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F+ Eros es un verbo: ¿qué nos dijo Safo sobre la eternidad?

Para Anne Carson, Eros es un verbo, algo que está sucediendo aunque apenas alcancemos a atraparlo. En este artículo, Luna Miguel toma esa idea como hilo para perseguir a Safo por los lugares más inesperados, del zumo púrpura de Dune a un asteroide perdido entre Marte y Júpiter. Y se pregunta qué clase de eternidad cabe en unos versos rotos que, cada vez que los leemos, parecen mirarnos a nosotros.

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Diseño realizado a partir de los elementos de Freepiks y CanvaPro (licencia CC).
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Una máquina capaz de traducir centenares de versiones de un mismo fragmento de una poeta arcaica suena tanto a una fantasía de Raymond Queneau como a un relato de ciencia ficción feminista. Imaginen tener la posibilidad de sentarse a componer mil bifurcaciones de las decenas de miles de cantos perdidos de Safo. Tiemblen ante la idea de recomponer ustedes mismos el Libro sexto, generando pequeñas piezas, sonidos, resonancias y repeticiones entre las palabras de ayer y las del futuro. Todo poeta debe renovar su idioma. Incluso Safo inventó el adjetivo glykýpikros para hablar del deseo —glykýs: dulce; pikrós: amargo— obligando a sus traductoras venideras a pervertir los diccionarios. Anne Carson le ha dado sweetbitter al inglés. En traducciones anteriores, como la de la imagista Mary Barnard, publicada en 1958, leemos bittersweet, que en realidad se parece más a agridulce que a una cópula entre «dulce y amargo». Siguiendo a Carson, Mariana Gardella y Maria Rosa Llabrés, proponen dulceamargo para un fragmento, el 130, con el que Aurora Luque prefirió la fórmula de «dulce animal amargo».

Todo poeta debe renovar su idioma. Incluso Safo inventó el adjetivo glykýpikros para hablar del deseo, obligando a sus traductoras venideras a pervertir los diccionarios.

Quizá no haga falta una máquina para multiplicar los caminos sáficos. Eso no quiere decir que el peso de la griega en ciencia ficción contemporánea no pueda rastrearse. Conocido fue el gusto de Joanna Russ por la reivindicación y la recuperación de mujeres maltratadas por los cánones sexistas. Varios estudios académicos, además, asocian su relación con la obra de Safo no solo desde un punto de vista político, sino también creativo. Más allá de las relaciones amorosas entre mujeres, en novelas como El hombre hembra, publicada en 1975, podemos incluso leer alusiones directas a la visión somática del erotismo aprendida en fragmentos como el 130 o, mejor, como el 31: «Mira la luna. Envenenada de flechas y de rosas, Eros radiante que viene hacia ti desde la oscuridad. El aire es tan suave que podrías bañarte en él. Me han dicho que mi primera frase, siendo niña, fue ‘Mira la luna’, con lo que supongo que quería decir: grato dolor, veneno balsámico, protectora hiel, asfixiante dulzura». El deseo difícil, ahí, en la punta de la lengua; el temblor y la agitación, la palidez, la sed.

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