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Número especial - HANNAH ARENDT

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Hannah Arendt y la época de las catástrofes

Totalitarismo, democracia y libertad

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Revista Especial HANNAH ARENDT

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F+ La teoría de las capacidades de Martha Nussbaum

La teoría de las capacidades humanas de Martha Nussbaum propone una alternativa radical tanto al utilitarismo como al contractualismo de Rawls, ofreciendo una tercera vía para pensar la justicia social en sociedades plurales. Frente al criterio del bienestar subjetivo del utilitarismo, Nussbaum defiende una lista de diez capacidades básicas que toda sociedad democrática debe garantizar para que sus ciudadanos vivan con dignidad. Su enfoque neoaristotélico permite criticar sistemas de opresión sin imponer una única forma de vida, manteniendo el respeto a la diversidad cultural.

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Diseño realizado a partir de la imagen de Marta Nussbaum (Wikimedia Commons) y collages de CanvaPro (licencia CC).
Diseño realizado a partir de la imagen de Marta Nussbaum (Wikimedia Commons) y collages de CanvaPro (licencia CC).

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La filósofa Martha Craven Nussbaum nació en 1947 en Estados Unidos. Es, podríamos decir, una filósofa «típicamente» estadounidense, porque su filosofía dialoga principalmente con los autores y temas clásicos de ese país, a saber, el liberalismo y la convivencia democrática en una sociedad plural. La filosofía política «típica» estadounidense parte de la premisa liberal de que no hay objetividad en la ética ni en la vida buena y que, por tanto, el Estado no puede favorecer ninguna de ellas. Lo que interesa a estos pensadores liberales es, entonces, cómo convivir en un mismo país y en una misma sociedad sin coartar las libertades de que cada uno escoja la vida que quiera.

Dentro de estos debates, la filosofía de Nussbaum es una tercera vía (¿rechazo?, ¿punto intermedio?) entre dos posturas muy extendidas en este debate: el utilitarismo de Bentham (y otros) y el contractualismo de Rawls. Veamos primero el rechazo nussbaumiano al utilitarismo, luego su filosofía y después sus debates con la teoría política de Rawls.

El problema del liberalismo

Como dijimos en la introducción, el punto de partida tanto del utilitarismo como de Nussbaum es el punto de partida de la filosofía liberal: ¿cómo podemos convivir sin matarnos unos a otros si el Estado no puede ordenarnos nada en la ética o la moral porque no hay una idea de bien universal? Este es el suelo del debate: existe una pluralidad de valores en torno a lo que cada uno considera una buena vida. Lo que quizá sea deseable, moral y correcto para unos (matrimonio tradicional, pongamos), quizá a otros no se lo parezca (vivir solteros y potenciar su carrera profesional).

De esta pluralidad emerge naturalmente la pregunta sobre cómo convivimos sin caer en un caótico relativismo en el que cada uno hace lo que quiera. ¿Y si a unos le parece que la buena vida es ir pegando patadas a pobres ancianas en el metro? ¿Y si los defensores fundamentalistas del matrimonio quisieran acabar con las madres solteras? ¿Cómo podemos justificar que eso en concreto no se puede hacer si no tenemos una idea de bien universal que nos ampare?

El Estado no puede hacerlo, no puede intervenir porque, y esta es una máxima liberal para todos estos autores «típicamente» estadounidenses, no podría intervenir porque si favoreciese un tipo de vida más que otro (pongamos, prohibiese el divorcio porque cree que el matrimonio tradicional es un valor) entonces estaría coartando la libertad individual (y de ahí el liberalismo) de cada una de las personas que se quieran divorciar. Así que una discusión «típica» en la filosofía política de Estados Unidos, como cuna de la filosofía liberal, es precisamente esta: cómo comportarnos en una sociedad plural.

El problema de Nussbaum con el utilitarismo

El utilitarismo de Bentham y otros da una respuesta ética a esta pregunta: no hay bien universal, vale, pero sí podemos tener una guía de qué es lo correcto porque será siempre preferible comportarnos de tal manera que proporcionemos la máxima satisfacción al máximo número de personas. Y esto es lo que el Estado deberá garantizar. Deberá garantizar que las máximas personas posibles lleven a cabo sus estilos de vida sin interferirse unas a otras porque es más deseable una situación en la que un millón de personas son felices (porque pueden pagar sus alquileres sin arruinarse, por ejemplo) que aquella situación en la que solo son felices cientos de personas (que se lucran con el alquiler de los demás, por seguir con el ejemplo).

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