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Revista FILOSOFÍA&CO | Número 15

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F+ Cómo vivir en el nihilismo

Se ha dicho de nuestra época que es nihilista, una época en la que no hay nada en lo que creer, en la que no hay grandes valores o ideas que guíen nuestra vida. ¿Cómo vivir así? ¿Cómo andar sin un mapa que nos oriente? ¿Es que acaso se puede vivir en el nihilismo?

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A veces pensamos en el nihilismo como algo sombrío que nos atrapa, pero detrás de estas concepciones pesimistas hay toda una forma de entenderlo que nos permite vivir una vida plena en una época nihilista. Imagen generada con inteligencia artificial (Microsoft Bing-Dall-E 3; 21 de marzo de 2024).
A veces pensamos en el nihilismo como algo sombrío que nos atrapa, pero detrás de estas concepciones pesimistas hay toda una forma de entenderlo que nos permite vivir una vida plena en una época nihilista. Imagen generada con inteligencia artificial (Microsoft Bing-Dall-E 3; 21 de marzo de 2024).

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Breve historia del nihilismo

Nihilismo, por Javier Correa Román (Libros de FILOSOFÍA&CO).
Nihilismo, de Javier Correa Román (Libros de FILOSOFÍA&CO).

La palabra «nihilismo» tiene su origen en el vocablo nihil, que en latín significa «nada». Añadiendo el sufijo «-ismo», la palabra nihilismo alude etimológicamente a la postura o doctrina de la nada. Así, atendiendo a este significado, el nihilista es aquella persona que cree en la nada o, dicho de forma parecida, pero no igual, aquella persona que no cree en ningún principio.

La palabra «nihilista» tiene un largo recorrido histórico. Ya en el siglo V, San Agustín acusaba de nihilistas a los incrédulos, a los no creyentes en la fe cristiana. San Agustín usa la palabra «nihilista» en un sentido radicalmente etimológico: nihilista es aquel que no cree en nada. En un contexto de ubicua religiosidad, el santo de Hipona identifica a los ateos y creyentes de otra religión con los nihilistas. Allí donde Dios es el Absoluto, el Infinito, el Bien, los no creyentes son los adoradores de la Nada, los nihilistas.

Avancemos 1 300 años, del siglo V al XVIII. Tras unos siglos de uso minoritario, el término «nihilista» vuelve a cobrar cierta relevancia intelectual en la Francia de la Revolución francesa. En ese contexto histórico, el adjetivo «nihilista» se usaba para designar a las personas que no estaban ni a favor ni en contra de la Revolución. Al igual que en la antigua Grecia «idiota» era el que no se preocupaba de los asuntos públicos, en el ocaso del Antiguo Régimen, en la Francia rayana en la modernidad, nihilista era aquella persona que no se posicionaba ante los acontecimientos políticos del momento.

A pesar de estos usos religiosos y políticos, tendremos que esperar unas décadas para que el término «nihilista» adquiera un uso filosófico. Este uso se dio en el marco del idealismo alemán y en las discusiones entre los distintos filósofos de la época, a finales del siglo XVIII y principios del XIX. En concreto, fue el filósofo Jacobi el que acusó a Fichte de «nihilista» por su idealismo del Yo.

Arthur Schopenhauer (1788-1860) constituye el pistoletazo de salida para la carrera que experimentará el nihilismo dentro de la filosofía contemporánea. Tanto él como los autores rusos serán una influencia fundamental en el filósofo del nihilismo por antonomasia: Friedrich Nietzsche (1844-1900). Con Schopenhauer, el nihilismo experimenta un salto cualitativo al adquirir un cariz más metafísico. Concretamente, hay que entender este salto dentro de la filosofía pesimista del filósofo alemán, que postula que la vida humana es sufrimiento y —y aquí viene el acercamiento nihilista— que este sufrimiento no tiene ningún sentido.

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