José Antonio Marina es uno de los filósofos españoles más conocidos de nuestro país, sobre todo en materia de educación, y ha hecho suyo ese proverbio africano que defiende que “para educar a un niño hace falta la tribu entera”. Es imposible no contagiarse del optimismo y la energía que irradia este joven filósofo de 78 años (pues, como diría Ortega, “juventud es precisamente aquella actitud del alma que transmuta en posibilidad la emergencia negativa”). Desde hace varios años está embarcado en uno de sus proyectos más ambiciosos: una Universidad de padres que proporcione recursos útiles para educar inteligentemente a nuestros alumnhijos (como él prefiere llamarlos). Con José Antonio Marina hablamos de filosofía, educación, inteligencia y muchas cosas más.
En algunos de sus libros (La inteligencia fracasada, La cultura fracasada) plantea una de las preguntas más importantes que deberíamos hacernos; una pregunta crucial, lacerante, y de urgente resolución: ¿por qué si somos tan inteligentes nos comportamos tantas veces de una manera tan profundamente estúpida?
Esto es una muestra de algo que todo el mundo habla, que yo he escrito mucho, y que no acabo de saber exactamente cuál es su eficacia real. Ya sabéis que a mí me interesa mucho el campo de la inteligencia y es a lo que he dedicado toda mi vida. Durante muchísimos años he estudiado la inteligencia como una facultad individual, pero en un momento determinado me di cuenta de que eso era una situación completamente irreal, una abstracción. En teoría es así, pero cada uno de nosotros vive siempre en un contexto social y es ese contexto social el que expande o restringe la inteligencia individual. Por lo tanto, la inteligencia se parece más a una conversación: hay conversaciones en las que se nos ocurren cosas mejores y hay otras que literalmente nos vuelven estúpidos. ¿Por qué? Porque sólo se nos ocurren tonterías, sólo pensamos en malignidades y en devaluarlo todo.
En cambio, en otras conversaciones estamos como en un estado de tensión, de entusiasmo, y nos aplaudimos unos a otros. Deberíamos hablar de una inteligencia individual y de una inteligencia compartida, que es la que se da cuando varias inteligencias están interaccionando entre sí. A mí me empezó a interesar estudiar esto en dos fenómenos muy concretos: me interesaba la inteligencia de las parejas, porque el fracaso de las parejas es uno de los problemas más endiablados que nos ha dejado el siglo XX. ¿Por qué las parejas no se entienden? Cuando se hacen encuestas, prácticamente todo el mundo (noventaytantos por ciento) está convencido de que unas buenas relaciones de pareja y unas buenas relaciones familiares son imprescindibles para ser felices. Pero a continuación dicen que como no lo vamos a conseguir, ¿para qué nos vamos a empecinar en ello?














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