¿Un libro para gobernantes?
Una pregunta ha tratado de ser respondida desde hace siglos: ¿para quién escribió Maquiavelo El príncipe? Una primera posibilidad es considerar que fue pensado como un tratado en el que Maquiavelo, observador y estudioso, se propuso reunir conocimientos y experiencias con el objetivo de ofrecer un conjunto de saberes a fin de orientar las acciones de «los grandes hombres». Es decir, El príncipe sería una entre tantas otras obras de la tradición conocida como «libros de consejo».
Pero esta lectura se topa con una evidente paradoja: si el escrito se proponía servir al príncipe y, por tanto, contenía claves que habían de mantenerse a resguardo, en secreto —pues allí había orientaciones y métodos que los gobernantes habían de seguir para gobernar un pueblo—, no se entiende entonces que Maquiavelo decidiese publicarlo, socializarlo, porque al hacerlo desvelaba, y con ello desvalorizaba, un saber que había de permanecer oculto. Es decir, desnudando el funcionamiento del poder, socializando sus mecanismos de funcionamiento, desenmascarando sus procedimientos y artimañas, desarmaba al príncipe.















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