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Revista FILOSOFÍA&CO | Número 16

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F+ La afectividad de la protesta: entre el miedo y la esperanza

La filósofa colombiana Laura Quintana relata en primera persona el paro y la manifestación del 21N que ella misma vivió en Bogotá y reflexiona acerca de los afectos que la protesta despierta.

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«En la atmósfera se percibe algo distinto, unas fuerzas vivas se están manifestando aquí y ahora y no se van a dispersar tan fácilmente. Lo escribo claro en la evidente incertidumbre, en medio de la inquietud y el dolor por quienes están más expuestos y ya han sido reprimidos, y de la esperanza viva por lo que aún puede pasar», escribe Laura Quintana sobre las protestas actuales en Colombia. Diseño hecho a partir de ilustración de OpenClipart-Vectors, de Pixabay, a la que hemos añadido las banderas de Colombia (izda.) y la wiphala, la indígena.
«En la atmósfera se percibe algo distinto, unas fuerzas vivas se están manifestando aquí y ahora y no se van a dispersar tan fácilmente. Lo escribo claro en la evidente incertidumbre, en medio de la inquietud y el dolor por quienes están más expuestos y ya han sido reprimidos, y de la esperanza viva por lo que aún puede pasar», escribe Laura Quintana sobre las protestas actuales en Colombia. Diseño hecho a partir de ilustración de OpenClipart-Vectors, de Pixabay, a la que hemos añadido las banderas de Colombia (izda.) y la wiphala, de los pueblos indígenas.

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Los afectos son haces de fuerza que atraviesan lo más íntimo y cotidiano, las estructuras más arraigadas, los espacios que habitamos, las instituciones que nos norman. Nietzsche y Deleuze, en el camino de Spinoza, lo comprendieron bien. En medio de los afectos se configura lo que deseamos y aceptamos, lo que odiamos y rechazamos, lo que nos atrae y lo que nos repulsa, lo que tememos y nos asedia, lo que nos resulta indiferente, lo que nos despierta escepticismo e incredulidad; lo que produce pánico.

Son como unas corrientes subterráneas que circulan en lo menos visible e impensado de nuestra experiencia. Y también la configuran como nuestra, como algo que recorre multiplicidades de cuerpos y su singularidad. También en los eventos que fracturan lo que habitualmente sucede aparecen esas fuerzas del deseo, que nos mueven o nos dejan en la mayor perplejidad. Muchos efectos políticos del mundo que habitamos tienen que ver con esta dimensión, pues si lo mismo se reitera o puede cambiar también depende de lo que anida en y se expresa desde la afectividad.

Por eso quisiera detenerme en una cierta constelación de afectos que he trazado a partir de ese evento que quienes nos manifestamos en Colombia recientemente llamamos «21N». Un evento que aún continúa como un efecto extendido, que puede ir adquiriendo la realidad de un paro, que muchos colombianos esperamos continúe –en medio de las estrategias de pánico y de disuasión– hasta que algo realmente pueda cambiar.

En medio de los afectos se configura lo que deseamos y aceptamos, lo que odiamos y rechazamos, lo que nos atrae y lo que nos repulsa, lo que tememos y nos asedia, lo que nos resulta indiferente, lo que nos despierta escepticismo e incredulidad; lo que produce pánico

La que trazo es una constelación muy limitada, porque es sólo como un close up, la captura de un momento que tiene una raíces afectivas profundas en la historia de múltiples violencias estructurales y de luchas que han tejido la vida psíquica y corporal de Colombia; una historia que exigiría, entre otras cosas, un análisis genealógico de múltiples afectos de miedo, rabia, indignación, resentimiento, desprecio, etc., de conflictivas y diversas irradiaciones que aquí se han conformado.

El acercamiento que quiero hacer ahora empieza con el anuncio mismo del paro para el 21 de noviembre. Y cómo este anuncio desencadenó una serie de especulaciones, proyecciones, rumores en los grandes medios, en los portavoces y representantes del gobierno, sobre una protesta que se planificaba con tanto tiempo, y cuyos seguidores empezaban a crecer, y seguían creciendo, haciendo cada vez más visibles sus voces en las redes sociales: sus reclamos, sus razones, su entusiasmo en aumento y su indignación. Una indignación desencadenada con mayor fuerza, recientemente, por el mal gobierno vigente, sus mentiras, sus planes de precarizar más la vida de los ciudadanos del común, sus bombardeos a niños, entre otros.

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