Jeremy Bentham ha pasado a la historia del pensamiento, además de por sus revolucionarias propuestas reformistas, por la filosofía en la que éstas estaban basadas y que él mismo fundó: el utilitarismo.
Este término, que obviamente proviene de la palabra «útil», busca cumplir precisamente el significado que le daba Bentham: aquello que resulta del cálculo entre el placer que genera una acción menos el sufrimiento que dicha acción produce en las personas involucradas en ella. Bentham quiso, ante todo, crear una filosofía que fuera clarificadora y práctica, que pudiera delimitar sin atisbo de duda las leyes, la psicología humana, los valores que la rigen o la responsabilidad de nuestros actos.
La felicidad es identificada por Bentham con el placer y la ausencia de dolor, algo defendido ya en Grecia por Epicuro. Bentham establece que, si nuestras acciones promueven la felicidad de aquellas personas implicadas directa o indirectamente, podremos concluir que son buenas acciones. El utilitarismo, al identificar el bien con el resultado de una acción, es una ética teleológica (del griego τέλεος: fin o finalidad) o consecuencialista.














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