El umbral del mal
Todo espacio cultural es siempre un territorio: florecen discusiones, hay cambios de estación, conviven distintas especies, hay tensiones, ciclos…, pero también, como en todo territorio, hay fronteras. En la historia de nuestra cultura, una de esas fronteras es querer el mal. No es posible porque, por definición, nuestro territorio se construye en torno a la alta valorización de lo bueno. Es en este espacio liminar, entre desear el mal y construir a partir de él todo un sistema, donde el marqués de Sade alzó todos sus textos.
Sin duda, esto hace que los textos de Sade sean difíciles de digerir. No solo por las escenas que aparecen en Justine o en Los 120 días de Sodoma, sino, y más bien, por la pretensión inquietante de construir todo un sistema filosófico a partir del mal. Y ese gesto, esa operación intelectual, sigue siendo hoy tan inquietante y perturbadora como cuando la escribió el marqués de Sade hace más de doscientos años.















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