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F+ La mística y la insuficiencia del lenguaje

La experiencia que definen los místicos es inefable y esta paradoja está en el centro de toda la tradición de la mística. Los místicos poetas o los místicos filósofos escriben mucho, son muy prolíficos, pero la mayor parte de sus escritos versa sobre lo que no puede decirse, sobre la insuficiencia del lenguaje para poder comunicar lo que está en el núcleo de la vivencia. ¿Cómo puede ser esto? ¿Cómo puede ser que se insista constantemente en decir aquello que no puede ser dicho?

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En la mística el cuerpo se deshace y el lenguaje es insuficiente. Este fotograma pertenece a la videoinstalación titulada «Emergence» (2002), una de las obras más célebres del pionero del videoarte Bill Viola.
En la mística el cuerpo se deshace y el lenguaje es insuficiente. Este fotograma pertenece a la videoinstalación titulada «Emergence» (2002), una de las obras más célebres del pionero del videoarte Bill Viola.

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El silencio que no puede callarse

La experiencia mística es una experiencia de contacto con el mundo en sí mismo (si queremos ser ateos) o de roce con Dios y lo sagrado (si somos más creyentes). Es una tradición que atraviesa casi todas las culturas y religiones y que tienen todas ellas el mismo núcleo, a saber, que esa dimensión mística de la experiencia se puede, como mucho, mostrar, pero no conceptualizar o describir. Fue Pseudo-Dioniosio Areopagita el que inaugura en el siglo V una tesis que dio lugar después a la teología apofática, o de la vía negativa, según la cual de Dios no puede afirmarse nada porque toda afirmación es siempre una codificación limitante del ser y del mundo. Algo así como esta visión extendida en redes que dice que definirse es limitarse. Pues, según esta corriente de la teología, con Dios sí que ocurriría eso. A Dios todos los predicados se le quedan pequeños, es infinito, no tiene límite ni determinación. Como mucho podemos decir, piensan estos teólogos, lo que no es (no es finito, no es corpóreo…).

Aunque tampoco es tan sencillo como negar todo porque, técnicamente, si Dios es precisamente algo, es todo. Es infinito. O sea que si hay una vía que es insuficiente es la de la negación. De hecho, si lo pensamos bien, la negación (aunque menos) es también un camino insuficiente porque es también una forma de relación conceptual. Para que podamos entender qué es esa dimensión, lo que hay que hacer es negar incluso la negación. Y este es el punto de conflicto principal entre el lenguaje y la mística: el lenguaje del místico es un lenguaje suicida, que debe inmolarse constantemente para ser fiel al objeto. O sea, que debe ponerse trampas constantemente a sí mismo (contradicciones, por ejemplo) para ser lo más fiel posible a lo que se quiere decir. Vemos esto con la célebre frase de Plotino de que el Uno está «más allá del ser y del pensamiento».

Del Uno no puede decirse nada porque está más allá que todo este conjunto de palabras limitantes e imperfectas que constituyen los lenguajes.

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