Entre 1895 y 1916, Emilia Pardo Bazán, la condesa rebelde, católica monárquica, pero liberal en sus costumbres y acérrima defensora de los derechos de la mujer, publicó en el semanario barcelonés La ilustración artística una ingente cantidad de crónicas sobre «la vida contemporánea», en muchas de las cuales narró lo que entonces se denominaba crímenes pasionales o actos de violencia doméstica, denunciando la indiferencia social ante esa brutalidad atávica y supuestamente natural, surgida del autoritarismo y del desprecio del varón por el sexo femenino. Ya casi sobre el final de la serie, que aún prosigue impertérrita en la realidad después de pasados cien años, concluía:
«Con razón decía un célebre jurisconsulto que la vida no está protegida; pero debió añadir en especial la de la mujer. Todo español cree tener sobre la mujer derecho de vida o muerte. Lo mismo da que se trate de su novia, de su amante, de su esposa. Los celos disculpan los más atroces atentados, las venganzas más cruentas; y los que se escandalizan de las barbaridades de la guerra (que al fin tiene un carácter colectivo y de interés general) disculpan esas atrocidades individuales, como si fuese lícito nunca tomarse la justicia por la mano».













Deja un comentario