Cuando Miguel de Unamuno, en su Vida de Don Quijote y Sancho, explicaba que los personajes a los que dio vida Cervantes eran más reales que su propio creador, no hacía con ello un simple halago literario al autor de la célebre obra. El escritor vasco estaba convencido de que don Quijote y Sancho no eran meras creaciones, sino que con su ir y venir, transido de innumerables aventuras, habían ganado terreno al mismísimo Cervantes en lo que a su materialidad se refiere.
Algo muy parecido ocurre con los personajes de cualquiera de las historias ideadas por William Shakespeare (Romeo y Julieta, Lear, Hamlet, Otelo, Macbeth, Antonio y Cleopatra, etc.), contemporáneo del propio Miguel de Cervantes, quien desde muy joven gustó de escribir versos. Una vocación que pronto le valdría el reconocimiento de la posteridad (si bien no tanto de su propia época). Casi aún adolescente, contrae matrimonio en 1582 con Ana Hathaway, con la que tendría tres hijos (Susana, Hamnet —de muerte funesta, a los doce años— y Judit).













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