Bernard Williams y el cultivo del diálogo

Rogelio Rodríguez Muñoz

Bernard Williams, considerado por «The Times» como «el filósofo de la moral más importante de su tiempo». Fotografía de Neil Turner tomada en Oxford, en octubre de 1986 (cedida a dominio público).
Bernard Williams, considerado por The Times como «el filósofo de la moral más importante de su tiempo». Fotografía de Neil Turner tomada en Oxford, en octubre de 1986 (cedida a dominio público).

Bernard Williams fue uno de los filósofos más destacados en los campos de la ética y la filosofía moral del siglo pasado. Lamentablemente desconocido para el público de habla hispana, revisamos su recepción de figuras filosóficas de la talla de Platón y la importancia que para él tiene el diálogo.

Por Rogelio Rodríguez Muñoz

El filósofo inglés Bernard Williams (1929–2003) es un pensador sobresaliente cuyas preocupaciones intelectuales recorren, fundamentalmente, los terrenos de la ética, la historia de la filosofía y la reflexión política.

Bernard Williams
El sentido del pasado. Ensayos de historia de la filosofía, de Bernard Williams (Fondo de Cultura Económica).

Su libro El sentido del pasado es una obra conformada por 25 ensayos escritos a lo largo de 41 años, donde indaga con profundidad en las ideas de las principales figuras del pensamiento occidental, desde Homero, los filósofos presocráticos —Sócrates, Platón y Aristóteles—, pasando por Descartes, Hume, Nietzsche, Collingwood, hasta el contemporáneo Ludwig Wittgenstein.

Bernard Williams y Platón

Bernard Williams, entre los pensadores examinados, pone de relieve a Platón (en el ensayo Platón: la invención de la filosofía, de 1998), en quien encuentra que convergen nítidamente las cualidades de los grandes filósofos: fuerza intelectual, hondura reflexiva, amplio alcance de miras, fértil imaginación, no conformismo con la seguridad superficial y los dones de un notable escritor.

Resalta el hecho de que Platón no escribió tratados, como la mayoría de los maestros pensadores de Occidente, sino diálogos. Bernard Williams señala que este filósofo griego «reconocía que los diálogos no podían ser los vehículos de un mensaje determinado, justamente debido a que no pretenden controlar las mentes de sus lectores, sino abrirlas». Por tanto, la práctica de esta actividad discursiva, aunque no alcance siempre conclusiones definitivas, es el mejor ejercicio para el crecimiento intelectual. El diálogo es, visto de esta forma, una invitación a pensar.

Dos cosas ocurren con los diálogos de Platón. Primero, reflejan la generosidad de un pensador que no cierra las puertas a las diversas maneras de enfocar un tema. Un pensador que muestra un fuerte respeto, al punto de exponer abiertamente las tesis de interlocutores que argumentan contrariamente a sus planteamientos. Segundo, dice Bernard Williams, un pensador con una escritura que no siempre es garantía de alcanzar un conocimiento seguro o una verdad. Y es que muchas de las obras platónicas finalizan sin que se alcancen conclusiones absolutas, es decir, mostrando caminos intelectuales aporéticos o callejones sin salida.

Sin embargo —y tal es el legado de Platón—, como ejercicio de razonamiento, como genuino gesto filosófico, el diálogo es un proceso dialéctico que contribuye en alta medida al enriquecimiento y crecimiento de los participantes. El diálogo es la representación intelectual en su más lograda condición y, además, es el espacio preciso para poner de relieve principios éticos fundamentales para la convivencia humana, como el reconocimiento de la propia ignorancia, el respeto al derecho de expresión del otro o el reconocimiento del oponente como un igual.

Al leer las páginas de Bernard Williams sobre la importancia de la filosofía platónica nos damos cuenta que no se puede desconocer la deuda que tenemos con el pensamiento griego antiguo, en general, y con Platón, en particular. De hecho, un buen indicador para medir el grado de madurez y sanidad de nuestras sociedades podría ser explorar hasta qué punto la práctica del diálogo está instalada como ejercicio ciudadano en ellas (hasta qué punto hemos recogido y aprovechado esta herencia valiosa del pensamiento griego). 

Porque una sociedad en que se teme la crítica y la confrontación de razones, en que lo «políticamente correcto» se torna un escudo para no fomentar el debate ni la libre expresión de ideas, es, sin ninguna duda, un espacio de convivencia social cerrado y enfermo.

Sobre el autor

Rogelio Rodríguez Muñoz es académico de la Universidad de Santiago de Chile, la Universidad Diego Portales y la Universidad Mayor.

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