
Imaginémonos que enlazo las palabras que siguen y las ensarto como si fueran sinónimas: «Dios», «el mundo como un todo», «el destino», «el silencio», «la salvación», «la felicidad» y «lo místico». Mario Boero, al modo de un cirujano mágico, ha intentado lograrlo en un libro fuera de lo ordinario titulado Vida, pensamiento y mística de Ludwig Wittgenstein. Ha metido el bisturí hasta el fondo. Ha buceado en todos los escritos que hemos ido conociendo del escurridizo y genial filósofo austriaco. Nos ha entregado no a un Wittenstein y su vida, sino a un Wittgenstein entre la vida y la muerte.
Para ello ha consultado todas las biografías posibles, cualquier manuscrito perdido y todo comentario que nos lleve a lo más hondo del genio atormentado. Reseñar o sintetizar el libro es tarea difícil. Hay que rumiarlo, pensarlo y soltar aire para reflexionarlo de nuevo. Me voy a atrever, sin embargo, a hablar sobre dos aspectos que se siguen de lo expuesto por Mario Boero de este filósofo que dice actuar siempre religiosamente.
El primero tiene que ver con la necesidad de encajar en este mundo, de que tanto su conciencia como lo que nos rodea se acoplen. En caso contrario, quedaría sin hacer pie. Sería un desamparado huérfano, por usar la expresión de Colin Henry Wilson. Boero repite una y otra vez las palabras que Wittgenstein pronunció a propósito del impacto que le produjo una obra del dramaturgo austriaco Ludwig Anzengruber (1839-1889), palabras que recoge en su libro: «¡Nada me puede pasar!».
Es como si, al estar cobijado en el todo del mundo, pudiera descansar. El mundo se convierte en una madre que, aunque le riña, le quita el miedo a la muerte. Ese mundo en su totalidad puede recibir el nombre de Dios, y se parece al logos de los estoicos. Es este un punto importante. El estoicismo, al revés que el epicureísmo, busca la felicidad sacrificando la libertad al orden del mundo, y antepone la amistad placentera al resto. Uno es de la ciudad. El otro, del jardín.
Un segundo tema central del libro de Mario tiene que ver con la aparente idea fluctuante de lo místico en nuestro filósofo, y más acentuada en lo que algunos han llamado misticismo laico, noción esta con aire contradictorio. Un intento aclaratorio consistiría en señalar lo que Mario, de la mano de Wittgenstein, llama creencia laica, fe laica y lo místico. La creencia será el intento por creer pero que acaba en nada. La fe, una emoción o sentimiento sin referencia objetiva. Y lo místico, el género en el que se incluyen todos los intentos fallidos de ir más allá de la barrera del lenguaje.
Todo es laico porque su aroma religioso no es más que aroma. Nada más. Pero este acuerdo con el mundo tal y como es, sabiendo que del resto no nos queda sino el silencio o una cadena de metáforas, es lo que podría otorgarnos el ser felices. La felicidad, así, es acogerse a lo que hay, reencuentro silencioso con lo finito.
El libro de Mario Boero Vida, Pensamiento y Mística ha sido pulido y elaborado al máximo. Y es un pozo para extraer vida del siempre vivo pensador austriaco. La bibliografía es exhaustiva y el estilo desafía. Se nos entrega una relación entre el hombre y la obra excelente y desbordante. Ahí me callo. El resto está en manos del lector.
Me permitiré, antes de acabar, una atrevida autorreferencia. Hay cuatro cosas que encajan de mi vida en Wittgenstein. Una es su aguda puntualidad. Otra su despreocupación sobre cómo ha de vestirse uno. Otra su rechazo de una vida universitaria que huele a muerte. Filosofar se hace desde la arena y no desde la barrera de aspirantes a funcionario. Finalmente, su interés por las grandes películas del Oeste. Estas recuerdan a Shakespeare, al igual que estas a la tragedia griega.
Sobre el autor
Javier Sádaba es catedrático emérito de Ética de la Universidad Autónoma de Madrid. Realizó estancias de estudio en Tübingen (Alemania), Columbia (EEUU) y Oxford y Cambridge (Reino Unido). Ha sido profesor visitante en varias universidades e institutos de investigación de Latinoamérica y EEUU. Ha escrito medio centenar de libros y numerosos artículos sobre temas que van de la filosofía de la religión hasta estudios sobre Wittgenstein, centrando gran parte de sus publicaciones en el campo de la bioética. Sus últimos libros son Porque soy libertario (2019), Una ética para el siglo XXI (2020), El arte de filosofar (2023) y Al final del viaje. Mi vida, mi mundo (2024).
















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