Georgina Rabassó es filósofa e investigadora en filosofía y género. Se doctoró con una tesis sobre Hildegarda de Bingen. Imagen facilitada por la organización de los Encuentros de Pamplona 72-22.
Georgina Rabassó, filósofa e investigadora de filosofía y género. Imagen facilitada por la organización de los Encuentros de Pamplona 72-22, donde hablamos con ella.

Georgina Rabassó es profesora del departamento de Filosofía de la Universitat de Barcelona e investigadora en temas de filosofía y género, especialmente en el periodo de la Edad Media. Conversamos con ella sobre su línea de investigación, sobre el pensamiento cosmológico de las filósofas durante ese periodo, muchas de las cuales lo hicieron en monasterios y conventos, que, lejos de ser espacios de reclusión, lo eran de «libertad, creación y saber».

Por Irene Gómez-Olano

La profesora y filósofa Georgina Rabassó se doctoró con una tesis sobre la cosmología de Hildegarda de Bingen, que recibió el Premio Extraordinario de Doctorado y el Premio Rafael Patxot i Jubert (2018) del Institut d’Estudis Catalans. Actualmente investiga la imaginación científica femenina entre los siglos XII y XVII y el pensamiento filosófico que se haya contenido en ciertos escritos de carácter espiritual de las mujeres de este periodo.

Además de profesora universitaria, es investigadora en diversos seminarios y la Cátedra UNESCO Dones y directora de un proyecto de investigación centrado en el pensamiento de la filósofa Juliana Morell. Ha realizado estancias de investigación en universidades como la de Kingston o Harvard y es autora de un libro titulado L’univers vivent d’Hildegarda de Bingen: perspectives filosòfiques (2018), así como de diversos artículos filosóficos sobre Simone Weil, Iris Murdoch, Herrada de Hohenbourg, Hildegarda de Bingen o Christine de Pizan.

Nos encontramos con ella para discutir sobre el ámbito de investigación al que tanto esfuerzo y tiempo ha dedicado en el contexto de los Encuentros de Pamplona 72-22. Una cita en la capital de Navarra (España) donde tuvieron lugar diversos debates, mesas de diálogo y ponencias sobre filosofía, literatura y otras artes.

Actualmente, su línea de investigación principal tiene que ver con la imaginación científica femenina en la Baja Edad Media. ¿Por qué le parece interesante este periodo histórico?
Algunos de los avances más importantes de nuestra sociedad tuvieron lugar en la Edad Media, como, por ejemplo, la creación de los hospitales y de las universidades. Raramente somos conscientes de que la época medieval duró aproximadamente un milenio, pero es así, y no es ninguna novedad decir que lo que Europa es hoy, para bien y para, hunde raíces centrales en ella.

Para las mujeres es un período muy interesante, principalmente porque empezamos a encontrar, sobre todo a partir del siglo XII, escritos y creaciones de su autoría. Podemos leer a Duoda (siglo IX), Hroswitha de Gandersheim (siglo X), Hildegarda de Bingen y Herrada de Hohenbourg (siglo XII), entre muchas otras. Podemos contemplar las miniaturas que acompañan sus manuscritos y escuchar las melodías que compusieron. El acceso directo a su voz revela elementos sumamente interesantes en sus narrativas.

El tema del que más me he ocupado son las descripciones del universo que encontramos en sus escritos. La pregunta que me hacía al principio era: ¿cómo es posible que las mujeres no se hayan dedicado a reflexionar sobre cuestiones cosmológicas? Y sí lo hicieron. A su manera. Con las herramientas que tenían, que a veces fueron muy pocas en cuanto a formación, ya que, recordemos, no tuvieron acceso a estudios universitarios hasta siglos después de la fundación de esta institución.

Me fascina el modo en el que se sirven de la imaginación científica (así la denominó, con un deje peyorativo, el historiador de la ciencia Edward Grant) para tratar de la constitución del cosmos: se sirven de la imaginación para llegar allí donde sus conocimientos científicos no alcanzan. En aquel contexto este recurso me parece magnífico: no solo por los resultados que ellas obtuvieron, sino porque otorgaba a la imaginación y la creatividad un lugar que hoy en día en la ciencia está más reconocido.

«La pregunta que me hacía al principio era: ¿cómo es posible que las mujeres no se hayan dedicado a reflexionar sobre cuestiones cosmológicas? Y sí lo hicieron. A su manera. Con las herramientas que tenían»

Encontramos que algunas de las principales voces, en algunas de las cuales es experta como Hildegarda de Bingen, Christine de Pizan o Juliana Morell, eran mujeres recluidas en un convento. ¿Cómo cree que encaja su condición de monjas en el pensamiento que desarrollaron?
Pensamos en los monasterios como espacios de reclusión y aislamiento del mundo, pero la clausura es una idea compleja, y en cada orden monástica se define de un modo distinto.

Lo que quisiera poner de relevancia es que, cuando ahondamos en el tema y leemos a las monjas, nos damos cuenta de que los conventos pueden ser también espacios de libertad, creación y saber. No para todas (porque la condición de monja no siempre fue elegida), pero sí para muchas de ellas.

En aquella época, en Europa, se acostumbraba a casar a las mujeres a una edad temprana y en numerosos casos ellas se convertían inmediatamente en madres. Esto paraba cualquier formación que hubieran podido tener. No es, por tanto, casualidad que la mayoría de las mujeres medievales que escribieron fueran monjas, ya que el monasterio fue durante siglos uno de los espacios más relevantes de la cultura.

Sin embargo, creo que su condición compartida de monjas no homogeneiza su pensamiento. Sus reflexiones son discursos singulares, llenos de matices y particularidades, que a la vez establecen diálogos con las cosmovisiones (en el sentido de Weltanschauung) de su época. Tal vez, la idea que más constantemente he percibido entre líneas al leerlas ha sido su deseo de saber, que es, en realidad, el motor de la filosofía desde sus orígenes. Por este motivo, aunque ellas no se tuvieran como tal, yo las leo también como filósofas.

¿Por qué es relevante para los estudios de género y sexualidad del presente estudiar a mujeres filósofas y científicas de hace seiscientos o mil años?
Diría, en primer lugar, porque ellas han sido su condición de posibilidad. Si analizamos la tradición del pensamiento femenino occidental (que es la que conozco más) queda bien claro que la conciencia de la identidad de género «mujer» es algo que se despertó y sobre la que se reflexionó (en otro contexto, con otros términos…) siglos atrás.

Aunque haya variables interseccionales a tener en cuenta, esta tradición nos es de algún modo propia, constituye la herencia de una genealogía simbólica. La podemos tomar o rechazar, pero está ahí y nos interpela. Es un legado lleno de ideas y argumentos inspiradores para seguir pensando…

Personalmente, el hecho de reconocerme en esta tradición hace que me atreva a pensar y a vivir de un modo que tiene sentido para mí, sin que este sea el camino al que la sociedad quiere dirigirme. Una de las aportaciones de esta tradición es que, como diría Christine de Pizan, el saber práctico es también saber. Así, vivir es una fuente de saber.

«Las voces de mujeres fueron olvidadas por una falta de transmisión. En sus respectivos contextos históricos algunas filósofas fueron escuchadas, pero pasado el tiempo lo que nos llega de la mano de los hombres —que han escrito la historia— es la misma idea: fue mujer y pensó»

En algunos de sus artículos usted investiga el pensamiento de autoras como Iris Murdoch o Diotima de Mantinea, a quien conocemos por el diálogo platónico. A pesar de estar tan distanciadas en el tiempo, ambas tienen en común que son voces que hablan desde la erótica y la sexualidad. ¿Qué vinculación cree que ha tenido la filosofía hecha por mujeres con la cuestión de la erótica?
Considero que la erótica o filosofía del amor es una de las ramas clásicas de la filosofía, como lo son la metafísica, la epistemología y la lógica, entre otras.

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Cenar con Diotima, con Anna Pagés, de Herder Editorial.

Uno de los textos filosóficos más antiguos sobre este tema es El banquete, de Platón, y creo que es significativo que la teoría platónica del amor sea enunciada por una voz de la sabiduría femenina (como la denomina la filósofa Anna Pagés): Diotima de Mantinea. No son solo mujeres las que tratan filosóficamente sobre el amor y su campo semántico (sexualidad, erotismo, amistad, amor filial, amor propio…), ni el amor es el único tema del que escriben las pensadoras.

Recuerdo una línea de la filósofa Françoise Collin que decía que las mujeres pueden pensar y escribir sobre lo que quieran. Parece una obviedad, pero no lo es, porque responde a la esencialización del pensamiento y la escritura de las mujeres. Y de todos los temas que eligieron tratar, es un hecho que el tema del amor es una constante.

Ciertamente, el amor es multidimensional; esto es clave para entender la relación entre las mujeres y la erótica. Dos de estas dimensiones son el amor como el motor del conocimiento y como la fuerza cósmica que une los elementos para formar los objetos. Por tanto, el amor no tiene que ver exclusivamente con las emociones y los afectos.

La escritora Audre Lorde ve la erótica como un poder inherente en las mujeres al que debemos conectarnos para despertar espiritualmente. Las aportaciones son numerosísimas… La erótica fue invisibilizada porque el amor y la sexualidad no se veían como un tema con suficiente dignidad filosófica. Ahora sí, y desde el presente queremos hacer un ejercicio genealógico para recuperar las ideas de pensadoras que durante siglos reflexionaron acerca de ello.

Por último, ¿cree que estas «voces olvidadas» de la filosofía tienen hoy un suficiente reconocimiento en el ámbito académico o que todavía estamos a medio camino en el proceso de recuperación de sus obras y puntos de vista?
Sus «voces» fueron «olvidadas» por una falta de transmisión. En sus respectivos contextos históricos algunas filósofas fueron escuchadas, pero pasado el tiempo lo que nos llega de la mano de los hombres —que han escrito la historia— es la misma idea: fue mujer y pensó.

Raramente la tradición hegemónica occidental ha dedicado páginas a transmitir las ideas y aportaciones de estas mujeres, y por ello aún nos dedicamos a llenar de contenido estas páginas vacías. Tomando prestada la categoría de natalidad de Hannah Arendt aplicada a la historia, considero que cada momento es radicalmente único e irrepetible. Por tanto, creo que no estamos en el mismo punto que hace veinte o cuarenta años.

Los temas de género y de sexualidad ocupan un lugar relevante en la filosofía actual, y también en algunas aulas, cuando las profesoras nos encargamos de ensanchar los tiempos, los planes docentes y las mentes del alumnado, para hacerles un lugar. Pero seguimos sin filósofas en el temario de las pruebas de acceso a la universidad, seguimos teniendo que justificar su pertenencia al canon filosófico, seguimos recuperándolas en los márgenes… Y ya no están solo ellas. Las pensadoras no europeas y las filosofías no hegemónicas reclaman, con razón, su lugar.

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