Son tiempos raros. Quizá, por no ser ligeramente imprecisos o lingüísticamente vagos, podemos decir que son tiempos convulsos. Muy convulsos. Nuestro tiempo corre más rápido que nunca, se desboca, pero —y a la vez— aparecen más y más obstáculos en su carrera vertiginosa al futuro: la pandemia, una guerra en Europa, la crisis ecológica, el auge de la extrema derecha…
Esta tensión temporal es una tensión que recorre todo nuestro planeta y parece ser consustancial a nuestra época. Es una tensión, además, que no nos deja indemnes y que se manifiesta en nuestros cuerpos como un profundo malestar, como un dolor lacerante. No sabemos qué, pero algo nos pasa, algo nos duele.
Este dolor, cree el filósofo Paul B. Preciado, es una señal de lo nuevo, un síntoma de que el sinsentido del mundo no ha colonizado todo el espacio y de que, en alguna parte de nuestros cuerpos, empiezan a brotar las semillas de otros futuros posibles. Nos duele el mundo porque todavía tenemos un cuerpo que no ha sido fagocitado por completo, porque todavía tenemos unos sueños que no han sido devorados, porque todavía tenemos, en fin, una vida por la que podemos y queremos pelear. Nos duele el mundo porque queremos vivir.
Son tiempos convulsos. Nuestro tiempo corre más rápido que nunca, se desboca, pero aparecen más y más obstáculos en su carrera vertiginosa al futuro. Esta tensión temporal recorre todo nuestro planeta y parece ser consustancial a nuestra época
Comprender el mundo en su conjunto
Esta es la tesis de Paul B. Preciado, probablemente el filósofo más internacional en habla hispana, en su libro Dysphoria Mundi. En él, Preciado pretende hacer un desplazamiento filosófico de la noción de disforia (usada en el discurso médico —como «disforia de género»— para catalogar a todas las personas disidentes con el género con el que han sido asignados al nacer). «¿Y si la ‘disforia de género’ no fuera una enfermedad mental, sino una inadecuación política y estética de nuestras formas de subjetivación en relación con el régimen normativo de la diferencia sexual y de género?», se pregunta Preciado en el libro.
Así, el objetivo del libro es «desplazar y resignificar esta noción de disforia para comprender la situación del mundo contemporáneo en su conjunto, la brecha epistemológica y política, la tensión entre las fuerzas emancipadoras y las resistencias conservadoras que caracterizan nuestro presente».
El cambio es notable: no son los individuos los que tienen disforia (y mucho menos por su género asignado), sino que «la condición planetaria epistémico-política contemporánea es una disforia generalizada. Dysphoria Mundi».
Dysphoria mundi es un libro asombroso por muchísimos motivos. Quizá el más importante es que constituye una de las lecturas más lúcidas de nuestro presente y, por esto mismo, una de las luces más necesarias para alumbrar nuestro futuro. En sus más de quinientas páginas, Preciado diagnostica con una delicadeza apabullante las entrañas de nuestro tiempo.
Pero, además, el libro es una rareza comparada con los libros seriados que copan nuestro mercado editorial. Es un libro escrito durante la crisis del covid-19 y se caracteriza por la multiformidad: está compuesto por ensayo filosófico, poesía, escritura autobiográfica y otros géneros más difícilmente clasificables. Es un libro, en fin, necesario para localizar las brechas de nuestro presente y alumbrar las posibilidades de otros porvenires. Es, como ha dicho la célebre filósofa Judith Butler, una «obra monumental».
Javier Correa Román (Madrid, 1995) es doctor en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid. Redactor de FILOSOFÍA&CO, es autor de cinco libros, los últimos publicados: Estética y Emancipación. Hacia una teoría del arte de lo común (2021), Micropolítica del amor. Deseo, capitalismo y patriarcado (2024), y, en Libros de FILOSOFÍA&CO, Arte en la era digital (2023) y Nihilismo (2025). Es librero de malaletra.

















Deja un comentario