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Louis Althusser: una vida tras las pistas de Marx

Fruto incómodo del siglo XX, Louis Althusser pasó de «caimán» académico a «enfant terrible» del marxismo francés. Fue prisionero de guerra, y en el terreno del pensamiento, un estructuralista a contracorriente y azote del marxismo humanista. Defendió que, para entender a Marx, había que leerlo como a un texto lleno de síntomas, pistas y rupturas. Su pensamiento agitó a generaciones de militantes, mientras su vida personal (marcada por enfermedad mental y un trágico final) convirtió su figura en una mezcla extraña de influencia teórica y drama íntimo.

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Althusser reinterpretó a Marx, desde su propia concepción, desde la convicción de que el marxismo es pensamiento vivo. Diseño a partir de imágenes libres de derechos, extraídas de Wikimedia Commons.
Althusser reinterpretó a Marx desde su propia concepción, desde la convicción de que el marxismo es pensamiento vivo. Diseño a partir de imágenes libres de derechos, extraídas de Wikimedia Commons.

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Enciclopedia Herder

Para escribir este artículo sobre Althusser hemos utilizado la información que proporciona la Encyclopaedia Herder en línea, una gran base de conocimiento en humanidades.

Una lectura sintomática

Althusser nació en Birmandréis (Bir Mourad Raïs, en árabe), cerca de Argel, en 1918. Hizo sus estudios en Argel, Marsella, Lyon y en la École Normal Supérieure de París. Fue hecho prisionero por los alemanes en la guerra y llegó a ser profesor de filosofía en 1948. El mismo año, se incorpora al Partido Comunista Francés e ingresa como profesor encargado («caimán», en la terminología de la École) de preparar a los filósofos para sus oposiciones.

A partir de los años setenta, tras publicar Pour Marx (1965) y algunos otros escritos, Althusser pasa a ser conocido como teórico marxista de tendencia estructuralista. Le proporciona la fama su oposición a la interpretación, en boga entonces en Francia, que de Marx hacen Garaudy, SartreGramsciLukácsAdorno y otros, presentándolo desde la perspectiva del humanismo, el historicismo y el existencialismo o el hegelianismo en general.

Frente a esta interpretación, Althusser propone la que, en Para leer «El capital» (1968), denomina lectura sintomática de Marx, no basada en las obras de juventud (el Marx de los Manuscritos de 1844), sino fundamentalmente en El capital. Este es, a su entender, el «Marx científico», descubridor del «continente de la historia», de la ciencia de la historia, igual como Tales es el descubridor del continente matemático y Galileo del físico.

Para esta lectura sintomática de Marx, recurre Althusser a las teorías y técnicas del estructuralismo lingüístico y psicoanalítico. Así como en un texto debe captarse el discurso oculto e inconsciente, su núcleo invisible a través de la superficie visible, también muchas de las afirmaciones de Marx deben entenderse como «síntomas» de un discurso real propiamente científico.

Esta interpretación determina una «ruptura» o un «corte», a partir de 1945, entre la fase ideológica del marxismo que, en las primeras obras, se presenta como una filosofía humanista y hasta como un materialismo dialéctico, y una segunda fase científica del marxismo teórico. A la primera pertenecen los temas de «alienación», «sujeto», «trabajo», «esencia», «historia», etc.; a la segunda, sobre todo la expresión y la temática de «modos de producción».

Althusser propone la lectura sintomática de Marx, no basada en las obras de juventud, sino fundamentalmente en El capital. Este es, a su entender, el «Marx científico», descubridor del «continente de la historia», de la ciencia de la historia, igual como Tales es el descubridor del continente matemático y Galileo del físico

La ruptura epistemológica

El concepto de modos de producción y, en particular, los modos de producción del capitalismo (plusvalía, valor de cambio, etc.) constituyen la aportación verdaderamente científica del marxismo: la interpretación de la historia a través de los modos de producción y las relaciones reales que determinan.

No hay otra ciencia que la que nos lleva al descubrimiento, en cada época, de los modos de producción: concepto eminentemente teórico, por un lado, porque no es inmediatamente visible en la experiencia; no es por tanto un concepto propiamente empírico, pero es concepto eminentemente práctico, porque el conocimiento de la historia no tiene otro objetivo que la transformación de la sociedad. Althusser rechaza una interpretación meramente economicista de los modos de producción, en el sentido de que constituyen un todo complejo y estructurado de relaciones económicas, políticas e ideológicas.

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La ruptura epistemológica que lleva a tener por ideológica toda presentación de un marxismo humanista no significa que no deba considerarse el papel de la ideología dentro de la sociedad: la ideología no es mera «falsa conciencia», como sostenía el marxismo primitivo, sino que es parte integrante de toda sociedad, y forma parte de la práctica social.

En una interpretación marxista científica, la ideología de la sociedad burguesa es el mecanismo de que se vale el Estado para reproducir las relaciones de producción y las relaciones sociales que derivan de ellas; no reconocerlo así es una forma de mala ideología. A diferencia de la ciencia que carece de sujeto, la ideología existe por y para los sujetos.

Las teorías de Althusser tuvieron una honda repercusión en los planteamientos teóricos del marxismo de los años setenta, de un modo especial entre los grupos de estudiantes denominados «maoístas». Su última obra autobiográfica, publicada en 1992, El porvenir es largo, narra el penoso acontecimiento de haber provocado por estrangulamiento, en 1980, la muerte de su mujer, la socióloga Hélène Rytmann, y su posterior ingreso en un psiquiátrico. En 2011 se publicaron las Cartas a Elena, en las que se revelan las complejas relaciones con su mujer.

Número 14 - Revista FILOSOFÍA&CO

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