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Giordano Bruno, mártir del librepensamiento

El nombre de Giordano Bruno surge inmediatamente cuando se trata el tema del progreso de las ideas «versus» la represión religiosa del saber. Su figura aparece nítida junto a la de otros mártires del conocimiento como Galileo o Miguel Servet.

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Giordano Bruno (1548–1600). Fragmento de imagen de Galería Wellcome Collection (2018-04-01): https:/ /wellcomecollection.org/works/qgt4dt8k CC-BY-4.0

Giordano Bruno (1548–1600). Fragmento de imagen de Galería Wellcome Collection (2018-04-01): https:/ /wellcomecollection.org/works/qgt4dt8k CC-BY-4.0

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A Giordano Bruno le tocó vivir en una época —segunda mitad del siglo XVI, a finales del Renacimiento— en un estado de cambio sin precedentes. Un siglo antes Gutenberg había creado la imprenta de tipos móviles y, cuando Bruno enseñaba y recorría Europa, ya circulaban varios millones de libros impresos. La civilización sentía sed de innovar y posaba su mirada en el futuro. Unos pocos impulsaban el progreso intelectual, pero una inmensa mayoría de seres humanos se veían todavía acosados por el hambre, las enfermedades y la ignorancia, pues contra estos intentos de avance del conocimiento se levantaba aún un cerco férreo de medievalismo mantenido por una Iglesia católica antiintelectual y represiva.

Condenado por hereje

Michel White nos ofrece en su libro Giordano Bruno, el hereje impenitente (Javier Vergara Editor) una mirada a la figura de Bruno y a su vasta influencia a partir de un punto central: el juicio de la Inquisición contra él por la acusación de herejía. Los cargos fueron ocho, entre ellos: su creencia de que la transustanciación del pan en carne y el vino en sangre era una falsedad, la de que nadie podía nacer de una virgen y, la más terrible, su convicción de que vivimos en un universo infinito dentro del que existen innumerables mundos en los que criaturas como nosotros podrían prosperar y rendir culto a su propio dios. El veredicto: fue condenado a ser quemado vivo en la hoguera.

Filósofo, científico, erudito y místico, Giordano Bruno (1548–1600) recorrió Europa aprendiendo y enseñando. Por su temperamento, su insistencia en la libertad de pensamiento y sus opiniones radicales, desde temprano entró en conflicto con la Iglesia, aun cuando comenzó siendo sacerdote. Pero debió huir de la vida monástica y se convirtió en un pensador errante, un fugitivo ilustrado, un eterno perseguido por la intolerancia y el oscurantismo. Dedicado a articular una filosofía que amalgamaba el catolicismo con el racionalismo, el hermetismo y las antiguas religiones, Bruno debió pagar el precio de ser un librepensador y un incansable buscador de la verdad en una época dominada por un credo que no admitía el debate de las ideas ni la luz de la razón.

Escribe White:

«Entró en contacto con el calvinismo, investigando la doctrina de Lutero y descubriendo que tenía muchos defectos. Había estudiado las enseñanzas de los antiguos, encontrando luz y sustancia en las más antiguas filosofías y creencias precristianas. Después había descubierto el pensamiento copernicano y había emprendido sus propios experimentos del pensamiento, llevando a Copérnico mucho más lejos de lo que jamás hubiera creído posible el monje polaco. Bruno había llegado a la conclusión de que el universo era infinito y que no podía haber ningún Dios personal, unas ideas que medio siglo después servirían de base a la teología panteísta y radicalmente anticlerical de Spinoza. Y Bruno se había dado cuenta de que en semejante universo infinito tenía que haber infinitos mundos, infinita diversidad e infinita posibilidad. Todo aquello era un anatema para una Inquisición y un Santo Oficio que reverenciaban la conformidad, la ortodoxia y la obediencia».

Aunque se hizo sacerdote, desde temprano entró en conflicto con la Iglesia. Huyó de la vida monástica y se convirtió en un pensador errante, un fugitivo ilustrado, un eterno perseguido por la intolerancia y el oscurantismo

En busca de la unidad del conocimiento

De mentalidad curiosa, sagaz y creativa, Giordano Bruno persiguió siempre la prisca sapienta, la unidad de todo el conocimiento, una verdad que explicara el conjunto de interrogantes que inquietaba en su tiempo. Para ello, intentó unir dos senderos filosóficos que hasta aquel momento de la historia habían sido rutas independientes: la filosofía natural basada en las ideas de Aristóteles (muchas de las cuales fueron refutadas por Bruno) y el conocimiento esotérico precristiano, la tradición hermética.

Tal intersección espiritual se dio solo en algunas personalidades extraordinarias de la época, como Alberto Magno, Roger Bacon y Leonardo da Vinci. En el caso de Bruno, el saber oculto fue empleado como útil herramienta para lograr acceder a nuevos y más profundos espacios de pensamiento. Dejó plasmada su visión de las cosas en unos treinta libros escritos durante dos décadas.

Bruno fue apresado en Venecia en mayo de 1592, a la edad de 44 años. Pasó casi un año en prisión hasta ser entregado a la Inquisición romana, que lo tuvo encerrado y sometiéndolo a tortura cerca de siete años más, hasta su ejecución en la hoguera en Campo dei Fiori, frente al Teatro de Pompeya.

El autor de Giordano Bruno, el hereje impenitente toma como foco central de su investigación esos últimos años de Bruno, pasados en prisión y sometido a juicio, dedicando a ello la mitad de los capítulos de su libro. En las páginas finales destaca la influencia del pensamiento de Bruno desde su muerte hasta nuestros días, rastreando su significación en ámbitos tan distantes como la visión científica y la conducta de Galileo, la teoría de Kepler, las filosofías de Leibniz y Spinoza, el arte de Shakespeare, el romanticismo de fines del siglo XVIII (Schelling, Goethe y Coleridge) y el desarrollo de la ciencia física contemporánea (De Broglie, Dirac, Heinsenberg y Bohr).

Intentó unir dos senderos filosóficos que hasta aquel momento de la historia habían sido rutas independientes: la filosofía natural basada en las ideas de Aristóteles (muchas de las cuales fueron refutadas por Bruno) y el conocimiento esotérico precristiano, la tradición hermética

Finalicemos estas líneas con una última cita sobre el incuestionable carácter de librepensador de Bruno:

«Debemos recordar que aunque fueron millares los que murieron como mártires en la hoguera, Giordano Bruno fue el único mártir de la libertad de pensamiento. Los otros –personas valientes y llenas de convicción, a menudo fuera de sus cabales y consumidas por un fuego interior– fueron a la hoguera debido al concepto que tenían de Dios, a causa de matrices doctrinales o simplemente porque estuvieron en el momento y en el lugar equivocados. Bruno defendía el derecho de todos los seres humanos a pensar como quisieran, y ofrecía una alternativa a las ideas impuestas por la ortodoxia. Era un hombre que deseaba conducir a la humanidad hacia la razón, que quería permitirnos conceptualizar libremente en vez de que otros determinaran nuestros pensamientos por nosotros».

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Una respuesta a «Giordano Bruno, mártir del librepensamiento»

  1. Avatar de Jesús Alberto Ortega
    Jesús Alberto Ortega

    Excelentes trabajos para la expansión del conocimiento y para una mejor comprensión del pensamiento humano, a lo largo de la historia.

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