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Revista FILOSOFÍA&CO | Número 15

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F+ François Bonnet: «Estamos demasiado influenciados por el lenguaje y la música puede ser un escape»

«La música por venir», el libro más reciente del filósofo francés François Bonnet, comienza con una afirmación muy atrevida: lo que socialmente entendemos como música no es, realmente, lo que la música es. Se trata de normas, estructuras de poder que imponen una visión específica sobre el fenómeno musical.

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François Bonnet analiza la experiencia musical moderna y las teorías que hacemos de ella. Imagen cedida por el entrevistado.
François Bonnet analiza la experiencia musical moderna y las teorías que hacemos de ella. Imagen cedida por el entrevistado.

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Hace pocos meses, la editorial Tercero Incluido publicaba un manifiesto (corto pero radical, como debe ser un buen manifiesto) centrado en el sonido y eso que normalmente llamamos «música». Lleva por título La música por venir, y lo escribe el compositor, comisario y teórico francosuizo François J. Bonnet, conocido también como Kassel Jaeger.

En La música por venir se reúnen muchas de las preocupaciones que acompañan a Bonnet tanto a nivel práctico como teórico, como la naturaleza de lo sensible, la percepción, los discursos de poder, el sonido y sus reducciones culturales. En el punto de mira de este texto está el problema de la música, un arte escurridizo y de difícil definición que, de acuerdo con Bonnet, «sigue estando por descubrir».

Una de las tesis centrales de este manifiesto aparece casi nada más comenzar, cuando Bonnet nos dice que «la mayoría de las veces la música no es música. Es promesa de música, preparación o evocación. Apunta a ella, pero no llega a devenir música». Confundimos la música con las reglas que delimitan su aparición, como sistemas tonales, modales o atonales, formas de notación u otros elementos discursivos. Nada de esto es propio a la música, sino que la rodea y la absorbe, ocultando lo que ella es en realidad. Finalmente comprendemos, gracias a Bonnet, que la música es un acontecimiento que se esconde detrás de todo su aparataje convencional: por eso está todavía por venir.

Además de haber escrito varios libros en los últimos años, como Les mots et les sons: un archive sonore (2012), Après la mort (2017) o El infra-mundo (2020), Bonnet es el director del Groupe de Recherches Musicales del Institut de l’Audiovisuel (INA-GRM). Este último fue fundado por Pierre Schaeffer en 1957 y se considera como uno de los lugares en los que nació la música elecroacústica.

En nuestra conversación, preguntamos a Bonnet por algunos de los presupuestos filosóficos que han guiado los aforismos que componen su manifiesto. No buscamos hacer, de su mano, un resumen de lo que escribe en La música por venir, sino comprender algunas de las cuestiones que superan las páginas del libro, y que aparecen poéticamente en frases tan punzantes como: «Por una música que se da a la escucha como a las orillas del mar…».

François Bonnet sostiene que la música es, en realidad, una promesa incompleta dentro de lo que denominamos «música». De ahí la idea de la música por venir. Esto nos lleva a una pregunta un poco obvia, pero compleja: ¿qué es la música, entonces? La situación se complica aún más cuando entendemos que apaciguar la música con una definición equivale a adherirla a una estructura. La música es fugaz, está en perpetuo movimiento, lo que dificulta o imposibilita su definición.

FILOSOFÍA&CO - Portada Bonnet
La música por venir, de François Bonnet (Tercero Incluido y Ediciones la Cebra).

¿Deberíamos pensar en otras aproximaciones para responder a la pregunta de qué es la música, pensando, por ejemplo, en lo que la música puede hacer? ¿O acaso todas estas preguntas epistemológicas terminan reduciendo la música a su representación?
En mi forma de pensar y de estructurar mi pensamiento, no busco realmente una solución. Y creo que si consideramos la música como adventus en lugar de como frabrica —algo que sucede en lugar de algo que se ha fabricado y ensamblado pieza por pieza—, entonces podemos, a nivel filosófico, tener una idea satisfactoria de la música como algo que no necesita resolución.

Creo que el ejemplo que has dado, «lo que la música puede hacer», puede ser engañoso y formar parte de una reinversión de corrientes discursivas hacia la experiencia musical. Pensemos, por ejemplo, en lo que la música puede hacer: la música puede sanar, afirman algunos. Sea esto cierto o falso, es un ejemplo de una estrategia diseñada para redefinir lo que es la música a través de sus posibles efectos.

Todas las teorías que vinculan la armonía, las matemáticas y la música —que provienen de la antigüedad y han sido manipuladas de diversas maneras, como sabemos— también son formas de explicar la música como parte de un orden sagrado de números puros. Pero, de nuevo, para mí todos estos intentos de definir la música a través de su uso son formas de reintegrarla en un flujo de valores controlado, si no normativo.

«Todas las teorías que vinculan la armonía, las matemáticas y la música —que provienen de la antigüedad y han sido manipuladas de diversas maneras, como sabemos— también son formas de explicar la música como parte de un orden sagrado de números puros»

En este libro dice que la música es incognoscible, lo que convierte nuestro acercamiento a ella una cuestión de sentimiento y sensibilidad más que de conocimiento. Pero, si la música es lo incognoscible, si siempre es fugaz, ¿cómo podemos elaborar una filosofía de la música que no sea reducible y que no esencialice ni antagonice el fenómeno con otros elementos?
Si hablamos en términos de filosofía, lo que mencionas existe con bastante frecuencia, es decir, el intento por definir –o aprehender, mejor que definir– lo inalcanzable.

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