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Impulsar y enseñar la actitud filosófica

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La filosofía es considerada normalmente una disciplina demasiado espesa para los niños, un cerco exclusivo de (algunos) adultos (eruditos). Sin embargo, cada vez más, y especialmente en el ámbito hispánico, está cobrando fuerza la filosofía para niños como una llave que pueda ayudarles a entender sus propios candados. Diseño realizado a partir de la ilustración de Kester (Licencia CanvaPro).

La filosofía es considerada normalmente una disciplina demasiado espesa para los niños, un cerco exclusivo de (algunos) adultos (eruditos). Sin embargo, cada vez más, y especialmente en el ámbito hispánico, está cobrando fuerza la filosofía para niños como una llave que pueda ayudarles a abrir y entender sus propios candados. Diseño realizado a partir de la ilustración de Kester (Licencia CanvaPro).

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La filosofía, como el resto de humanidades, está sufriendo un acoso cada vez mayor bajo el imperativo de lo útil, de lo aprovechable, o de los mandatos del mercado laboral. Pero la filosofía es necesaria para generar una ciudadanía crítica, base de toda democracia. Para este objetivo, debería ser prioritario fomentarla entre los más pequeños. Ahora bien, ¿cómo enseñar filosofía para niños? ¿Basta con enseñarles historia de la filosofía, pero de una forma simplificada? ¿O se trata, más bien, de enseñarles a pensar?

¿Por qué la filosofía?

En un escenario que va tan sumamente rápido, enganchado enfermizamente a las dinámicas de productividad y rentabilidad, se olvida en muchas ocasiones el valor de la pausa y la lentitud y, asociado a él, el de la curiosidad y el asombro. Al aceptar sin cuestionamiento la aceleración de cualquier actividad y proceso vital, se pierde, también, la capacidad para detenernos y contemplar nuestro paisaje interior y exterior. La pregunta sobre por qué la filosofía tiene en este contexto su mayor urgencia.

En el meollo de este contexto, a la vez altamente tecnologizado y dominado por las pantallas y el auge de las inteligencias artificiales, la importancia de las humanidades —en particular de la filosofía— cobra un papel central, imprescindible, insustituible. No solo en términos individuales, sino también sociales. Cuando alcanzamos la valentía para pensar nuestro mundo y nuestra circunstancia concreta, evitamos ser víctimas de la perversa polarización y de la constante hiperestimulación a la que nuestros sentidos y nuestro intelecto quedan expuestos. Cuando todo va más rápido, resulta más sencillo caer en las garras de la manipulación, tanto emocional como intelectual.

Por estas razones, deberíamos preguntarnos por la paulatina y permanente erosión que la filosofía y la ética, como disciplinas académicas, sufren en los planes académicos de los estudiantes. Sobre todo en el caso de los más jóvenes (en la educación secundaria); en paralelo, en el ámbito universitario, disciplinas como las filologías, la música o la historia del arte están sufriendo serios varapalos propiciados por el imperativo del provecho y del rendimiento. Ya lo denunció Friedrich Schiller hace más de dos siglos en sus Cartas sobre la educación estética de la humanidad: «La utilidad es el gran ídolo de nuestra época, y a él deben complacer todos los poderes y rendir homenaje todos los talentos».

La filosofía es una herramienta crucial para preguntarnos por nuestro lugar en el mundo y poder desarrollar, de esta manera, una visión crítica de nuestro entorno. No es que sea útil, porque no produce ninguna utilidad, es más inútil, inservible; pero por eso mismo rompe nuestras cadenas, porque elimina lo que de siervos hay en nosotros

¿Actitud filosófica o historia de la filosofía para niños?

No se trata de enseñar en las aulas, desde la niñez, la historia de la filosofía. En términos de psicología evolutiva, hay conceptos complejos (como la belleza, la justicia, la igualdad, el bien o la verdad) que necesitan cierto recorrido experiencial y un alto grado de madurez cognitiva para ser comprendidos, discutidos o desarrollados. Sin embargo, sí se puede mostrar, fomentar y educar en la actitud filosófica. Este es el punto clave. Porque, como sugirió Kant, no consiste en enseñar pensamientos, sino en invitar a pensar.

Sin abusar del manoseado concepto de «pensamiento crítico», que de tan empleado ha dejado de tener sentido, podemos caracterizar la actitud filosófica como una potencia o capacidad de reflexionar comprometida y conscientemente sobre el mundo, el ser humano y, en general, sobre la realidad que nos rodea para, a partir de esa reflexión, generar nuevas preguntas que nos hagan descubrir y, quizá, desmontar nuestros prejuicios. Impulsar esta actitud en niños y jóvenes significa fortalecer el desarrollo de habilidades cognitivas como la creatividad, el análisis, la memoria o la capacidad de síntesis; pero también se trabajan habilidades conductuales, como por ejemplo, aprender a esperar el turno de palabra, la escucha activa o el control de los impulsos.

La actitud filosófica es esencialmente contradogmática: se enfrenta a lo establecido no con afán destructivo, sino para cuestionarlo y preguntarnos por los fundamentos de la realidad. En este sentido, la capacidad interrogadora debe adquirir una centralidad indiscutible en el currículo escolar de niños y niñas, de manera que se les brinde un espacio seguro afectiva e intelectualmente para expresar sus dudas sobre todo cuanto los rodea.

Lo esencial no es tanto dar respuestas definitivas como facilitar un entorno en el que niños, adolescentes y jóvenes puedan desplegar su natural curiosidad. Muchas veces se dice desde el prisma adulto que las nuevas generaciones dan todo por hecho, pero ¿no estaremos siendo los adultos quienes estemos imposibilitando, con planes de estudio cada vez más especializados y centrados en la productividad y la rentabilidad, el desarrollo de sus capacidades intelectuales?

¿Qué aporta la actitud filosófica?

Entre otros aspectos, la introducción de la actitud filosófica en colegios e institutos permite que se desarrollen las siguientes capacidades:

  • Enseña habilidades de razonamiento: los estudiantes aprenden a utilizar habilidades de razonamiento lógico, como la identificación de prejuicios y falacias y, a la vez, evalúan la validez de sus propios argumentos, mientras mejoran su lenguaje.
  • Fomenta la curiosidad y el asombro, pilares de la actitud filosófica y de una actitud escrutadora e investigadora que no se conforma con lo establecido. Para ello, los estudiantes han de ser estimulados a hacer preguntas y explorar temas de interés para ellos, dándoles voz y un entorno seguro en el que expresar sus inquietudes.
  • Muestra la utilidad de un pensamiento crítico y cuestionador: el análisis pormenorizado de la información permite crear conocimiento y valorarlo en un contexto de constante ruido acústico y visual.
  • Facilita e impulsa el diálogo y la empatía: desde Sócrates, el diálogo es una pieza clave del pensar filosófico. Por eso, no solo los adultos, sino también niños y adolescentes han de contar con la oportunidad para hablar y discutir sus convicciones con sus compañeros (sus iguales) y con los docentes (que guían la conversación).
  • Alimenta la creatividad, capacidad estrechamente relacionada con la filosofía, ya que se da a los estudiantes la oportunidad de explorar nuevas ideas, horizontes y perspectivas de pensamiento y de acción.
  • La actitud filosófica aporta un sano y enriquecedor escenario de inquietud y desafíos intelectuales, sobre todo en lo tocante a los dilemas éticos: ¿qué es el bien?, ¿es la vida un valor absoluto?, ¿qué papel cumple en mi vida la autoridad?, ¿debo ser moralmente bueno o, simplemente, seguir las leyes?, etc.
  • A partir de los doce o trece años (comienzo de la educación secundaria) es posible introducir un conocimiento más exhaustivo de la historia de la filosofía. Con ello se aprende y se reflexiona sobre las ideas preponderantes de cada época histórica, se entiende el desarrollo del ser humano y se adquiere conocimiento de las principales figuras que han influido en la historia del pensamiento, un ejercicio que ayuda a los estudiantes a reflexionar sobre sus propias ideas y a desarrollar otras nuevas.

Algunos de los beneficios de enseñar filosofía para niños: enseña habilidades de razonamiento, fomenta la curiosidad y el asombro, muestra la utilidad de un pensamiento crítico y cuestionador, entre otros.

Ejercicios para fomentar la actitud filosófica en niños y adolescentes

En el aula, y desde edades tempranas hasta llegar a los últimos estadios de la educación secundaria, pueden desplegarse distintos ejercicios que facilitan la aparición de la actitud filosófica. Aquí proponemos algunos ejercicios de filosofía para niños (y adolescentes):

filosofía para niños
El mundo según Lea, de Carlos Javier González Serrano (BEASCOA).
  • Proponer problemas éticos a partir de temas que les conciernan y siempre adaptando la complejidad y la hondura a su edad. Por ejemplo, a los niños se les puede plantear si es más bella una flor o una playa, y preguntarles por qué; a los adolescentes se les puede preguntar por el uso de la tecnología y sus implicaciones en nuestra vida; y a los jóvenes se les puede presentar asuntos como el aborto, la diversidad sexual o la eutanasia.
  • Fomentar los debates pautados, siempre sobre temas relevantes y significativos para los estudiantes, como la justicia, la libertad, la verdad o la moralidad. Con ello se valora y evalúa su capacidad para argumentar desde distintos puntos de vista, aprenden a escuchar las perspectivas de los otros y se esfuerzan por presentar argumentos convincentes y hablar correctamente en público.
  • Proponer la lectura de textos filosóficos breves y relacionarlos con problemas de la actualidad, especialmente a partir de los doce o trece años.
  • Realizar preguntas abiertas y no dar todo por sentado, de manera que los estudiantes puedan reflexionar sobre diversos temas (en cualquier materia) con hondura: qué es la felicidad, qué significa para ti ser libre, cuáles son tus inquietudes con respecto al presente y el futuro, etc.
  • Ejercicios de escritura libre: plantear temas sin solución definitiva ni clara (por ejemplo, ¿quién soy yo?, ¿cómo afecta a mi vida la actitud de los demás?) y pedirles que escriban sobre ellos. En la medida en que no sean confesiones que los comprometan emocional o afectivamente, después pueden compartir sus redacciones con el grupo para generar un sano diálogo en el que quepa la divergencia. Hacerlo de manera anónima e intercambiar las distintas redacciones entre compañeros es muy provechoso para entender otras maneras de pensar.
  • Con niños y adolescentes funcionan muy bien los juegos de rol en los que deban tomar decisiones de carácter moral mediante situaciones hipotéticas en las que las categorías de bien y mal quedan desdibujadas.
  • En edades tempranas, es muy efectivo fomentar una lluvia de preguntas filosóficas: sin plantear ninguna respuesta, se pide a los estudiantes que imaginen sus propias preguntas filosóficas. Después se comparten con el grupo y se ponen en común las mutuas inquietudes y se manifiestan las diferencias de perspectiva, lo que también facilita la aparición de la empatía y de la escucha activa.
  • Para vincular la filosofía con la actualidad, es muy útil analizar los mensajes de distintos medios de comunicación sobre una misma noticia. Después, se pregunta de qué manera influyen en nuestro pensamiento y en nuestras acciones la publicidad, los periódicos y redes sociales, etc.
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Una respuesta

  1. Avatar de carlos.ampuero@gmail.com
    carlos.ampuero@gmail.com

    Excelente! Gracias

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GUÍA ESENCIAL
Autora: Irene Gómez-Olano