Suscríbete

·

REVISTA Nº 15

Dosier

Simone Weil y Simone de Beauvoir

Pensamiento comprometido con el mundo

F+ Vejez: el porvenir inalcanzable

Los viejos, la tercera edad, los ancianos, la edad de plata… Los llamamos de distintos nombres porque quizá no sabemos cómo llamarlos. Tampoco se sabe qué hacer con ellos y la pandemia lo ha demostrado con muertes como argumentos. Son un extraño objeto de estudio para la filosofía. Son extraños para todo y para todos. Los llevamos dentro, pero nos asaltan siempre cuando los vemos desde fuera, en el espejo. Son el resultado de nuestra vida y los vecinos de nuestra muerte; ¿no deberíamos acercarnos a mirar al viejo que habita en ti, a la anciana que crece en mí? Pilar Gómez Rodríguez hace una aproximación filosófica a las muchas preguntas que suscita la vejez. La filósofa española Victoria Camps responde a algunas de ellas.

0 comentarios

Hablar y reflexionar sobre la vejez ha supuesto un tabú incluso para los filósofos, que han preferido saltársela e ir directamente a la muerte. Con algunas excepciones, como la de Simone de Beauvoir, que instaba a romper esa conspiración de silencio. «No sigamos trampeando. En el futuro que nos aguarda está en cuestión el sentido de nuestra vida; no sabemos quiénes somos si ignoramos lo que seremos: reconozcámonos en ese viejo, en esa vieja». © Ana Yael
Hablar y reflexionar sobre la vejez ha supuesto un tabú incluso para los filósofos, que han preferido saltársela e ir directamente a la muerte. Con algunas excepciones, como la de Simone de Beauvoir, que instaba a romper esa conspiración de silencio. «No sigamos trampeando. En el futuro que nos aguarda está en cuestión el sentido de nuestra vida; no sabemos quiénes somos si ignoramos lo que seremos: reconozcámonos en ese viejo, en esa vieja». © Ana Yael

0 comentarios

El título que el filósofo del derecho italiano Norberto Bobbio dio a una de las partes que componen su De senectute suena a canción del verano de una antiquísima normalidad. Sin embargo, Despacito describía para él una de las características de la nueva normalidad; de su nueva normalidad de ser viejo. «El viejo está destinado naturalmente a rezagarse mientras los demás avanzan. Se para (…). Los que iban detrás le dan alcance, lo adelantan. Quisiera apretar el paso pero no puede. Cuando habla buscando las palabras se le escucha acaso con respeto, mas con ciertas muestras de impaciencia», escribe Bobbio. El viejo es lento tanto en los movimientos de la mente como del cuerpo. Es el lento entre los rápidos y la conciencia de esta situación resulta penosa para él y para los demás.  

La gráfica escena que describe Bobbio resultará familiar. Es posible que la hayamos presenciado o protagonizado. Y es terrible también. Denuncia sin mencionar la conspiración de silencio, cuando no de hipocresía o mentira, que acompaña al envejecimiento en las últimas décadas. No estamos preparados para oír lo que muchos de ellos sienten: que son un lastre, que molestan, que entorpecen la marcha, como en el ejemplo de Bobbio, o la conversación. Verbalizado esto se puede balbucear, negar y seguir como si nada, pero se debería poder negar con firmeza y argumentar con razones de peso. La realidad es que no estamos preparados para dar esa respuesta, porque no hemos entrenado la pregunta: ¿qué hacemos con los viejos? Es necesario y es urgente plantearlo, aunque duelan los oídos y no solo los oídos. De lo contrario —y mientras lo único que se le ocurra a la sociedad sea apartarlos, traerlos y llevarlos al ritmo de lo que sean capaces de gastar y consumir— seguiremos abocados a ver estragos tan devastadores como los que causan entre ellos epidemias literales como la del coronavirus u otras más silenciosas como la soledad, la pobreza o la enfermedad mental.

¿Quieres continuar leyendo? Accede o Suscríbete

Otros artículos que te pueden interesar

Deja un comentario