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F+ François Bonnet: «Estamos demasiado influenciados por el lenguaje y la música puede ser un escape»

«La música por venir», el libro más reciente del filósofo francés François Bonnet, comienza con una afirmación muy atrevida: lo que socialmente entendemos como música no es, realmente, lo que la música es. Se trata de normas, estructuras de poder que imponen una visión específica sobre el fenómeno musical.

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François Bonnet analiza la experiencia musical moderna y las teorías que hacemos de ella. Imagen cedida por el entrevistado.

François Bonnet analiza la experiencia musical moderna y las teorías que hacemos de ella. Imagen cedida por el entrevistado.

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François Bonnet sostiene que la música es, en realidad, una promesa incompleta dentro de lo que denominamos «música». De ahí la idea de la música por venir. Esto nos lleva a una pregunta un poco obvia, pero compleja: ¿qué es la música, entonces? La situación se complica aún más cuando entendemos que apaciguar la música con una definición equivale a adherirla a una estructura. La música es fugaz, está en perpetuo movimiento, lo que dificulta o imposibilita su definición.

FILOSOFÍA&CO - Portada Bonnet
La música por venir, de François Bonnet (Tercero Incluido y Ediciones la Cebra).

¿Deberíamos pensar en otras aproximaciones para responder a la pregunta de qué es la música, pensando, por ejemplo, en lo que la música puede hacer? ¿O acaso todas estas preguntas epistemológicas terminan reduciendo la música a su representación?
En mi forma de pensar y de estructurar mi pensamiento, no busco realmente una solución. Y creo que si consideramos la música como adventus en lugar de como frabrica —algo que sucede en lugar de algo que se ha fabricado y ensamblado pieza por pieza—, entonces podemos, a nivel filosófico, tener una idea satisfactoria de la música como algo que no necesita resolución.

Creo que el ejemplo que has dado, «lo que la música puede hacer», puede ser engañoso y formar parte de una reinversión de corrientes discursivas hacia la experiencia musical. Pensemos, por ejemplo, en lo que la música puede hacer: la música puede sanar, afirman algunos. Sea esto cierto o falso, es un ejemplo de una estrategia diseñada para redefinir lo que es la música a través de sus posibles efectos.

Todas las teorías que vinculan la armonía, las matemáticas y la música —que provienen de la antigüedad y han sido manipuladas de diversas maneras, como sabemos— también son formas de explicar la música como parte de un orden sagrado de números puros. Pero, de nuevo, para mí todos estos intentos de definir la música a través de su uso son formas de reintegrarla en un flujo de valores controlado, si no normativo.

«Todas las teorías que vinculan la armonía, las matemáticas y la música —que provienen de la antigüedad y han sido manipuladas de diversas maneras, como sabemos— también son formas de explicar la música como parte de un orden sagrado de números puros»

En este libro dice que la música es incognoscible, lo que convierte nuestro acercamiento a ella una cuestión de sentimiento y sensibilidad más que de conocimiento. Pero, si la música es lo incognoscible, si siempre es fugaz, ¿cómo podemos elaborar una filosofía de la música que no sea reducible y que no esencialice ni antagonice el fenómeno con otros elementos?
Si hablamos en términos de filosofía, lo que mencionas existe con bastante frecuencia, es decir, el intento por definir –o aprehender, mejor que definir– lo inalcanzable.

Kant lo intentó; Spinoza, de una forma diferente; y Deleuze, por supuesto, cuando habló del devenir y todas esas potencias que viajan de una a otra sin estar fijas. Algo de lo que me he dado cuenta bastante tarde es que la filosofía como fábrica de conceptos no implica que haya que apaciguarlo todo, o, como escribieron Deleuze y Guattari en ¿Qué es la filosofía?, la filosofía no va de juntar conceptos pieza por pieza como en un rompecabezas.

Los bordes de cada concepto no se ajustan entre sí, y cada vez que tomas un concepto de otro filósofo para usarlo, estás creando tu propio concepto. Por eso, si tienes una idea en la cabeza, no es porque no todo está en su lugar por lo que no puedes avanzar en tu forma de pensar o extraer conocimiento, y creo que esto es aplicable a la música. La música surge del sonido, y el sonido es algo inaprehensible.

Ese fue el objetivo de mi primer libro, Les mots et les sons: un archipel sonore (2012). El sonido es tan evanescente que ha estado expuesto a fuertes corrientes discursivas diseñadas para intentar captarlo de alguna manera, para estabilizarlo, y creo que con la música ocurre lo mismo. Para mí, la continuidad entre Les mots et les sons y La música por venir radica en que la música es algo que encierra cierto misterio, y no es cuestión de trascendencia ni nada por el estilo, sino del misterio propio de algo sin resolver.

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