En la Crítica de la razón práctica, Kant despliega lo que fue el núcleo de su pensamiento moral: el imperativo categórico. Un argumento de gran importancia que vertebra toda la ética del autor y que Kant expresó en la siguiente formulación: «Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre al mismo tiempo como principio de una legislación universal».
Como veremos, el imperativo categórico de Kant se basa en unos rasgos concretos que debe tener todo buen sistema ético: debe ser autónomo, deontológico, a priori y universal.
Éticas heterónomas y autónomas
En su reflexión moral, Kant distingue dos tipos posibles de éticas: las éticas heterónomas y las autónomas. Heterónoma sería aquella ética que basa sus principios en criterios externos, conforme a la opinión ajena. Por ejemplo, llevar una vida basada en la imposición de alguien que ejerce una autoridad sobre uno. O una en la que el sujeto se deje llevar por la corriente, sin pensar de forma crítica en sus deberes morales.
El imperativo categórico de Kant se basa en unos rasgos concretos que debe tener todo buen sistema ético: debe ser autónomo, deontológico, a priori y universal
Por lo que el filósofo apuesta es por desarrollar una moral autónoma y valiente, donde sea uno mismo el que se dé el fundamento moral de la propia acción. De esta manera, el ser humano sale de lo que Kant llama en su texto ¿Qué es la ilustración?, de 1784, «la autoculpable minoría de edad» en la que se halla sumergido.












Deja un comentario