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La portada muestra una mano introduciendo una papeleta en una urna, como en unas elecciones democráticas. Bajo la imagen, el título del dosier: "DEMOCRACIAS. Grietas y rutas de una idea irrenunciable, por Carmen Madorrán". El fondo es de un azul verdoso, de textura como si fuera una moqueta. La "urna" es una construcción de tablas de colores azul oscuro, amarillo y rojo. Hay personas a su alrededor, entre las tablas y empujando las tablas, construyendo la urna y caminando sobre ella. La mano que introduce la papeleta es de color negro, con una manga blanca.

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NÚMERO 9

Dosier

Democracias

Grietas y rutas de una idea irrenunciable

Dosier — La culpa

F+ El capitalismo para Walter Benjamin: culpa y culto religioso

El capitalismo, nos dice el filósofo Walter Benjamin, es una fuente inagotable de generar culpabilidad. La culpa, la condición pseudorreligiosa del sistema económico y su absolutización en forma de paradigma neoliberal generan una gran infelicidad en el sujeto.

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Aunque la culpa es un concepto que asociamos al cristianismo, la culpabilidad adquiere una nueva dimensión en el capitalismo. Abordamos el análisis brillante de Walter Benjamin. Diseño a partir de imagen generada por Inteligencia Artificial Dall-E 3, el 29 de mayo de 2024.

Aunque la culpa es un concepto que asociamos al cristianismo, la culpabilidad adquiere una nueva dimensión en el capitalismo. Abordamos el análisis de Walter Benjamin. Diseño a partir de imagen generada por Inteligencia Artificial Dall-E 3, el 29 de mayo de 2024.

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El trono vacío de Tukulti

En el año 1230 a. C, el tirano asirio Tukulti-Ninurta I mandó construir un altar de piedra completamente distinto a cualquier otro esculpido con anterioridad. En la parte frontal del bajorrelieve, Tukulti aparece representado en dos posiciones sucesivas: la primera vez está de pie, mientras se acerca al trono de su dios; la segunda lo vemos de rodillas, sosteniendo un cetro y vestido con la túnica de flecos que todavía llevaban sus sucesores neoasirios.

Podemos reconstruir el movimiento con la mirada gracias a la composición cinematográfica del cuadro. Aunque no fuera común, a nadie le hubiera sorprendido ver representado al monarca rezando, con sus dos manos perfectamente juntas, puesto que los reyes asirios podían reconocer su propia humildad ante los dioses. Lo extraño aquí es ver a Tukulti arrodillado, en una postura miserable, casi abyecta, impropia de un rey.

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