Figura clave de la filosofía francesa del siglo pasado, Foucault dijo una vez de Gilles Deleuze (1925-1995) que «un día el siglo será deleuziano». Gran conocedor de la tradición filosófica, Deleuze es un pensador difícil de leer, pero fundamental para entender las derivas de la filosofía contemporánea. Analizamos una de sus obras filosóficas más importantes: Lógica del sentido.
Por Myriam Rodríguez del Real
Gilles Deleuze es considerado uno de los pensadores más importantes de principios del siglo XX. Nace en París, ciudad en la que residió toda su vida, donde trabajó como profesor y en la que, finalmente, se suicidó.
Deleuze recibe una gran influencia de pensadores como Hume, Bergson, Spinoza, Nietzsche y Foucault, quienes forman parte de su primera etapa, una etapa de revisión de la historia de la filosofía. Así, Deleuze no solo dedica su labor a la construcción de un corpus filosófico plagado de nuevos conceptos, de nuevas ideas, de creación, etc., sino que revisa también el pensamiento de autores de la historia de la filosofía en obras como El bergsonismo, Nietzsche y la filosofía, Foucault, Empirismo y subjetividad o Spinoza. Filosofía práctica.
Al final de su obra definirá la filosofía como creación de conceptos, siendo esto, a su vez, una suerte de crítica a la imagen de la filosofía como una herramienta de revisión histórica (lo que él hace en su primera etapa).
Lógica del sentido fue publicada en 1969, tras Diferencia y repetición, a modo de continuación de lo que el autor venía exponiendo y todavía sin alejarse del psicoanálisis. Es la segunda gran obra de Deleuze y una de las primeras escritas en nombre propio, es decir, donde se empieza a alejar de la revisión histórica per se y comienza a desarrollar su pensamiento. Un pensamiento que se dirigirá hacia la ontología, desde donde desarrollará también su estética y política.













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