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Revista FILOSOFÍA&CO | Número 15

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F+ «La condición humana»: Arendt nos ayuda a entender cómo vivimos

Comprender qué significa ser humano ha sido una de las preguntas centrales de la filosofía, pero pocas obras la abordan con la radicalidad de «La condición humana», de Hannah Arendt. La pensadora sitúa esta cuestión en el corazón de la experiencia histórica del siglo XX, marcada por el totalitarismo y la guerra. Su propuesta no consiste en decir qué es el ser humano esencialmente, sino en analizar cómo vive, en qué condiciones actúa y qué tipo de mundo construye junto a otros.

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«La condición humana» es una de las obras más brillantes de la filosofía del siglo XX. Fotografía de Arendt de Wikimedia Commons, con licencia CC BY-SA 4.0.
«La condición humana» es una de las obras más brillantes de la filosofía del siglo XX. Diseño hecho a partir de un fotografía de Arendt de Wikimedia Commons, con licencia CC BY-SA 4.0.

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Número especial - HANNAH ARENDT
Especial Hannah Arendt, de la revista impresa FILOSOFÍA&CO.

La condición humana plantea una reflexión política: invita a repensar la vida humana desde sus actividades fundamentales y desde el espacio compartido en el que estas adquieren sentido. A través de una distinción clave entre labor, trabajo y acción, Arendt desentraña las formas en que nos relacionamos con la necesidad, con el mundo y con los demás.

Un mundo atravesado por el totalitarismo

Publicada en 1958, La condición humana, de Hannah Arendt, surge en un contexto marcado por las consecuencias del totalitarismo, la Segunda Guerra Mundial y el auge de la sociedad de masas, elementos que Arendt pensó (y sufrió) profundamente.

Como víctima del Holocausto y exiliada del nazismo, Arendt no escribe desde abstracciones, sino que trata de dar respuestas filosóficas a lo que considera que son preocupaciones urgentes. En concreto, intenta comprender cómo la vida política ha sido transformada (y parcialmente destruida) en el mundo moderno.

Afirma en La condición humana que su proyecto consiste en «una reconsideración de la condición humana desde el punto de vista de nuestras más recientes experiencias y nuestros temores más inmediatos». Es decir, no se trata de una discusión ontológica sin más, sino que busca hacer un tipo de filosofía que reflexione sobre el presente con sus luces y sus sombras.

En este sentido, Arendt se desmarca de la pregunta tradicional por la «naturaleza humana», una pregunta que había atravesado la tradición filosófica desde sus orígenes. La pregunta original por la naturaleza humana busca definir una esencia fija del ser humano, «lo que somos» independientemente de nuestras diferencias y de lo que nos atraviesa accidentalmente. La noción de condición remite a algo mucho más contingente: las circunstancias concretas en las que vivimos.

Y es que, escribe Arendt, «los hombres son seres condicionados, ya que todo aquello con lo que entran en contacto se convierte inmediatamente en una condición de su existencia». Esto quiere decir que lo humano no está cerrado ni determinado previamente, sino que configura y reconfigura históricamente. Las experiencias que vivimos, el mundo que nos rodea y la convivencia con los demás no son simples datos que nos atraviesan; son condiciones que moldean nuestra existencia, la describen. Y esta es la condición que a Arendt le interesa analizar.

Arendt se desmarca de la pregunta tradicional por la «naturaleza humana», una pregunta que busca definir una esencia fija del ser humano. La noción de condición remite a algo mucho más contingente: las circunstancias concretas en las que vivimos

La «vita activa» como estructura de la existencia

La condición humana
La condición humana, de Arendt (Austral).

El núcleo argumentativo de La condición humana oscila en torno al concepto de vita activa, una noción que dialoga con el modelo de vida que propone la filosofía anterior. Para Arendt, la tradición filosófica clásica había privilegiado la vita contemplativa, es decir, la del pensamiento y la teoría. En Platón y Aristóteles, la contemplación o theoría era la actividad superior del ser humano, mientras que la acción o praxis era un elemento inferior y el trabajo manual era directamente despreciado.

En esta tradición, lo eterno —como la verdad o las ideas— vale más que aquello que cambia y la política queda subordinada a la filosofía, entendida esta última como un saber eminentemente teórico. Para Arendt, esta jerarquía ha contribuido a desvalorizar la acción política, que es el espacio donde realmente se juega la libertad humana.

Pero Arendt no rompe de golpe y sin más con la tradición filosófica. De Aristóteles, por ejemplo, toma algunos elementos, aunque los reinterpreta radicalmente. Coincide plenamente con él en que el ser humano es un ser social (zoon politikon) y también en la importancia de la praxis, aunque revaloriza la acción política frente a la contemplativa.

Pero ¿en qué consiste la vita activa para Arendt? Se refiere con esta expresión al conjunto de actividades mediante las cuales los seres humanos vivimos en el mundo. No se trata simplemente de hacer algo, sino de cuáles son las formas fundamentales de relación con la realidad. Como afirma en La condición humana, «con la expresión vita activa designo tres actividades humanas fundamentales: labor, trabajo y acción».

La labor, dice Arendt, es aquello que está ligado a la vida biológica, lo que necesitamos para sobrevivir; el trabajo es aquello ligado al mundo artificial, generado por nosotros mismos, y su objetivo es alcanzar la mayor durabilidad; y la acción, que es el elemento más importante, está ligada a la pluralidad, la política y la libertad. Sin labor y trabajo no podríamos sobrevivir, pero la acción es la forma más propiamente humana.

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