Desde hace años, la uruguaya Magdalena Reyes compagina sus dos pasiones: la filosofía y la psicología. Además de ejercer como psicóloga clínica, participa en diferentes espacios dedicados a la filosofía con una capacidad siempre deseable de adaptación: ha dado clases en la Universidad Católica de Uruguay, dirige la columna Café filosófico en Del Sol FM y escribe semanalmente en El Observador. Después de haber leído, disfrutado y reseñado su último libro, Así está bien, ahora nos disponemos a comentar con ella su visión del resultado.

¿Qué puede esperar encontrarse un lector cuando abra su libro?
Soy de las personas que creen que los libros trascienden la voluntad o interés particular de su autor. En este sentido, creo que todo libro tiene vida propia. Como los hijos, ellos trascienden las expectativas de sus progenitores. Porque, aunque estos dejan una huella o impronta en cada una de sus creaciones, una vez dados a luz, tanto los libros como los hijos comienzan a forjarse su propia personalidad y camino vital. Por eso pienso que lo que se pueda encontrar en el recorrido de las páginas de Así está bien depende mucho más del lector que del libro. Porque las impresiones intelectuales y anímicas que plasmé en él van a resonar en forma diversa, dependiendo de la sensibilidad, expectativas, experiencias y necesidades de quien lo lea.
De todas maneras, confieso que me gustaría que los lectores puedan descubrir en sus páginas el extraordinario valor de la filosofía como medio para procurarnos una vida más buena y significativa. Que la filosofía no sólo nos enseña a nadar en el mar de la incertidumbre —en el que estamos siempre de alguna manera sumergidos—, sino también a hallar en ese mar (que tanta angustia e incomodidad nos genera) una oportunidad para el auténtico ejercicio de la libertad. Porque la filosofía nos hace más libres, y también más felices. De esto sí que no me cabe la menor duda.













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