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Revista FILOSOFÍA&CO | Número 16

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F+ Necropolítica: lo que ha revelado el virus

En tiempos de reclusión generalizada, creación de fronteras donde ya se las había abolido, cierre de espacios aéreos y una avalancha de muertos diseminada por todo el planeta, resulta muy esclarecedor volver al pensamiento de Achille Mbembe, el filósofo camerunés, que acuñó el concepto de necropolítica, entendiéndola como una técnica característica del capitalismo globalizado.

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El filósofo camerunés Mbembe acuñó el concepto de necropolítica: la idea de que «la última expresión de la soberanía reside en el poder y en la capacidad de decidir quién puede vivir y quién puede morir».
El filósofo camerunés Mbembe acuñó el concepto de necropolítica: la idea de que «la última expresión de la soberanía reside en el poder y en la capacidad de decidir quién puede vivir y quién puede morir». Imagen de Tom en Pixabay.

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Para muchos se trata sólo de un pensador postcolonial, quien hace una deconstrucción del discurso eurocéntrico y aboga por la recuperación de una memoria no victimista que, alejada del resentimiento y el deseo de venganza, contribuya a sanar las heridas de la explotación y, sobre todo, de la esclavitud en el continente africano. Y, sin duda, lo es, pero relegarlo exclusivamente a un examen del pasado es una forma cómoda de evitar el malestar que producen sus reflexiones si se las aplica a la realidad actual. Es cierto que sus trabajos sobre cuestiones «recientes» se refieren al exterminio nazi, al apartheid en Sudáfrica, a lo sumo, a las políticas de ajuste y expulsión que se ensayaron entre israelíes y palestinos a partir de mediados de los años 70 o en el continente africano desde los 90.

Sin embargo, está claro —y él mismo lo reconoce— que tales estrategias hoy se extienden por todas partes y parecen haber adquirido una dimensión planetaria. Así se entiende en América, donde existe una amplia población indígena que ha sido sojuzgada desde la época de la conquista por el gobierno tanto de los colonos como de los criollos y, además, hoy sufre el yugo de las mafias. Más concretamente, en México se cree que las ideas de Mbembe son esenciales para comprender el asesinato y desaparición de personas, así como los feminicidios y, en general, la violencia de género. Y es por ese motivo que los estudios sobre biopolítica y necropolítica han prosperado allí.

Relegar a Mbembe exclusivamente a un examen del pasado es una forma cómoda de evitar el malestar que producen sus reflexiones si se las aplica a la realidad actual

Necropolítica, de Mbembe (Melusina).
Necropolítica, de Mbembe (Melusina).

Según Mbembe, el capitalismo primitivo, el que va desde el siglo XV hasta la revolución industrial, cuando aparecieron las máquinas, no podría haber funcionado sin el recurso a la esclavitud. La mano de obra gratuita permitía obtener las materias primas para su posterior elaboración, de modo que el esclavo constituía un simple instrumento de trabajo en las minas o plantaciones y, a la vez, era una mercancía, puesto que podía venderse al mejor postor en el mercado. De este modo, el sistema de producción adquirió una función genética: se basaba en razas que, al mismo tiempo, eran clases sociales, introduciendo entre ellas un factor natural de desigualdad. Las políticas occidentales de división de clases necesariamente debieron acompañarse de racismo, porque la diferencia étnica facilitaba la atribución de inhumanidad a los pueblos extranjeros a los cuales se quería avasallar, permitiendo que el otro apareciese como sombra o enemigo del pueblo opresor. Finalmente, esas costumbres coloniales o imperiales generaron lo que Mbembe llama un «devenir negro del mundo», que culminó en una falta de distinción entre el ser humano, la cosa y la mercancía. Hoy en día cualquiera puede ser víctima de semejante equiparación con independencia de su raza, aunque es evidente que el ansia de beneficio se ensaña sobre todo con los vulnerables, con aquellos que resultan poco visibles y se encuentran más expuestos a caer en cualquier clase de sumisión, por ejemplo, los pobres, los niños, las mujeres, los enfermos y los ancianos.

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