La filosofía, como el resto de humanidades, está sufriendo un acoso cada vez mayor bajo el imperativo de lo útil, de lo aprovechable, o de los mandatos del mercado laboral. Pero la filosofía es necesaria para generar una ciudadanía crítica, base de toda democracia. Para este objetivo, debería ser prioritario fomentarla entre los más pequeños. Ahora bien, ¿cómo enseñar filosofía para niños? ¿Basta con enseñarles historia de la filosofía, pero de una forma simplificada? ¿O se trata, más bien, de enseñarles a pensar?
¿Por qué la filosofía?
En un escenario que va tan sumamente rápido, enganchado enfermizamente a las dinámicas de productividad y rentabilidad, se olvida en muchas ocasiones el valor de la pausa y la lentitud y, asociado a él, el de la curiosidad y el asombro. Al aceptar sin cuestionamiento la aceleración de cualquier actividad y proceso vital, se pierde, también, la capacidad para detenernos y contemplar nuestro paisaje interior y exterior. La pregunta sobre por qué la filosofía tiene en este contexto su mayor urgencia.













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