Sin los descubrimientos de los siglos XV y XVI, la modernidad como la conocemos no habría sido posible. Esa modernidad apareció en esa época como un proyecto de civilización, cuyos elementos eran básicamente el individualismo, el antropocentrismo, el racionalismo como culto a la razón, la ciencia, la técnica, la idea de progreso y civilización, al igual que la democracia liberal y el Estado de derecho, con sus principios de libertad, igualdad, fraternidad, y con sus demandas de cada vez una mayor ampliación democrática de los derechos.
Desde ahí se acepta que la presencia de todos estos elementos en una sociedad la hacen moderna. Por eso la modernidad ha sido una aspiración, un horizonte.
En ese contexto de modernidad, España entabló una relación conflictiva con Europa, porque se centró en el dominio sobre el mal llamado Nuevo Mundo, América o las llamadas Indias Occidentales. Se encerró sobre sí misma, de manera defensiva, y se aisló de los procesos científicos y filosóficos del resto de Europa. Esa actitud determinó su desarrollo intelectual posterior, pues se mantuvo atrás de lo que ocurría en el resto del continente que poco a poco iba entrando en una nueva era.
El contrarreformismo español, en su lucha contra el protestantismo y los seguidores de Martín Lutero o de Calvino, acrecentó el dogmatismo. Y esto impidió abrirse a la modernidad, al otro, se cerró sobre los propios dogmas y, al impedir la crítica, maaba el pensamiento y la posibilidad de avanzar y de metabolizar lo que ocurría alrededor. Solo una actitud escéptica permite aguijonear el globo del dogmatismo. Y eso no era posible en una España donde la Inquisición quemaba herejes y díscolos.
La modernidad ha sido una aspiración, un horizonte. España entabla una relación conflictiva con Europa, porque se centró en el dominio sobre el mal llamado Nuevo Mundo, se encerró sobre sí misma, de manera defensiva, y se aisló de los procesos científicos y filosóficos del resto de Europa
El universalismo de la modernidad
Y, con todo, no puede afirmarse que el pensamiento español fue estéril. Esa lectura es incompleta. Y lo es porque el pensamiento español producido en los siglos XVI y en el siglo XVII, sí influyó en el pensamiento europeo moderno. Veamos.
Las discusiones abiertas por religiosos como Fray Bartolomé de las Casas y Antón de Montesinos en torno a la humanidad de los indígenas pusieron en primer plano el problema antropológico. En el momento en que se dudaba de la calidad de hombres de los seres al otro lado del Atlántico aparecían problemas filosóficos serios como el del reconocimiento del otro, la pregunta por su dignidad, por las cualidades que hacen de un individuo un ser humano cristiano, en fin, aparecían ahí insumos para la antropología filosófica.













Deja un comentario