Natalia Strok es doctora en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA), investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), docente de Historia de la Filosofía Medieval en la UBA y profesora de Metafísica en la Universidad Nacional de La Plata, todo en Argentina.
Comenzó estudiando Biología, pero la abandonó y empezó a estudiar Filosofía. Una vez en la carrera, se fascinó con el neoplatonismo y eso la llevó a dedicarse al estudio de Escoto de Eriúgena, un filósofo neoplatónico de la Edad Media. El año pasado publicó una traducción del Tratado sobre la eterna e inmutable moralidad, del neoplatónico de Cambridge Ralph Cudworth.
Además, Strok encuentra inspiración en los libros y series animadas que ve con sus hijos. Hace unos años fue coautora de un artículo sobre el alma y el cuerpo en Harry Potter, y, recientemente, trabajó con la problemática del tiempo y el espacio en Avatar, desde la filosofía de Plotino y Agustín de Hipona. Hoy nos encontramos con ella para hablar sobre Anne Conway y Damaris Cudword, dos filósofas neoplatónicas del siglo XVII.
En este último tiempo se ha dedicado a estudiar a filósofas del siglo XVII. ¿Cómo llegó a ellas?
Mi tesis de licenciatura en Filosofía fue sobre Juan Escoto Eriúgena, que fue mi primer amor en la filosofía. Luego, para el doctorado, me empecé a mover desde la Edad Media hacia la Modernidad, porque me encontré con la recepción de Eriúgena en la historiografía filosófica alemana de los siglos XVIII y XIX, que fueron las primeras historias de la filosofía que existieron.













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