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La portada muestra una mano introduciendo una papeleta en una urna, como en unas elecciones democráticas. Bajo la imagen, el título del dosier: "DEMOCRACIAS. Grietas y rutas de una idea irrenunciable, por Carmen Madorrán". El fondo es de un azul verdoso, de textura como si fuera una moqueta. La "urna" es una construcción de tablas de colores azul oscuro, amarillo y rojo. Hay personas a su alrededor, entre las tablas y empujando las tablas, construyendo la urna y caminando sobre ella. La mano que introduce la papeleta es de color negro, con una manga blanca.

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NÚMERO 9

Dosier

Democracias

Grietas y rutas de una idea irrenunciable

F+ Akbar, el rey de la tolerancia religiosa en la India

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Akbar pertenecía a la dinastía de los mogoles, emperadores musulmanes persas descendientes del mongol Gengis Khan que controlaron buena parte del suroeste de Asia durante más de tres siglos. Gobernó entre 1556 y 1605 y llegó a controlar un territorio que se extendía por el actual norte de India, partes de Pakistán y llegaba hasta Kabul. En la India construyó este conjunto palaciego de Fatehpur Sikri. Foto: José María Rodero.

Akbar pertenecía a la dinastía de los mogoles, emperadores musulmanes persas descendientes del mongol Gengis Khan que controlaron buena parte del suroeste de Asia durante más de tres siglos. Gobernó entre 1556 y 1605 y llegó a controlar un territorio que se extendía por el actual norte de India, partes de Pakistán y llegaba hasta Kabul. En la India construyó este conjunto palaciego de Fatehpur Sikri. Foto: José María Rodero.

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En 1582, Felipe II, rey de España y Portugal, recibió una carta de la lejana India escrita por Akbar, el emperador. El objetivo de la misiva era felicitar al monarca por su reciente ascenso al trono, pero el escrito contenía también un mensaje de tolerancia poco habitual en una época en la que la persecución religiosa asolaba Europa.

Por José María Rodero

La carta de Akbar decía así:

“Los hombres se encuentran atados a las cadenas de la tradición y, mediante la imitación de sus padres, continúan los caminos seguidos por ellos sin investigar sus propios argumentos y razones para seguir la religión en la que nacieron y fueron educados. Por tanto, se excluyen a sí mismos de la posibilidad de alcanzar la verdad, que es la aspiración más noble del intelecto humano. Es por ello por lo que nosotros nos relacionamos con hombres cultos de todas las religiones, beneficiándonos de sus exquisitos discursos y de sus exaltadas aspiraciones”.

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