La máxima más famosa de Sócrates era «conócete a ti mismo», y no es casual, pues para él el verdadero conocimiento empezaba en uno mismo. Consideraba que, sin ese paso inicial, todo lo demás era irrelevante, puesto que el conocerse íntimamente es el elemento principal para alcanzar el fin buscado por su filosofía: la sabiduría, que no es otra cosa que la suma de todas las demás virtudes juntas.
Empezar por uno mismo
Debemos saber quiénes somos para así conocer los errores propios, y de este modo, poder conocer también los ajenos. Una vez que alcancemos un conocimiento sólido y verdadero en torno a esa cuestión, entonces podremos empezar a centrarnos en las demás y en ayudar a nuestros congéneres, pero nunca antes, pues entonces nuestras enseñanzas serían vanas e inútiles. Es por todo esto que Sócrates considera que este primer paso —conocerse a uno mismo— es crucial.













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