen sus otros yos o heterónimos, identidades diversas que Pessoa dota de biografía, personalidad, características físicas e ideología propias.
Él mismo, o más bien uno de estos yos, Bernardo Soares, afirmaba en Libro do desasosego:
«Continuamente sinto que fui outro, que senti outro, que pensei outro».
De todos los creados —entre los que podemos encontrar un astrólogo, un crítico literario inglés o un monje—, destacan Alberto Caeiro, Ricardo Reis y Álvaro de Campos. Tanta importancia tienen estos heterónimos en su obra literaria que apenas publica bajo el nombre de Fernando Pessoa.
A Pessoa la realidad le era insuficiente. A modo de lucha contra esa realidad insípida, decide refugiarse en el ser. Un ser que se le quedaba pequeño, que no podía contener todo lo que Pessoa quería explorar
Obra y vida de Pessoa: un ejercicio poético-filosófico
Ricardo Reis fue un médico monárquico, caracterizado por la simplicidad, la serenidad y la aceptación de la relatividad de las cosas. Álvaro de Campos, un ingeniero que estudió en Escocia y viajó por Oriente. Es el más vanguardista de todos los heterónimos, con una estética ligada al futurismo y el sensacionalismo. Su obra, de una subjetividad radical, converge en la conciencia del absurdo, el tedio, el cansancio vital.
Ambos comparten maestro, Alberto Caeiro. Este heterónimo nace el 8 de marzo de 1914, en un proceso que Pessoa recuerda como un éxtasis a raíz del cual escribe, de una sentada, los más de treinta poemas que componen Guardador de rebanhos. Caeiro es un poeta de actitud antimística que reivindica la serenidad y la simplicidad de las cosas. Su temática se podría resumir en «As coisas não têm significado: têm existência». Su voz poética busca aceptar el mundo tal como es y tratar de comprenderlo a través de la percepción.
La heteronimia, según Gisele B. Candido, no puede considerarse un mero artificio literario, sino un auténtico ejercicio poético-filosófico, pues promueve una descentralización del sujeto de la experiencia, lo cual pasa a ser aprender por medio de la diferencia. Es posible entender como forma de conocer al otro[1].
«Sinto-me viver vidas alheias, em mim, incompletamente, como se o meu ser participasse de todos os homens […] por uma suma de nao-eus sintetizados num eu posticso».
[Siento que vivo vidas ajenas, en mí, incompletamente, como si mi ser participase de todos los hombres […] individualizado en una suma de no-yoes que se sintetizan en un yo simulado].
Caeiro es un poeta de actitud antimística que reivindica la serenidad y la simplicidad de las cosas. Su voz poética busca aceptar el mundo tal como es y tratar de comprenderlo a través de la percepción
El propio Pessoa decía sobre sus heterónimos:
«El origen de mis heterónimos es el hondo trazo de histeria que existe en mí. El origen mental de mis heterónimos está en mi tendencia orgánica y constante hacia la despersonalización y la simulación: hacen explosión hacia dentro y los vivo yo a solas conmigo».
La temática de su poesía remite a temas filosóficos. Pessoa es un poeta animado por la filosofía, como él dice. Con similitudes con algunos filósofos —algunos lo consideran precursor del ideario de pensadores como Heiddeger o Sartre—, «recorre las sendas existenciales de la angustia, la extrañeza, la náusea o el tedio de vivir»[2].
«Numa angustia sem remédio
Tenho febre na ala, e do ser
Tenho saudade, entre o tédio
Só do que nunca quis ter…
[En una angustia sin remedio
tengo fiebre en el alma, y del ser
tengo nostalgia, entre el tedio
solo de aquello que nunca quise tener…]».
El orden y el caos, la angustia metafísica
La falta de orden estructura su obra. Su discurso presenta como característica la fragmentariedad. En sus versos se pueden detectar contradicciones (orden y caos, lo indisoluble y lo plural), creando el hilo coherente de su obra y su vida[3].
Pessoa no quería verse limitado a un solo ser. En él existían tantas vidas a las que necesitaba darles voz… Caeiro, Reis y De Campos son prolongaciones de la persona, ecos de Pessoa. Su legado fueron sus más de setenta heterónimos, que de algún modo le permitían ramificar y multiplicar todo lo que llevaba dentro. Un viaje simbólico a otros mundos, en busca de todos esos otros que lo habitaban.
Escribía Bernando Soares que «nacimos ya en plena angustia metafísica, en plena angustia moral, en pleno desasosiego político». Esta angustia metafísica la mantiene Pessoa hasta el final de sus días, cuando escribe: «Dá-me mais vinho, porque a vida é nada».
*Este artículo se publicó originalmente en el número 3 de nuestra revista impresa.
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Notas
[1] Gisele B. Candido. As experiências poético-filosóficas de Fernando Pessoa e a nâo-filosofia de Alberto Caeiro (2019). Phenomenological Studies, Revista da Abordagem Gestáltica, XXV (2), p. 196-208.
[2] Pedro Martín Lago. Filosofía y sociedad en F. Pessoa. AGORA (1989). 8, p. 137-144.
[3] Julia Alonso Diéguez. Fernando Pessoa: un filósofo animado por la filosofía. Thémata (2012). Vol. 45, p. 451-483.
















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