Los hombres y mujeres son racionalmente iguales
La igualdad racional entre hombres y mujeres constituye el eje central del pensamiento de Mary Wollstonecraft y el fundamento desde el que articula el resto de sus reivindicaciones. Frente a la idea dominante en el siglo XVIII de que las mujeres eran naturalmente inferiores, Mary Wollstonecraft afirma con rotundidad que ambos sexos comparten la misma capacidad racional. La razón, entendida como facultad universal del ser humano, no distingue entre hombres y mujeres, por lo que cualquier jerarquía basada en el sexo carece de justificación filosófica.
Para Wollstonecraft, la aparente inferioridad intelectual femenina no es innata, sino el resultado directo de una educación deficiente y sesgada. Las mujeres no han sido formadas para pensar, sino para agradar; no para ejercer su juicio, sino para depender del de los hombres. Esta situación genera un círculo vicioso: la sociedad interpreta la falta de instrucción como prueba de inferioridad natural, cuando en realidad es consecuencia de una exclusión sistemática del acceso al conocimiento. Así, la desigualdad se presenta como natural cuando es profundamente social y política.
Wollstonecraft conecta esta idea con la tradición ilustrada, que define al ser humano como un sujeto racional y moralmente responsable. Si las mujeres poseen razón, también deben poseer autonomía moral, lo que implica capacidad para tomar decisiones, educar a sus hijos, contribuir al bien común y participar activamente en la sociedad. Negarles esta posibilidad no solo las degrada a ellas, sino que empobrece a la comunidad entera.
Además, Wollstonecraft denuncia que tratar a las mujeres como seres irracionales las infantiliza y las convierte en dependientes, fomentando vicios como la frivolidad o la manipulación emocional. Paradójicamente, la sociedad critica luego esos comportamientos sin reconocer que son fruto del sistema educativo que ella misma impone.
En definitiva, la afirmación de la igualdad racional que propone no es un principio nada abstracto, sino una exigencia radical: si mujeres y hombres son igualmente racionales, deben ser igualmente educados, respetados y considerados sujetos plenos de derechos y deberes. Desde esta premisa, Wollstonecraft desmonta las bases filosóficas de la subordinación femenina.
Frente a la idea dominante en el siglo XVIII de que las mujeres eran naturalmente inferiores, Mary Wollstonecraft afirma con rotundidad que ambos sexos comparten la misma capacidad racional
El papel de la educación
Wollstonecraft (1759 y 1797) vive la Revolución francesa (1789) de primera mano, así como los principales debates que se dan en ella. Entre ellos, uno de los fundamentales ronda en torno a la educación y es propuesto por Rousseau, una de las grandes voces de la modernidad. Rousseau está proponiendo una reforma educativa profunda para abordar los problemas sociales, pero Wollstonecraft le critica que está haciendo distinciones entre hombres y mujeres que no atiende a su universalidad racional.
Su apuesta por la educación como base de la emancipación femenina y la crítica a la educación sentimental y ornamental que se le da a las mujeres son las dos caras de la misma moneda. Ambos explican cómo se produce y se perpetúa la subordinación de las mujeres en la sociedad moderna. Para Wollstonecraft, la educación no es un ámbito neutro, sino el principal instrumento mediante el cual se construyen los roles de género y se legitiman las desigualdades.













Deja un comentario